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domingo, 12 julio 2026

Una marcha silenciosa abre los homenajes por los diez años del atentado yihadista de Niza

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Por Alonso Rosales

Los actos conmemorativos por el décimo aniversario del atentado yihadista perpetrado en Niza en 2016 iniciaron este domingo con una emotiva marcha silenciosa a lo largo del emblemático Paseo de los Ingleses, escenario de la tragedia que dejó 86 personas fallecidas y más de 400 heridas.

Cerca de un millar de participantes, entre ellos familiares de las víctimas, sobrevivientes, autoridades locales y ciudadanos, recorrieron el mismo trayecto que hace una década fue marcado por el terror, cuando un camión embistió a la multitud que celebraba la Fiesta Nacional de Francia. El recorrido se desarrolló en un ambiente solemne, cargado de memoria y recogimiento, bajo estrictas medidas de seguridad y con el paseo cerrado al tránsito.

Durante la caminata, los asistentes realizaron varias paradas simbólicas para rendir homenaje a las víctimas. Uno de los momentos más significativos tuvo lugar frente a la escultura “El ángel de la bahía”, donde se depositaron coronas de flores. Posteriormente, los participantes colocaron rosas como gesto de recuerdo y respeto.

Sin embargo, más allá del homenaje, el atentado de Niza se inscribe en un contexto histórico y político más amplio que marcó profundamente a Francia y a Europa en la última década. El ataque ocurrió el 14 de julio de 2016, apenas ocho meses después de los atentados coordinados del 13 de noviembre de 2015 en París, que dejaron 130 muertos. Ambos hechos confirmaron que Francia se había convertido en uno de los principales objetivos del terrorismo yihadista en Occidente.

En ese período, Europa enfrentaba una oleada de atentados inspirados o reivindicados por organizaciones como el autodenominado Estado Islámico, en un contexto de conflictos en Medio Oriente, particularmente en Siria e Irak, y de creciente radicalización de individuos dentro del propio territorio europeo. El atentado de Niza evidenció un cambio en las tácticas terroristas: el uso de medios simples —como vehículos— para causar el mayor número de víctimas, dificultando su prevención por parte de las fuerzas de seguridad.

Políticamente, el ataque reforzó el debate sobre seguridad, inmigración e integración en Francia. El entonces gobierno amplió el estado de emergencia, fortaleció las medidas antiterroristas y aumentó la vigilancia en espacios públicos. Estas decisiones generaron tensiones entre la necesidad de garantizar la seguridad y la preservación de las libertades civiles, un dilema que continúa vigente en la política europea.

Asimismo, el atentado influyó en el ascenso de discursos más duros en materia de seguridad y control migratorio dentro del espectro político francés y europeo, alimentando el crecimiento de fuerzas políticas que abogan por políticas más restrictivas. Al mismo tiempo, puso en evidencia los desafíos de integración social en sectores vulnerables, donde fenómenos como la exclusión, la marginalidad y la radicalización se entrelazan en contextos complejos.

Durante la marcha, representantes de asociaciones de víctimas destacaron la importancia de estos actos no solo para honrar a los fallecidos, sino también para mantener viva la memoria colectiva frente a los riesgos del olvido. “Es una forma de recordar que no estamos solos”, expresó uno de los organizadores, subrayando el valor de la solidaridad en este tipo de conmemoraciones.

Los homenajes continuarán el lunes con una ceremonia interreligiosa, reflejo también de la diversidad cultural y religiosa de Francia, y como símbolo de unidad frente al extremismo. El acto central se llevará a cabo el martes 14 de julio, coincidiendo con la Fiesta Nacional francesa. El presidente Emmanuel Macron encabezará la ceremonia oficial, que incluirá un concierto y un espectáculo de drones.

El momento más simbólico de la jornada será a las 22:34, hora exacta en la que comenzó el atentado en 2016, cuando 86 haces de luz iluminarán el paseo marítimo, uno por cada víctima mortal.

A diez años del ataque, Francia no solo recuerda a sus víctimas, sino que también continúa enfrentando las consecuencias políticas, sociales y de seguridad derivadas del terrorismo. Las asociaciones de víctimas siguen desempeñando un papel clave en la preservación de la memoria, la exigencia de justicia y el acompañamiento a quienes aún enfrentan las secuelas físicas y emocionales de aquel día, en una sociedad que busca equilibrio entre seguridad, libertad y cohesión social.

Fuente , EFE AFP

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