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domingo, 17 de octubre del 2021

Una lucha que también es de hombres

Entre las insignias de luchas y carteles, mujeres salvadoreñas exigieron al Estado y a la sociedad en general, el fin de la violencia contra las niñas y mujeres que se ejerce desde los hogares, los lugares públicos y los trabajos.

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William llegó a la marcha del Día Internacional de la Mujer con su pequeña hija. Recorrió las calles de la capital salvadoreña junto a cientos de mujeres porque quiere un futuro donde su hija pueda ser libre, independiente, plena y sin temor a ser mujer en un país que es considerado como uno de los más violentos a nivel mundial.

No le importó levantarse temprano, ni mucho menos las miradas extrañas de quien lo vieron como parte de una lucha que no es de él y que, culturalmente, no ha sido de hombres. Pero él dijo que “no es de ellos, no soy de esos hombres que no valoran a las mujeres y que solo las ven como objeto, porque creo en que la mujer tiene que ser libre de toda atadura de los hombres”, señaló.

Pero eso no lo entendió de la noche a la mañana. Lo entendió después de desaprender una cultura centrada en el patriarcado y reaprender una cultura de equidad. Lo comprendió cuando la Fundación Salvadoreña para la Aplicación del Derecho (FESPAD), para la cual labora desde hace 17 años, lo envió a varios talleres de género. A uno, a dos, a tres, a cuantos fueron necesarios para “cambiar su chip”, recordó.

“Hasta entonces entendí que el mayor reto de las mujeres, y de nosotros los hombres también, es eliminar el patriarcado, y luchar juntos por una sociedad sin violencia, sin matanza de mujeres”, explicó.

Mientras su hija sujetaba su mano, William enfatizó que no quiere que ella ni ninguna otra niña sienta miedo al salir a la calle, ese mismo que cientos de mujeres sienten hoy en día por la constante violencia sexual como piropos, señas y silbidos, que sufren al transitar por los espacios púbicos.

“Tanto nosotros como hombres y las mujeres, tenemos que cambiarles esa mentalidad a los niños desde que están pequeños, debemos educarlos y enseñarles que a las mujeres no se les toca, no se les irrespeta ni se les golpea. Mi hija sabe todo esto desde ya”, indicó.

Ricardo Navarro, de la organización ambientalista CESTA, concuerda con William. Llegó también a la multitudinaria marcha porque está seguro de que esta lucha no es de mujeres contra hombres, sino de liberación contra opresión, de una lucha elemental para reconocer los derechos de las mujeres al mismo nivel que el de los hombres.

“Los hombres no podemos dejar de reconocer la realidad, de no reconocer que no es justo que un sector esté siendo oprimido por otro sector, porque es lógico que a uno, como persona, no le gusta que lo repriman u opriman o que nos exploten, entonces yo igual no debo hacer eso mismo con nadie, independientemente si es mujer. Así tenemos que comenzar a educarnos”, acentuó.

Lea también: El Salvador aún le debe a las mujeres

Aunque El Salvador ha dado algunos avances en materia legal, Navarro sigue creyendo que aún falta mucho por avanzar en esta lucha. “Cuando vamos a la Asamblea la mayoría son hombres, cuando vemos a los dueños de las propiedades la mayoría también son hombres e incluso en las escuelas, la mayoría de los estudiantes son niños. Tenemos que luchar para darle un empoderamiento mayor a la mujer en todos los sectores de la sociedad”, agregó.

En El Salvador, solo 30 de cada 100 niñas logran llegar a la educación media, según estadísticas manejadas por la organización Plan Internacional. Mientras que, actualmente, solo 26 curules de la Asamblea Legislativa están ocupados por mujeres, de un total de 84 diputados.

Pese a datos como estos, la Asociación Nuevo Amanecer de El Salvador, una organización de la sociedad civil que promueven el desarrollo integral de las comunidades pobres y marginadas por la sociedad, considera que la gran esperanza es que las mujeres en el país ya están trabajando y luchando por su liberación.

“Si bien El Salvador lleva cierto retraso en el respeto a los derechos de las mujeres en comparación a otros países, todavía hay esperanza en su lucha”, apuntó uno de sus representantes durante la marcha.

Entre las insignias de luchas y carteles, las mujeres salvadoreñas exigieron al Estado y a la sociedad en general, el fin de la violencia contra las niñas y mujeres que se ejerce desde los hogares, los lugares públicos y los trabajos, así como la despenalización del aborto y un mayor compromiso con el respeto y la justicia por los derechos humanos de la población LGBTI.

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Eli Melara
periodista
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