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martes, 2 junio 2026

El hierro se vuelve utopía: MUPI inaugura espacio dedicado al Quijote y Sancho de Alfredo Melara Farfán

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Zarko Pinkas-Ramírez |

Con la presencia de la embajadora de España, Sonia Álvarez, familia del artista , miembros del Museo de la Palabra y la Imagen y amantes del arte, se abrió un espacio donde el metal forjado por un mecánico salvadoreño encarna uno de los símbolos universales de la lucha y la esperanza.


La tarde del 4 de marzo de 2026 no fue una inauguración cualquiera. Fue, más bien, un acto de resonancia cultural: el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) abrió un espacio permanente dedicado a Don Quijote de la Mancha, con las esculturas en hierro forjado del artista salvadoreño Alfredo Melara Farfán, donadas por su familia. Entre los asistentes destacó la presencia de la embajadora de España en El Salvador, Sonia Álvarez, en un gesto que subrayó el puente histórico entre la obra de Cervantes y la memoria cultural salvadoreña.

Alfredo Melara Farfán (1911-2000), originario de Atiquizaya, Ahuachapán, no provenía de academias ni salones ilustrados. Fue mecánico automotriz, trabajador del hierro, hombre de taller. Y sin embargo, con sus manos acostumbradas a las herramientas industriales, desarrolló una obra capaz de dialogar con la literatura más universal. Desde piezas recicladas, láminas y engranajes, forjó la figura del caballero que se enfrenta a molinos que otros llaman realidad.

El Quijote —considerado el libro más leído del mundo después de la Biblia— no es solo un personaje literario: es la encarnación de la utopía, del idealismo que se niega a claudicar. Es la lucha contra lo imposible, la dignidad de creer incluso cuando el mundo se burla. En el metal ensamblado por Melara Farfán, esa lucha adquiere peso, textura y sombra.

A su lado, Sancho Panza aparece como contrapunto necesario: la racionalidad frente al delirio luminoso, la tierra frente al cielo, la prudencia frente al impulso heroico. Ambos, montados en sus figuras metálicas, no son solo esculturas; son una metáfora permanente de la tensión humana entre el sueño y la realidad.

En cada soldadura, en cada pliegue del hierro, palpita la ética del trabajo manual transformada en arte. Melara no solo representó a Don Quijote: lo recreó desde la experiencia salvadoreña, desde el oficio, desde la materia reciclada que se convierte en símbolo. Hizo del metal una narrativa.

El nuevo espacio del MUPI no se limita a rendir homenaje a un clásico de Miguel de Cervantes Saavedra. Dialoga con la misión del museo: preservar la memoria como acto de resistencia cultural. Porque, al final, enfrentar gigantes —sean molinos, injusticias o olvidos— es también un gesto quijotesco.

En el jardín del museo, bajo la luz y entre árboles, el caballero de la triste figura ya no cabalga solo. Cabalga ahora en hierro salvadoreño, sostenido por la memoria y la palabra.

Melara no solo representó a Don Quijote: lo recreó desde la experiencia salvadoreña, desde el oficio, desde la materia reciclada que se convierte en símbolo. |

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Zarko Pinkas-Ramírez
Zarko Pinkas-Ramírez
Periodista y publicista chileno. Egresado de Magíster en Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y licenciatura en Periodismo y Comunicaciones de la Universidad Centroamericana, José Simeón Cañas.

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