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jueves, 28 de octubre del 2021

Un libro para enseñar a pensar

Era un dí­a domingo, por la tarde estuve conversando con una joven amiga, ex alumna de la Universidad de El Salvador, sobre la forma en que yo enseño a mis alumnos a pensar, sin dar clases, preguntando para poder identificar el conocimiento que tienen de la realidad y de las ciencias económicas, así­ como conocer su opinión personal sobre la forma de solucionar los problemas económicos de nuestro paí­s. Después de ir a dejarla a su casa, me encontré con dos amigas artistas de teatro que reflexionaban sobre la forma de utilizar las técnicas teatrales para ayudar a la gente a pensar sobre los derechos de la mujer y la lucha contra la delincuencia. Al llegar a mi casa me puse a escuchar música comprometida con la lucha social y después vi una pelí­cula por televisión en que relataba la forma en que actuó la alta dirección de una empresa quí­mica transnacional ante la emanación de gases venenosos en una planta instalada en las cercaní­as de un pueblo de la India.

Me acosté, como a las tres de la mañana desperté y me acordé que habí­a soñado con un libro que yo supuestamente habí­a escrito de una manera tal que el lector fuera pensando por si mismo, el libro describí­a escenarios o situaciones económicas en donde el lector debí­a de tomar una decisión que lo enrumbaba por un camino propio, pero que lo obligaba a continuar tomando decisiones para poder avanzar, esas decisiones eran muy importantes en su vida personal y  eran resultado de razonamientos lógicos aplicados a la realidad descrita, pero la cual se transformaba con las decisiones que tomaba el lector. En la semi-oscuridad de mi habitación, viendo un haz de luz que entra por la ventana proveniente de una luminaria instalada en la zona verde de la colonia, la cual se encuentra exactamente detrás de la casa en donde vivo, llegué rápidamente a la conclusión que el sueño no me decí­a nada nuevo, realmente se trataba de un juego de video que comenzaba cuando el operador levantaba la tapa de un libro de economí­a salvadoreña, en el fondo era una árbol de problemas que existen en nuestro paí­s y el operador se va enfrentando a ellos de acuerdo a las condiciones de recursos naturales y financieros, así­ como a la tecnologí­a disponible.

Cuando nuevamente desperté, me di cuenta que habí­a continuado soñando, pero ahora el lector del libro sabia que estaba metido en un juego de video y desesperadamente trataba de avanzar para finalizarlo y salir de esa situación tan extraña; el lector tomó la decisión de proponerle a la ANEP que aumentara el salario mí­nimo a trescientos dólares, pero en la página siguiente el libro describí­a de que yo estaba en un aula de la UES preguntando a mis alumnos,  “¿Por qué a los economistas nos interesan la forma en que funcionan las empresas?”.

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