por Alonso Rosales, poeta
Necesito sentir tu piel de luna clara,
como brisa que roza mi noche callada,
como fuego que enciende la voz que dispara
un susurro escondido en tu forma adorada.
Que tu aliento se quede temblando en mi boca,
como un verso que insiste en latir sin razón,
y en la curva del tiempo tu esencia me invoca
a perderme despacio en tu dulce canción.
Eres llama y silencio, misterio y ternura,
una danza de sombras que invita a soñar,
y en tu pecho se anida mi fiel locura
como un eco infinito que quiere brotar.
No hay distancia que borre la luz de tu rastro,
ni un instante que apague este fiel resplandor,
porque en cada latido dibujas un astro
que ilumina mis dudas con tono de amor.
Déjame recorrer la tibieza que habita
en la línea sutil de tu forma de miel,
donde el tiempo se inclina, respira y palpita
al compás de tu nombre tatuado en mi piel.
Eres canto secreto, latido constante,
una noche encendida en mi despertar,
y en tus manos descubro lo más fascinante:
ese mundo infinito que quiero habitar.
Si tus ojos me miran, el mundo se inclina,
si tus labios me rozan, el aire se enciende,
y en tu abrazo la vida se vuelve divina,
como un sueño profundo que nunca se pierde.
Necesito sentirte sin prisa ni miedo,
como lluvia que besa la tierra al caer,
y quedarme en el borde sutil de tu credo,
donde el alma se atreve por fin a querer.
Porque tú eres la forma más pura y sincera
de ese anhelo guardado que quiere nacer,
y en la calma infinita de tu primavera
necesito sentir, simplemente, tu piel.


