Zarko Pinkas |
I
Aunque entierre el pasado
debajo de toneladas de piedra,
esa sombra sobrevive,
viene a mí y me acecha.
Soy un demonio perseguido
por los devenires del destino,
miro al cielo prohibido
como un cadáver perdido.
Las campanas de la noche
doblan dentro de mi cabeza,
y en cada rincón del viento
reconozco su presencia.
II
Esperando una respuesta
frente a mi oxidada puerta,
solo veo aquella sombra
que detrás de mí despierta.
Nunca he sabido limpiar
la sangre de mis pecados,
aunque rece de rodillas
mis huesos siguen manchados.
La lluvia golpea el vidrio
como dedos del averno,
mientras mi nombre se pudre
en las criptas del invierno.
III
Quise arrancarme la culpa
hundiendo mis manos al lodo,
pero la sombra reía
desde el fondo de mi rostro.
Hundiendo sus negras uñas
dentro de mi pecho abierto,
bebiendo todos mis días
como un cuervo sobre muertos.
No existe fuego bendito
que consuma mi condena,
ni salmo capaz de abrir
las cadenas de esta pena.
IV
Ahora camino en silencio
bajo eclipses de ceniza,
con la sombra respirando
sobre mi espalda marchita.
Y aunque llegue el último día,
el Omega o el Alfa primero,
sé que ella vendrá conmigo
hasta el reino del infierno.
Descenderemos unidos
a los círculos del Hades,
donde Dante dio a los traidores
su corona de miserables.
Porque incluso entre las llamas,
cuando todo sea olvido,
mi sombra seguirá viva…
y caminará conmigo.


