Por Alonso Rosales
Cada 1 de diciembre recobramos la atención pública sobre el VIH/SIDA. En 2024–2025 los informes internacionales muestran que, aunque se mantienen logros importantes en tratamiento y supervivencia, la epidemia sigue activa y en algunos lugares vuelve a encender señales de alarma: hay nuevas infecciones y desigualdades que requieren actuación urgente por parte de los ministerios de salud y los gobiernos. A continuación, un panorama con datos verificables y recomendaciones concretas para frenar la transmisión en El Salvador y en el mundo.
Panorama global en cifras (lo esencial)
Personas que viven con VIH: al cierre de 2024 había aproximadamente 40.8 millones de personas con VIH en el mundo. La carga sigue concentrada en la Región Africana, pero la epidemia es global.
Nuevas infecciones y muertes: en 2024 se estimaron 1.3 millones de personas que adquirieron el VIH y 630 000 muertes por causas relacionadas con el VIH. Aunque la mortalidad ha caído mucho desde los picos del pasado, estas cifras evidencian que la transmisión continúa ocurriendo a gran escala.
Distribución por sexo y edades: en 2024, el 45% de las nuevas infecciones ocurrieron entre mujeres y niñas (todas las edades). A nivel de edad, los y las jóvenes de 15–24 años siguen siendo un grupo con alta incidencia: semanalmente miles de adolescentes y jóvenes —en particular mujeres jóvenes en algunas regiones— se infectan. Estas tendencias subrayan desigualdades por sexo, edad y región.
¿Por qué suena la alarma en los noticieros?
En 2025 varios medios y reportes internacionales han alertado sobre retrocesos derivados de recortes de financiamiento y limitaciones en programas de prevención —lo que puede traducirse en aumentos regionales de nuevas infecciones— y sobre el estancamiento en la expansión de herramientas preventivas (por ejemplo, acceso desigual a PrEP). Esa mezcla de factores explica por qué la situación volvió a figurar como “alarma” en la prensa y entre especialistas. (Ver análisis sobre impactos de recortes en programas internacionales).
¿Cómo está El Salvador? (datos disponibles)
- Personas que viven con VIH (estimado nacional): informes y perfiles administrativos citan cifras del orden de ~23 000 personas con VIH (todas las edades, estimaciones recientes basadas en datos de UNAIDS/Spectrum).
- Prevalencia y cobertura de tratamiento: fuentes institucionales (CDC/UNAIDS y bases de datos internacionales) reportan una prevalencia de adultos (15–49) alrededor de 0.4–0.5% en años recientes; el número de personas en tratamiento antirretroviral documentado supera las 15 000 en registros públicos, aunque la cobertura completa y el acceso oportuno aún presentan brechas.
- Tendencias por sexo y región en la región: los análisis para América Latina muestran un aumento de muertes atribuibles al SIDA entre mujeres en países como El Salvador, y señales de estancamiento o incremento en nuevas infecciones en subgrupos poblacionales (hombres que tienen sexo con hombres, mujeres jóvenes y poblaciones trans), lo que exige respuestas focalizadas.
Nota metodológica: los números nacionales provienen de estimaciones interinstitucionales (UNAIDS/WHO/Spectrum, y reportes regionales). Las cifras exactas (prevalencia puntual, número en tratamiento) pueden variar ligeramente según la fuente y la actualización anual de los modelos.
Grupos y rangos de edad que preocupan más
Adolescentes y jóvenes (15–24 años): siguen siendo uno de los grupos más vulnerables por comportamientos de riesgo, desigualdades de género, falta de información sexual integral y menor acceso a servicios de prevención y PrEP. A nivel global, las infecciones entre mujeres jóvenes son especialmente elevadas en regiones como África subsahariana, pero en Latinoamérica la dinámica muestra aumentos en jóvenes hombres y en poblaciones clave.
Hombres que tienen sexo con hombres (HSH) y personas trans: en América Latina continúan concentrándose una proporción elevada de nuevas infecciones; en muchos países las nuevas infecciones aumentaron entre HSH. Esto también se observa en análisis regionales que ubican a HSH y personas trans como poblaciones con riesgo desproporcionado.
Mayores de 50 años: aunque la atención suele centrarse en jóvenes, se han detectado también nuevas infecciones en grupos mayores; esto subraya la necesidad de mantener campañas inclusivas por edad.
Diferencias por sexo
Globalmente la participación de mujeres y niñas en las nuevas infecciones fue del ~45% en 2024; en regiones específicas (p. ej. África subsahariana) las mujeres representan la mayoría de las nuevas infecciones. En contraste, en la mayoría de las otras regiones, la mayoría de nuevas infecciones ocurrieron entre hombres y niños. Estas diferencias marcan la necesidad de respuestas sensibles al género en cada contexto.
Qué deben hacer los ministerios de salud y los gobiernos
A continuación, medidas priorizadas —con evidencia de efectividad— que deben implementar y financiar con urgencia:
- Escalar pruebas y diagnóstico temprano
- Pruebas comunitarias, ofertas en atención primaria y campañas que normalicen la prueba (incluidas pruebas autoadministradas), con resultados rápidos y enlace inmediato a tratamiento.
- Garantizar y ampliar el acceso al tratamiento antirretroviral (TAR)
- Suministro ininterrumpido de TAR, eliminación de barreras administrativas, y expansión de modelos comunitarios de entrega para mantener la supresión viral (prevención de transmisión).
- Priorizar prevención combinada
- Condones (gratuitos y accesibles), programas de reducción de daño donde corresponda (inyección de drogas), y PrEP para personas en riesgo alto (parejas serodiscordantes, HSH, personas trans, trabajadoras sexuales).
- Intervenciones dirigidas a jóvenes
- Educación sexual integral desde la escuela y en espacios comunitarios, servicios amigables para jóvenes, y campañas digitales dirigidas a 15–24 años.
- Protección de derechos y reducción del estigma
- Leyes y políticas que protejan a poblaciones clave, campañas contra el estigma que faciliten el acceso a servicios y reduzcan la discriminación en centros de salud.
- Vigilancia y uso de datos
- Fortalecer la vigilancia epidemiológica (desagregada por edad, sexo y población clave) para detectar brotes locales y responder con rapidez.
- Financiamiento sostenible
- Diversificar las fuentes de financiamiento (nacional, municipal, cooperación y alianzas público-privadas) para evitar la dependencia externa que puede generar interrupciones peligrosas. Informes recientes muestran que recortes internacionales de fondos pueden revertir avances.
- Alianzas comunitarias
- Financiar y empoderar a organizaciones comunitarias y de personas que viven con VIH; su liderazgo mejora la cobertura de prevención y tratamiento en poblaciones difíciles de alcanzar.
Los datos mundiales nos recuerdan dos cosas: (1) el VIH no es una enfermedad del pasado; sigue transmitiéndose en todas las regiones; (2) las herramientas para detenerlo existen —pruebas, tratamiento que suprime la carga viral, PrEP y educación— pero requieren inversión sostenida, políticas no discriminatorias y esfuerzos focalizados en jóvenes y poblaciones clave. Para El Salvador, mantener y ampliar la cobertura de diagnóstico y tratamiento, priorizar la prevención entre jóvenes y poblaciones en riesgo, y asegurar financiamiento estable, son pasos ineludibles para evitar que la “alarma” se convierta en un retroceso en los logros sanitarios.
Fuentes principales consultadas: Organización Mundial de la Salud (WHO) — hoja informativa y estadísticas sobre VIH/SIDA; UNAIDS — fact sheet y actualizaciones regionales; informes regionales de PAHO/UNAIDS; perfil país y datos de El Salvador (UNAIDS/CDC/WHO).


