Zarko Pinkas-Ramírez |
En un momento en que la inteligencia artificial ha dejado de limitarse a los ámbitos técnicos para incidir cada vez más en la forma en que las sociedades piensan, aprenden y se organizan, han comenzado a surgir voces que intentan interpretar este cambio desde una perspectiva más amplia. Más allá del uso instrumental de la tecnología, estas miradas buscan explorar sus implicaciones en términos de inteligencia, ética y desarrollo humano.
En ese cruce se sitúa el experto Sharon Gal-Or cuyo trabajo conecta innovación, educación y pensamiento sistémico. Con una trayectoria que combina invención creativa, construcción de ecosistemas y enfoque estratégico, su propuesta se orienta no solo al avance tecnológico, sino también a la manera en que las sociedades pueden adaptarse y transformarse en contextos de cambio acelerado.
A lo largo de esta conversación, Sharon Gal-Or expone una visión en la que la inteligencia artificial se entiende como una nueva capa de inteligencia, con el potencial de incidir en instituciones, procesos de aprendizaje y dinámicas de colaboración. Sus planteamientos, de carácter prospectivo, abren una reflexión sobre las oportunidades —y también las complejidades— que enfrenta un país como El Salvador en el contexto actual.
1. ¿Qué lo trajo a El Salvador y qué es lo que más le ha llamado la atención de su energía, dirección y potencial?
Lo que me trajo a El Salvador no fue solo un interés profesional, sino también la sensación de que aquí está ocurriendo algo importante. Hay países que se sienten atrapados en narrativas antiguas. El Salvador se siente como un país que está intentando reescribir su historia.
Lo que más me ha impresionado es la combinación de valentía, velocidad y posibilidad. Lo que más me ha impresionado es la combinación de valentía, velocidad y posibilidad. Hay una disposición visible a pensar distinto, a desafiar supuestos y a imaginar que la transformación sí es posible.
Para alguien como yo, que trabaja en la intersección entre educación, innovación y estrategia, eso importa mucho. El Salvador todavía está en una etapa temprana en muchas áreas, por supuesto, pero justamente allí también hay una fortaleza: todavía hay espacio no solo para adoptar ideas de otros, sino para construir modelos nuevos, más integrados, más humanos y más preparados para el futuro.
2. Desde su perspectiva, ¿qué hace a El Salvador particularmente interesante en este momento histórico en relación con la innovación y la inteligencia artificial?
El Salvador es interesante porque está en un momento poco común en el que la identidad nacional, el cambio institucional y la oportunidad tecnológica se están cruzando al mismo tiempo. Eso no sucede con frecuencia.
En muchos países, la IA todavía se trata como un asunto técnico, algo para ingenieros o grandes empresas. Pero en realidad, la IA se está convirtiendo en una nueva capa de inteligencia que afecta la educación, la productividad, la gobernanza, el emprendimiento e incluso la manera en que las sociedades imaginan su futuro.
Eso es lo que vuelve este momento especialmente importante. En El Salvador, esa conversación todavía se puede moldear. El ecosistema aún se está formando. Y eso crea responsabilidad, pero también una oportunidad enorme.
3. Usted suele describir la IA no simplemente como una herramienta, sino como una nueva capa de inteligencia que está transformando la sociedad. ¿Qué oportunidad crea eso para un país como El Salvador?
Si entendemos la IA solo como software, vamos a perder de vista la verdadera historia. El mayor error que podemos cometer es tratar un cambio civilizatorio como si fuera una simple actualización de software. La IA no es solo otra herramienta. Es una nueva capa de inteligencia que puede colocarse encima de los sistemas educativos, las empresas, las instituciones y el trabajo cotidiano.
Para un país como El Salvador, esto representa una oportunidad histórica. Significa que la inteligencia puede volverse más accesible en toda la sociedad: una pequeña empresa puede pensar de forma más estratégica, un docente puede diseñar con mayor creatividad, un estudiante puede aprender con más apoyo y las instituciones pueden coordinarse con mayor capacidad.
Pero esto no se trata solo de productividad. La preparación para la IA no es únicamente un tema educativo. Es un tema de competitividad nacional. La verdadera oportunidad es fortalecer la capacidad de un país para aprender, decidir, crear valor y posicionarse en un mundo que cambia con rapidez.
4. Si El Salvador decide avanzar con audacia y estrategia en la era de la IA, ¿dónde cree que podría construir una ventaja competitiva real?
Creo que El Salvador puede construir ventaja en varias dimensiones al mismo tiempo.
Primero, en educación y formación de talento. Un país que se mueva temprano para preparar a docentes, estudiantes, profesionales y servidores públicos para trabajar bien con IA puede acelerar su capacidad nacional mucho más rápido de lo que muchos imaginan.
Segundo, en adopción institucional ágil. Los países más pequeños a veces tienen una ventaja porque pueden coordinarse más rápido. Si El Salvador desarrolla capacidad práctica de IA en ministerios, municipios, universidades e industria, podría convertirse en un referente regional de implementación inteligente.
Tercero, en emprendimiento y construcción de ecosistema. La IA reduce barreras de entrada en muchos sectores. Eso significa que los países que cultivan talento, redes y colaboración estratégica pueden crear nuevas empresas y nuevas formas de valor sin necesidad de dominar los modelos industriales tradicionales.
Y hay otra dimensión especialmente importante para El Salvador: la soberanía energética. En un mundo impulsado por IA, el acceso a la inteligencia depende cada vez más del acceso a la energía. En la era de la IA, la soberanía energética se convierte en soberanía de inteligencia. La posición de El Salvador en el Cinturón de Fuego le da una oportunidad única para pensar estratégicamente la energía geotérmica no solo como recurso, sino como base de largo plazo para la soberanía digital y económica.
La clave no es copiar lo que hacen países más grandes. La clave es identificar en qué puede ser El Salvador más rápido, más integrado, más soberano y más valiente.
5. ¿Qué sectores de la economía salvadoreña considera que podrían transformarse más rápidamente con la IA y dónde ve el mayor valor a largo plazo?
Hay sectores que pueden moverse rápido y otros que concentran un valor más profundo en el largo plazo.
En el corto plazo, veo grandes oportunidades en educación, atención al cliente, mercadeo, comercio, logística, administración pública y productividad de las pymes. Son áreas donde la IA puede mejorar comunicación, planificación, capacitación, creación de contenido y apoyo a la toma de decisiones con relativa rapidez.
A largo plazo, el valor más importante probablemente estará en salud, agricultura, investigación, modernización industrial y fortalecimiento de la capacidad institucional. En esos sectores, la IA puede ayudar no solo a trabajar más rápido, sino a tomar mejores decisiones y construir sistemas más sólidos.
La pregunta real no es únicamente dónde la IA puede ahorrar tiempo, sino dónde puede ayudar a construir capacidad nacional, resiliencia y creación de valor sostenible.
6. Usted trabaja de cerca con estudiantes, docentes e instituciones. ¿Qué cree que debe cambiar hoy en la educación si queremos que los jóvenes piensen bien con IA y no solo la usen de forma mecánica?
La educación tiene que moverse de la memorización hacia el juicio, del consumo pasivo hacia la indagación activa, y del rendimiento aislado hacia la colaboración con sentido.
Pero agregaría algo más fundamental: la IA no debe tratarse como una materia más, ni mucho menos como un software adicional. Se está convirtiendo en parte de la nueva línea base para participar en la sociedad. Eso significa que el reto no es solo enseñar habilidades técnicas. También es construir lo que yo llamo capital digital: acceso, habilidades, apalancamiento social a través de redes y mentores, y reconocimiento institucional para que las capacidades digitales sean visibles, confiables y valoradas.
Para El Salvador y para América Latina, este es un momento histórico. Si invertimos no solo en infraestructura, sino también en educación en IA, inglés, redes sólidas y reconocimiento del talento digital, la región puede cerrar sus brechas de capital digital y emerger como un ecosistema de innovación mucho más fuerte. El futuro no estará definido solo por quién está conectado, sino por quién puede convertir la conexión en oportunidad.
7. Usted ha dicho que la IA puede generar respuestas, pero no necesariamente las preguntas correctas. ¿Por qué el arte de hacer preguntas se vuelve todavía más importante en la educación?
Porque en un mundo lleno de respuestas, la verdadera diferencia pasa a ser la dirección.
La IA puede producir enormes cantidades de contenido, pero no sabe automáticamente qué es lo más importante en cada contexto. La calidad del resultado sigue dependiendo en gran medida de la calidad de la pregunta, del encuadre, de la intención y del juicio humano que hay detrás.
Por eso suelo decir que el futuro no pertenece solo a quienes saben usar IA, sino a quienes saben pensar con ella. Hacer la pregunta correcta significa aclarar propósito, entender contexto, identificar supuestos y abrir nuevas rutas de pensamiento. Eso ya no es una habilidad secundaria. Se está convirtiendo en una ventaja humana central.
8. ¿Cuál es el mayor error que cometen los sistemas educativos cuando abordan la IA solo como una habilidad digital y no como un cambio más profundo en la forma de pensar?
El mayor error es reducir un cambio civilizatorio a una clase de software.
Cuando las instituciones tratan la IA solo como un complemento técnico, pueden enseñar a usar una plataforma, pero no preparan a los estudiantes para la transformación más amplia que ya está en marcha. La IA afecta cómo aprendemos, trabajamos, colaboramos, creamos, evaluamos la verdad y tomamos decisiones.
Por eso el desafío no es solo alfabetización digital. También es alfabetización epistemológica, ética y estratégica. No basta con preguntar cómo usar IA. También hay que preguntarse cómo pensar en un mundo donde la inteligencia se vuelve más fluida, más distribuida y más mediada por máquinas.
9. ¿Qué debería comenzar a hacer hoy una institución pública si quiere integrar la IA de forma seria, práctica y efectiva?
Primero, dejar de pensar solo en herramientas y empezar a pensar en capacidad.
Eso significa comenzar con personas, procesos y propósito. Una institución pública debe identificar dónde la IA puede ayudar a resolver problemas reales, mejorar servicios, apoyar decisiones o reducir fricciones operativas. Luego debe construir alfabetización interna, lanzar pilotos, definir principios éticos y desarrollar flujos de trabajo prácticos.
Las instituciones que más se beneficiarán de la IA no serán las que compren más software. Serán las que construyan una cultura interna más fuerte de aprendizaje, experimentación y responsabilidad.
10. ¿Qué diferencia una adopción superficial de IA de una adopción institucional verdaderamente transformadora?
La adopción superficial ocurre cuando una institución usa IA para tareas aisladas sin cambiar su capacidad de pensar o de operar. La adopción transformadora ocurre cuando la IA pasa a formar parte de la manera en que la institución aprende, se adapta, se coordina y entrega valor.
La diferencia está en si la IA se trata como decoración o como infraestructura.
Si una institución solo usa IA para generar contenido más rápido, puede ahorrar tiempo. Pero si la usa para fortalecer la planificación estratégica, el intercambio de conocimiento, la capacidad del personal, el diseño de servicios y la inteligencia institucional, entonces empieza la verdadera transformación.
11. Gran parte de su trabajo va más allá de formar individuos y se enfoca en conectar educación, emprendimiento, instituciones y estrategia nacional. ¿Cómo luce para usted un ecosistema sano de innovación?
Un ecosistema sano de innovación no es solo una colección de personas inteligentes. Es un sistema vivo de relaciones.
Incluye universidades conectadas con desafíos reales, emprendedores que pueden probar ideas, instituciones dispuestas a modernizarse, empresas listas para invertir en talento y líderes públicos que entienden que la innovación no es un tema secundario, sino una prioridad nacional.

En un ecosistema sano, el conocimiento fluye, la colaboración se vuelve natural y las instituciones no trabajan en aislamiento. El futuro pertenece a las sociedades que pueden conectar puntos y crear nuevos donde todavía no existen. Ese tipo de ecosistema no se construye solo con tecnología. Se construye con confianza, visión, coordinación y continuidad.
12. ¿Cuáles considera que son hoy las piezas que más faltan en el ecosistema de IA e innovación de El Salvador?
Hay talento, energía y un interés creciente. Pero todavía faltan varias piezas por fortalecer.
Una es la coordinación. Muchas personas e instituciones se están moviendo, pero a menudo en paralelo y no alineadas. Otra es la capacidad práctica. Aún existe una brecha entre hablar de IA y construir la capacidad humana e institucional para usarla bien. Y una tercera es el diseño de ecosistema a largo plazo, es decir, las estructuras, alianzas y plataformas que permiten que el conocimiento, la oportunidad y la implementación fluyan con mayor consistencia.
En otras palabras, la oportunidad es real, pero ahora necesita puentes más fuertes.
13. Usted ha usado la expresión “estado de excepción en innovación”. ¿Qué quiere decir con eso y por qué cree que este momento exige una urgencia inusual?
Uso esa expresión para comunicar urgencia. No pánico, sino urgencia.
Estamos entrando en un período en el que la inteligencia se vuelve más accesible, más rápida y más poderosa. Los países que entiendan esto a tiempo podrán elevar su educación, sus instituciones, su productividad y su competitividad. Los que se muevan demasiado lento corren el riesgo de ampliar la brecha entre su potencial y su capacidad real.
Pero también creo que este momento requiere más que pensamiento sistémico. Requiere lo que yo llamaría pensamiento extrasistémico. La IA es una innovación megadisruptiva, distinta a cualquier otra que la humanidad haya visto. No solo mejora procesos dentro de los sistemas existentes. También desafía los supuestos operativos que están debajo de esos sistemas.
Cuando cambian las reglas del mundo, la urgencia se convierte en responsabilidad. Y por eso también creo que la oportunidad más profunda de la IA no es la automatización. Es el rediseño. La pregunta real no es solo cómo optimizar los sistemas actuales, sino cómo repensar la educación, la gobernanza, la coordinación económica y el diseño institucional desde el nivel del sistema operativo.
14. ¿Cómo equilibra el entusiasmo por las posibilidades de la IA con la preocupación por sus riesgos y consecuencias no deseadas?
Creo que la madurez consiste en sostener ambas cosas al mismo tiempo.
Hay razones enormes para entusiasmarse. La IA puede ampliar el acceso al conocimiento, acelerar el aprendizaje, apoyar la creatividad y fortalecer la capacidad institucional. Pero también hay riesgos reales: pensamiento superficial, dependencia excesiva, sesgos, concentración de poder, disrupción laboral y erosión del juicio humano.
La respuesta no es ni optimismo ciego ni miedo ciego. Es compromiso responsable. Si nos volvemos más eficientes pero menos sabios, habremos entendido mal el progreso. Por eso la ética importa tanto. La ética no es un freno para la innovación. Es lo que permite que la innovación sea digna de confianza.
15. Usted suele conectar tecnología con ética, identidad y sentido. ¿Por qué cree que esas dimensiones suelen quedar fuera de las conversaciones públicas sobre IA?
Porque es más fácil hablar de herramientas que de personas.
Las conversaciones sobre tecnología suelen enfocarse en velocidad, automatización y eficiencia. Pero la IA también afecta identidad, confianza, poder, aprendizaje, relaciones y sentido. Cambia no solo lo que hacemos, sino cómo pensamos sobre nosotros mismos y nuestro lugar en el mundo.
Por eso creo que el propósito de la tecnología no es solo hacer que los sistemas sean más rápidos, sino que las sociedades sean más dignas. Si dejamos fuera la ética y el sentido, podemos volvernos más eficientes mientras nos volvemos menos sabios. La verdadera prueba de la IA no es solo lo que puede hacer, sino en qué nos ayuda a convertirnos.
16. ¿Cómo adapta marcos y metodologías de innovación a las realidades locales para que realmente funcionen en el contexto salvadoreño?
Empiezo escuchando. Cada país, institución y comunidad tiene sus propios ritmos, restricciones, aspiraciones y formas de inteligencia. Una metodología no debe importarse como un paquete rígido. Debe traducirse a la realidad local.
Eso significa entender lenguaje, incentivos, cultura institucional, brechas educativas y contexto social. También significa identificar fortalezas locales en lugar de asumir únicamente carencias.
La meta no es copiar un modelo de otro lugar. Es co-crear algo que funcione aquí, con la gente que está aquí.
17. ¿Qué fortalezas ve en la juventud salvadoreña que podrían convertirla en una gran protagonista de la era de la IA?
Veo apertura, adaptabilidad, creatividad y deseo de avanzar.
Los jóvenes suelen tener menos supuestos fijos sobre cómo deben hacerse las cosas. Eso puede ser una gran ventaja en tiempos de cambio rápido. Muchos tienen ganas de aprender, experimentar y construir caminos nuevos para sí mismos.
Lo que necesitan no es solo acceso a herramientas, sino acceso a mentoría, marcos, oportunidades y confianza. Cuando eso existe, los jóvenes pueden convertirse no solo en usuarios de tecnología, sino en creadores, líderes y solucionadores de problemas.
18. ¿Qué papel espera desempeñar personalmente en la trayectoria de innovación de El Salvador en los próximos años?
Espero desempeñar el papel de constructor de puentes, catalizador y capa de coordinación.
Una parte de mi trabajo consiste en ayudar a las personas a entender la IA de forma práctica. Pero otra parte consiste en conectar puntos que muchas veces están desconectados y, cuando hace falta, crear nuevos donde todavía no existen: entre educación e industria, entre instituciones e innovación, entre ética e implementación, entre talento local y oportunidad global.
En términos prácticos, diseño infraestructura de adopción de IA para El Salvador a través de tres capas: fluidez pública en IA, transformación institucional y coordinación de ecosistema.
En una versión más orientada al mercado, ayudo a universidades e instituciones en El Salvador a pasar de la curiosidad por la IA a la adopción práctica, la capacidad interna y el posicionamiento en innovación.
Y en su versión más estratégica, estoy construyendo la capa de coordinación entre educación en IA, asesoría institucional y diseño del ecosistema nacional de IA en El Salvador.
19. Si su trabajo aquí tiene éxito, ¿qué le gustaría ver de manera visible en El Salvador dentro de cinco o diez años?
Me gustaría ver un país donde la IA ya no sea algo que se discute solo en eventos aislados, sino algo integrado de manera significativa en la educación, las instituciones y la vida productiva.
Me gustaría ver docentes más empoderados, estudiantes más preparados para el futuro, instituciones más capaces, emprendedores más conectados y líderes más seguros para moldear la dirección del país en la era de la IA.
Pero más allá de eso, me gustaría ver más personas felices y saludables, y ver cómo la brecha socioeconómica y la brecha de capital digital empiezan a cerrarse. Porque al final, la tecnología debe ayudar a que las sociedades sean más inclusivas, más capaces y más dignas.
Sobre todo, me gustaría ver una cultura más fuerte de posibilidad, donde la innovación no se perciba como algo lejano o ajeno, sino como algo que los salvadoreños están construyendo por sí mismos.
20. ¿Qué mensaje les daría hoy a educadores, líderes institucionales, emprendedores y tomadores de decisión en El Salvador sobre la urgencia de este momento?
Mi mensaje sería simple: este no es un momento para mirar desde la orilla.
La era de la IA ya llegó. La pregunta no es si va a afectar la educación, el trabajo, las instituciones y la sociedad. La pregunta es si vamos a abordarla de forma pasiva o estratégica.
En un nivel más profundo, creo que la humanidad está transitando de viejos sistemas de poder hacia nuevos sistemas de significado. La próxima economía podría no construirse solo sobre el intercambio de valor, sino cada vez más sobre el intercambio de significado, confianza, coordinación e inteligencia. En ese mundo, los agentes de IA pueden convertirse no solo en herramientas de productividad, sino en fuerzas que transforman cómo las personas aprenden, colaboran y crean.
Por eso este momento exige liderazgo, valentía y coordinación. Los países que actúen con visión podrán crear un enorme valor, pero tienen que empezar ahora.


