jueves, 12 de mayo del 2022
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Vidas paralelas: Luz y Odio, dos poetas

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Por Hans Alejandro Herrera

¿Qué tienen en común una poeta peruana que jamás recibió en vida un premio, y una poeta centroamericana laureada que acabó sus días viviendo sin timón y en el delirio? Que a las dos casi se las come el olvido. He aquí dos viajes en sentido contrario de dos mujeres que pudieron ser la misma.

ODIO: un auriga de jaspe

Eunice Odio (San José, ¿1919 o 1922?-México D.F. 1974). Sin mayor arraigo territorial, literario o político, la suya fue una vida que voló entre El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua, para luego migrar como todo centroamericano a México, además de una breve estancia en EE.UU.

A Eunice no le faltaron los premios. Tres poemarios: Los elementos terrestres (1948), Zona en territorio del alba (1953) y El tránsito de fuego (1959); el primero de ellos galardonado en Guatemala, por el Certamen Permanente Centroamericano 15 de septiembre. Entretanto, en 1957, envía por correo su obra maestra El tránsito de fuego, para participar en el Certamen de Cultura de El Salvador. Donde ganó el equivalente a la mitad del segundo premio y su publicación.

“Tú, querida, eres de la línea de los poetas que inventan una mitología propia, como Blake, como Saint-John Perse, como Ezra Pound; y están fregados porque nadie los entiende hasta que tienen años o aun siglos de muertos”, fue la pomposa sentencia de muerte que una vez le dijo Octavio Paz.

Opuesta a la mirada crítica de autores comprometidos con los movimientos de lucha, Odio volcó su atención a las revueltas dentro del Hombre. En vez de escribir sobre las aspiraciones políticas de los pueblos, ella se propuso desentrañar la compleja madeja de la lengua, como cuando en vez de resplandeciente prefiere resplandiciente. O su famosa creación del vocablo pluránimo, que como explica Eunice: “Si un poeta no es la suma de todas las ánimas, va mal”. Mientras que a sus compatriotas que no entendían a las vanguardias los llamó “costarrisibles”. Cosa que no sentó bien en el ego tico. Poco después, y ya establecida en México, cometerá el mayor pecado capital de un escritor de los 60s: se manifestará en contra del comunismo y de Fidel Castro. Entonces empezará su muerte social.

Homenaje a la poeta costarricense

El 23 de marzo de 1974 descubrirán su cadáver. Llevaba diez días muerta. Según Elena Poniatowska, que la conoció,  la encontraron muerta en la tina de su cuarto de baño. Para Elena Garro sería un asesinato. Su muerte jamás sería esclarecida. Llamada “agente de la CIA” por algunos escritores de izquierda resentidos con su postura anticastrista, era en cambio para poetas como el nicaragüense Carlos Martínez Rivas, “la mujer que siempre está en su casa”, o para Alfonso Reyes “la gran poeta de las Américas”. Para Miguel Ángel Asturias, Odio era: “Poesía vaga y concreta… versos que son casi nube, casi un cuento de hadas, o como dice aquella leyenda indígena, de una nube que encerraba piedras preciosas”.

En 1981 la escritora y compatriota de Eunice Odio, Rima de Vallbona, comenzó la labor de recuperar sus escritos en prosa. En 2001, Rima publicaría La palabra innumerable, un intento por ubicar su obra entre las más representativas del s. XX. Mientras quedan sus palabras: “Morir es simple; vivir, en cambio, es la complicación de la simplicidad que es creer hasta el fin”.

CARMEN LUZ: Se me desgaja la vida / en crudo

Carmen Luz Bejarano (Acarí, Arequipa, 1933- Lima 2001). El camino de Carmen Luz es un camino por el silencio. Sus orígenes se remontan a la recóndita Arequipa, en un pueblo rural que podría ser un Macondo o Comala andino. No fue hasta que en 1960, cuando su camino de poeta empezó, participó y llegó a ser finalista del primer certamen de Poeta joven del Perú, con su libro Abril y lejanía.  Ahí empezaría su largo camino de poeta sin premio. En 1985 participó con su única novela, El cuarto de los trebejos, en la Bienal de Literatura Gaviota roja, la cual tampoco ganó. Apenas alcanzó a ser la sexta finalista con una novela excepcional para su época. Poco después participó en el premio de poesía José Gálvez Barrenechea, organizado por la Gran Logia Masónica, dónde otra vez quedó como finalista.

Entretanto una familia. Un marido y dos hijas. Trabajó como bibliotecaria, profesora de Historia del Arte y Literatura. Y no solo eso, en 1984 participó en la película La ciudad y los perros, adaptación de la novela de Vargas Llosa, en la que interpretó un breve papel como la madre de El esclavo, y según se sabe, también en un cortometraje perdido de Mario Bellatin. Y en medio, 18 poemarios.

Mientras la suerte de los premios le era ajena, su obra y ella misma empezaban a viajar. Fue especial su relación con Finlandia. El compositor fines Timo-Juhani Kyllönen compuso temas a partir de poemas de Carmen Luz: canciones para coros mixtos, op. 6 (1984), ciclo de dos canciones op. 6 (1985), sembradora op. 17 (1987), entre muchas otras. Por su parte el compositor fines Kaj Chydenius compuso a partir de poemas de Carmen Luz hasta 15 canciones para canto y piano.

Carmen Luz Bejarano

El día de su muerte Finlandia le ofreció una liturgia en su honor en la Iglesia de San Enrique, entre los que asistió el esposo de la presidenta de la República, Tarja Halonen, quien no pudo asistir por una cumbre de la Unión Europea.

20 años después de su deceso, la escritora, editora y agente literaria italo peruana, Kareen Spano Klein, redescubriría la obra de Carmen Luz, todo a partir de su única novela: El cuarto de los trebejos. En palabras de Kareen, “esta es una novela que puedes abrir en cualquier parte y encontrar poesía ¡En una novela!”. Kareen Spano, en pleno año de la pandemia, lanzaría el libro a un concurso de financiamiento del Ministerio de Cultura del Perú, el cual ganaría. La primera vez que Carmen Luz ganaría.

Es curiosa la suerte de los poetas, en vida puede que no ganen nada, pero a veces, cuando caen en los ojos correctos son capaces de lograrlo todo. Pero hacen falta más lectores para que los escritores tengan futuro. Porque nadie sabe para que ojos escribe.

SERÁS EL QUE VE/ si descifras/ lo que no dice/ el agua/ el  viento/ el ave/ los astros/ y / aun aquello/ que no guarda secretos. CARMEN LUZ BEJARANO.

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Hans Alejandro Herrera
Consultor editorial y periodista cultural, enfocado a autoras latinoamericanas, Chesterton y Bolaño. Colaborador de ContraPunto
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