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jueves, 4 junio 2026

Los dedos y las plumas de Roque

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Por Zarko Pinkas

Nadie sabía quién había pagado la investigación. Solo que un sobre anónimo, lleno de billetes arrugados, había llegado a la oficina de Saturnino Cruz, detective privado, especializado en casos extraños: desaparición de gallinas, robo de ataúdes, maridos huidos. Lo de ahora era distinto:
—Encuentre al desgraciado que le está robando las partes a la estatua de Roque Dalton —decía la nota, sin firma.

Saturnino aceptó el caso. No por el dinero, sino porque le gustaba la idea de interrogar a un poeta. Viajó a la Universidad Nacional, armado con su libreta, una lupa de latón y una tabla de ouija que había comprado en el mercado de Antiguo Cuscatlán, entre muñecas usadas y ollas de peltre.

Llegó de noche. El campus estaba vacío, apenas iluminado por lámparas tristes. Se sentó frente a la estatua de Roque, que parecía mirarlo con burla de bronce.

Foto: Zarko Pinkas Ramírez.

—Bueno, Roque —dijo Saturnino, colocando la ouija sobre una banca—. Necesito que me digás quién te está robando.

Puso los dedos en el puntero. Este se movió solo, lento, dibujando letras:
H-O-L-A.

Saturnino tragó saliva.
—Hola… ¿usted es Roque Dalton?

¿QUIÉN MÁS?

—Pues mire, la cosa es que le han robado un dedo, las gafas y hasta el libro que tenía en la mano. Me contrataron para resolver esto.

NO ME EXTRAÑA. ESTE PAÍS LE PUEDEN DAR BAJE  HASTA SUS MUERTOS.

Saturnino rió nervioso.
—Entonces, ¿quién fue? ¿Los estudiantes?

NO. LOS ESTUDIANTES ME ESCRIBEN GRAFITIS. ELLOS NO ME DESARMARÍAN, ME CITAN EN SUS TESIS.

Foto: Zarko Pinkas Ramírez.

—¿Y los administrativos?

NO TIENEN TIEMPO, ESTÁN HACIENDO TRÁMITES ETERNOS.

El puntero se detuvo. Luego empezó a moverse con rapidez, como si Roque estuviera impaciente:
SON UNOS MAPACHES.

Saturnino parpadeó.
—¿Mapaches? ¿Está seguro?

MAPACHES. LADRONES PROFESIONALES. UNO SE LLAMA PAOLÍN, OTRO LUNA.

El detective anotó los nombres.
—¿Y qué hacen con sus partes?

LAS VENDEN EN EL MERCADO NEGRO DE ARTE. UN DEDO DE POETA VALE LO MISMO QUE UNA PLACA CONMEMORATIVA.

Saturnino se quedó en silencio. La noche olía a hojas húmedas.

—Pero… ¿por qué no espantarlos usted mismo? —preguntó al fin.

El puntero se deslizó, lento, casi resignado:
PORQUE ESTOY HARTO DE SER ESTÁTUA. PREFIERO DESARMARME POCO A POCO, VOLVERME LEYENDA.

De pronto, algo crujió entre los arbustos. Saturnino alzó la linterna y vio dos pares de ojos brillantes. Los mapaches. Uno llevaba en la boca un trozo de bronce que parecía una oreja. El otro, sentado sobre la base de la estatua, lo miró con descaro.

Foto: Zarko Pinkas Ramírez.

Saturnino los siguió hasta una vieja alcantarilla, donde encontró un pequeño museo improvisado: dedos, gafas, placas, y hasta una boina que él juraría que la estatua nunca tuvo.

Al día siguiente, entregó su informe en un sobre igual de anónimo. Concluía:
“El robo fue cometido por una banda de mapaches coleccionistas de piezas de bronce. Recomiendo reforzar la vigilancia o aceptar que el poeta ha decidido migrar pieza por pieza al reino animal.”

Días después, la estatua amaneció sin cabeza. Saturnino sonrió al leer la noticia en el periódico. Recordó la última frase que Roque le había deletreado en la ouija antes de despedirse:

NO TE PREOCUPÉS, DETECTIVE. YO SIEMPRE HE PREFERIDO SER PELIGROSO ANTES QUE DECORATIVO.

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Zarko Pinkas-Ramírez
Zarko Pinkas-Ramírez
Periodista y publicista chileno. Egresado de Magíster en Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y licenciatura en Periodismo y Comunicaciones de la Universidad Centroamericana, José Simeón Cañas.

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