Por Juan José Dalton Pohl (poemas y fotos)
Levanto la cabeza con la seguridad de verte,
aunque temo que algún día te desvanezcas
en polvo, sin previo aviso.
Tu encanto, tan inmenso,
que construí mi realidad pensándote.
Eres algo más que una catedral,
o la idealización unánime de los amantes
del detalle;
representas la sombra en mi camino,
y el viento asmático del otoño.
También,
mi amor más grande,
mi refugio eterno.
Estoy condenado a verte siempre;
fue el trato con la vida,
un pacto silencioso que una primavera
firmé llorando.
Te dejo, pero no de ver,
te siento, pero no cerca.
No me olvides, mi princesa gótica,
que si te vas,
mis ojos perderían su memoria,
sin el faro de tu belleza.

Mi princesa gótica II
Te entiendo desde la distancia,
mas no te explico la colosal aprensión que me da
pensar que la renovación estatal de la plaza
—donde te apreciaba de cerca,
donde no cabías en mis ojos
y podía ver tus perfectas imperfecciones—
solo quedó en el pasado.
Maldita burocracia,
y su afán por lavar dinero
con las restauraciones eternas sin fecha de finalización.
¿No ven que matan el espíritu de cercanía y de amor?
No entienden que al cerrar la plaza central
todos aprendemos a vivir bajo la distancia
y levantamos la cabeza sin ganas
de ver los cercanos detalles,
por nuestra obsesión de ver lo inmenso
que tenemos a la lejanía.
Si tan solo el gobierno supiera lo que es amor,
no habría entregado la plaza a la oligarquía,
ni privatizado nuestra historia de amor.
Colonia, Alemania, 2025


