Por Alonso Rosales
La tensión entre Estados Unidos y España alcanzó uno de sus puntos más altos durante la reciente cumbre de la OTAN en Ankara, marcada por amenazas comerciales, diferencias estratégicas y un cruce de declaraciones entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez. Sin embargo, el cierre del encuentro dejó un tono más moderado y abrió una ventana de relativa distensión.
Durante la cumbre, Trump arremetió contra España por su negativa a elevar el gasto militar al 5 % del PIB y por no autorizar el uso de bases conjuntas en operaciones vinculadas al conflicto con Irán. “España es un socio terrible”, declaró, sugiriendo incluso suspender el comercio bilateral. Estas afirmaciones generaron inquietud en los mercados y tensaron aún más la relación transatlántica.

La respuesta de Pedro Sánchez fue firme. El mandatario español defendió que su país “es un socio fiable” que cumple con los compromisos de la OTAN, destacando que España ya supera el 2 % del PIB en defensa. Además, subrayó que las decisiones sobre bases militares responden a una estrategia de evitar una escalada bélica mayor en Medio Oriente. Desde Madrid, calificaron las declaraciones de Trump como “impropias” y reiteraron que la relación bilateral sigue siendo sólida.
No obstante, al finalizar la cumbre, el tono cambió. Trump declaró ante la prensa que “todo salió bien” y que las diferencias con aliados europeos, incluida España, “pueden resolverse con diálogo”. Este giro fue interpretado como un intento de rebajar la tensión tras el impacto político y económico de sus declaraciones iniciales.
En la declaración final de la OTAN, los líderes reafirmaron su compromiso con la defensa colectiva, el fortalecimiento del gasto militar progresivo y la cooperación estratégica frente a amenazas globales. Aunque no se fijó el objetivo del 5 % exigido por Washington, sí se reiteró la importancia de aumentar las capacidades defensivas de manera sostenida.

Otro punto polémico fue la insistencia de Trump en que Groenlandia debería estar bajo administración estadounidense, reavivando una antigua propuesta. La primera ministra de Noruega respondió tajantemente que ese territorio autónomo “no está en venta” y forma parte de su soberanía, cerrando cualquier posibilidad de negociación.
Analistas internacionales coinciden en que la cumbre reflejó tensiones estructurales en la alianza. Para el politólogo europeo Klaus Richter, “Estados Unidos busca redefinir el equilibrio de poder dentro de la OTAN, presionando a sus aliados con herramientas económicas y militares”. Por su parte, la analista transatlántica María Gómez señala que “España ha optado por una postura de autonomía estratégica, lo que la coloca en una posición incómoda frente a Washington, pero alineada con una parte de Europa”.
En términos económicos, una ruptura comercial total sigue siendo improbable debido al marco de la Unión Europea, que centraliza la política comercial. Sin embargo, las amenazas evidencian un deterioro significativo en las relaciones políticas que podría afectar inversiones, cadenas de suministro y cooperación energética.
Así, la cumbre de Ankara deja un balance mixto: tensión elevada, diferencias sin resolver, pero también señales de pragmatismo que evitan, por ahora, una escalada mayor entre Washington y Madrid.
Fuentes: Reuters, AP, France 24, Bloomberg, El País, Financial Times.


