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lunes, 26 de julio del 2021

Vida real & vida ficticia

No sé si se han puesto a reflexionar en cómo replicamos los patrones cinematográficos casi de manera automática, y no solo en nuestra vida cotidiana, (detalle alarmante) sino que también en nuestros rituales culturales, donde se fragua la dinámica de la sociedad.

Imaginemos que los primeros meses del año están insertados en el guion de una película filmada en Hollywood cuyo argumento desconocemos, porque se va desenrollando en los diferentes medios de difusión masiva y es propalado, además, por íconos pop que, en sus versiones hechizas del Trópico, buscan someter a una población hundida en prácticas alienantes que no permiten el ejercicio del pensamiento crítico, mucho menos la formulación de preguntas trascendentales acerca del futuro. Las películas que vemos, las canciones que escuchamos y muchos de los libros que leemos son producidos por industrias foráneas cuyos intereses están centrados en incentivar el consumo y en alterar el orden establecido, modificando patrones culturales que, en sociedades del Tercer Mundo, se troquelan en conflictos que devienen en caos social.

Muchas personas a lo largo de décadas han sido receptáculos que abrazan piezas como Star Wars y las asumen como máximas morales. ¿Qué hacer en contra del Imperio? ¿Rebelarse y luego atenerse a las consecuencias de muerte y sumisión? Ese es un ejemplo de la mímesis social que encasqueta el futuro en una mercancía que se produce al norte del continente.

Piensen en el Joker y en América Latina.

¿Alguna coincidencia?

Y saben, tampoco sé si han reflexionado en los cuentos que nos contamos acerca de lo que sucedió en la Historia reciente de la región. Total, la versión oficial es que no hay una versión oficial mientras existan gritos de voces muertas en masacres y se siga celebrando el martirio y se conviertan en santos o en íconos baratos las vidas de personas valientes que se atrevieron a desafiar el orden establecido y tuvieron que pagar con la muerte su desacato y su descaro.

¿Han considerado la idea de alterar la supuesta paz discursiva en que vivimos y expresar con libertad cualquier pensamiento, queja, miedo, crítica, angustia incrustada en el corazón que se acelera cuando vas en un bus y te roban o cuando ves morir a una persona a manos de un sicario que acelera en su moto y escapa con sonrisa socarrona en el país de la impunidad? Sí, lo sé, lo han considerado y no les molesta que la pregunta sea tan larga, porque la pila de problemas sociales que debemos enfrentar en la vida real nos convierte en criaturas impotentes que se asoman lo más que pueden a la vida ficticia proyectada por Netflix o cualquier otro servidor de entretenimiento desde donde se construye el imaginario colectivo y, por tanto, las prácticas y rituales que reproducen artistas y espectadores. Si lo piensan, un método de control social efectivo para contener la efervescencia de un conglomerado humano que sufre las peores vejaciones.

Vida real y vida ficticia, eso hay que dilucidar. ¿Son los sueños ficción? ¿Es la realidad mentira? La vida es una amalgama de procesos, y puede que por lo que estoy a punto de decir se me acuse de pesimista y negativo, sin embargo, ojalá y pudiera ver un mundo, una región, un país mejor, pero lo que se palpa no da muestras de lo contrario: en los tres poderes del Estado nos gobiernan incapaces y criminales que juegan a ser los demiurgos de nuestro tiempo, nos educan farsantes y abusadores, nos entretienen íconos vacíos de espíritu y superfluos de contenido y se destruye la Naturaleza y hay guerras en todas partes y la moralidad humana es cada vez más oscura, más perversa, más podrida. Y es que no saben cómo quisiera equivocarme en esto que afirmo y si alguien de ustedes tiene evidencia de lo contrario, por favor, se los suplico, enséñenmelo y háganme creer en que todo irá bien, en que las cosas mejorarán y el talento y las capacidades serán más importantes que el tráfico de influencias y la manipulación. Mientras tanto, piensen conmigo qué película o serie de tevé debemos crear en la vida ficticia para cambiar los sucesos que nos asfixian en la vida real.

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