Sergio Reyes |
En 1979 terminé el tercer ciclo y en 1980 inicié bachillerato, donde tuve que dar más atención a los libros y cuadernos, pues aparte de que me costaba concentrarme, tenía que tomar una decisión sobre qué rumbo seguir, al final de esos 3 años.
A finales de diciembre de 1980 mi papá decidió llevar a sus tres hijos mayores, Chamba, yo enmedio, y Marta, a Guadalajara donde mi tía Marta, en prevención de posibles sucesos sociopolíticos en nuestro país. Fueron tres días de viaje en bus.

Antes de irnos, el día 8 se conoció una noticia que afectó al mundo no sólo de la música, sino al mundo en sí: John Lennon había sido asesinado. En esa época, sólo conocía a John, por los muñequitos que salían en la tele y por alguna canción, como la que ponía la vecina porque la gustaba a su niño, la que dice “pipip, pipip, yeah!”.

En las radios comenzaba a sonar su álbum recién publicado, Double Fantasy (1980) y con este suceso, se multiplicó la escucha del primer sencillo, (Just Like) Starting Over.
John Lennon se había retirado de la música en 1975, con el objetivo de ver crecer a su recién nacido hijo Sean y retomar su relación con Julian. Durante ese tiempo, John había aprendido a navegar e hizo un viaje a las Islas Bermudas, con su familia y una pequeña tripulación. Este viaje dio nueva confianza a John, por lo que comenzó a escribir canciones y a trabajar en demos antiguos.
Un día en una discoteca en Bermuda, mientras en el piso superior tocaban música disco, en el primer piso sonaba una canción, con unos sonidos vocales que le hicieron pensar: “Esta canción suena como la música de Yoko”, lo que dio a John el impulso para incorporar a su esposa en lo que sería Double Fantasy.
Con mis hermanos en Guadalajara, pronto identificamos estaciones de radio para continuar nuestra escucha musical y ahí, dentro de muchos artistas nuevos para nosotros, apareció un grupo que desconocíamos: The B-52’s con un tema que se salía de los cánones del pop de ese momento: Rock Lobster, que pertenece al primer álbum de la banda, llamado The B52´s (1979).

En la radio la presentaban como El rock de la Langosta, aunque la canción habla de una langosta con la que alguien se tropieza en una fiesta en la playa pero que parecía una roca.
El tema deriva en un alegre listado de especies marinas y es de donde surgían los sonidos vocales que impresionaron a John Lennon, ¡cuando escuchó Rock Lobster en su viaje por Las Bermudas!
Estábamos en Guadalajara cuando se dio la ofensiva de enero de 1981, pero regresamos a El Salvador a finales de febrero, para incorporarnos a la lucha con los cuadernos, porque el año escolar ya había iniciado y no lo queríamos perder.
En octubre de 1982 me gradué de Bachiller y habiendo elegido lo que no iba a estudiar y hacia donde iba a apuntar desde el enero siguiente, me quedaron un par de meses para “vagar”.
Así que crucé la calle y fui donde un amigo de la Colonia Magisterial, que está frente a la Colonia Zacamil, donde vivíamos. Conocí nuevos amigos en los partidos de fútbol que se hacían por las tardes en la zona que está en la parte de atrás de los edificios, espacio que de noche se transforma en parqueo para los vehículos de los habitantes del sector.
Ya que mis nuevos amigos iban a fiestas, surgieron las invitaciones y en algún momento decidí ir a ver cómo eran esos eventos de sábado que se anunciaban desde unos dos o tres días antes.
En esos días ya había dejado de reinar la música disco, a la cual no le agarré el paso, aunque sí quedó grabada en mi archivo mental, y tiene presencia en una sección de mi archivo físico. En mis primeros cassettes grabados de la radio hay temas disco.
Aparte de no haber sido invitado, no saber bailar era otra de las 3 razones por las que en mi adolescencia no asistí a fiestas, siendo la tercera razón la situación que ya se había complicado en el país y aún más para nosotros que vivíamos cerca de una zona policial, donde de repente podían pasar los muchachos tirando piezas de metal caliente impulsadas a gran velocidad, desde dispositivos elaborados por ellos.
En las fiestas, asumía un rol de espectador, para lo cual buscaba un lugar apartado desde donde observar, como alguien ajeno a los hechos, pero interesado en el evento.
Platicaba con algún amigo hasta que él encontraba con quien bailar y con algún desconocido en la misma situación de aislamiento. Todo por no haber aprendido a bailar, por no haberme interesado o por creer que no necesitaría hacerlo.
Sin esperarlo o desearlo, un sábado en una de esas fiestas, ya para finalizar, comenzó a sonar un tema que era diferente a los ritmos disco, pop, latino y tropical de la época, ritmos de los cuales llevaba dos horas atestiguando la agilidad y la destreza de las parejas en la ejecución de movimientos, mientras yo servía de puntal a una pared.

Apareció de repente un rock hecho por un grupo de muchachos que machacaban sus instrumentos, ellos vestidos en un estilo juvenil y sin compromiso, ellas luciendo peinados a la altura máxima que daba el brazo mecánico del secador de pelo, en plena confirmación de que la época de los trajes y vestidos abrillantados, uniformes de satín con pantalón acampanado, camisas de amplios cuellos y mangas vueludas, tacones exagerados o los disfraces de marinero, cherokee, motociclista o vaquero, a pelo en pecho, había pasado.
¡Eran The B52’s quienes habían llegado a mi rescate!


