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jueves, 29 de julio del 2021

Treinta y un años

“La soberbia es una discapacidad que puede afectar a pobres infelices
que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”.
José de San Martín.

Su Excelencia ha dejado escapar la valiosísima oportunidad para pasar a la historia como el hombre que consiguió la paz –la verdadera paz– en nuestro país, aprovechando que los partidos políticos ahora en la oposición, le sirvieron el triunfo electoral en bandeja de plata debido a sus decepcionantes desempeños en los últimos 30 años. Cansada de promesas no cumplidas, de corrupción y de gestiones que generaron expectativas pero que no las satisficieron, la población eligió al primer pelón que se les puso enfrente que les dijo lo que querían escuchar –y lo sigue haciendo– con un discurso belicista y plagado de mentiras, contradicciones y disparates, pero avasallador para una buena parte de la población.

La evolución de los acontecimientos demuestra que todos sus movimientos estaban fríamente calculados. Su introducción a la política a través de un partido que ingenuamente le abrió las puertas y que lo catapultó hasta donde se encuentra hoy. Pero sus sueños de gloria se vieron frustrados cuando se dio cuenta de que no contaban con él para la candidatura a la presidencia y construye una maquiavélica trama para que le expulsaran de ese partido y salir cabalgando en caballo blanco.  Esto alimentaba su ego y su sueño.

El siguiente movimiento era conseguir la candidatura a como diera lugar, sin importar si traicionaría sus principios y valores, por lo que finalmente accede a la presidencia valiéndose – de nuevo – de un partido con una ideología totalmente opuesta al anterior, sin reparar que también era un partido de “los mismos de siempre”. No le importó ni le sigue importando su alianza con ellos, mientras le sean útiles para sus aspiraciones de poder absoluto.

El resultado era predecible para todos, menos para los partidos políticos que pagaron muy caro lo que debían, también ciegos de soberbia, sin haber movido una sola neurona para darse cuenta de que algo andaba mal y que necesitaban reinventarse y despojarse del lastre que arrastraban desde hace mucho tiempo.  Hay que reconocer que para el triunfo de Su Excelencia en las elecciones se conjugaron también una astuta red de propaganda en redes sociales y su arremetida con todo aquello que no oliera a GNI (Gana-Nuevas Ideas) sean personas o instituciones públicas o privadas. Su actitud una vez en el poder ha dejado poco que destacar y mucho que temer. Todo aquel que tiene la valentía de criticar sus actos es inmediatamente etiquetado como uno más de “los mismos de siempre”, uno de sus caballitos de batalla. Y puede ser que por lo que escribo se me etiquete de esa forma, pero eso no me causa insomnio.

Ha pasado un año; un 20 por ciento de su período, y a estas alturas ya no podemos hablar solamente de los 20 años de Arena y de los 10 años del Frente. Ya son 31 años de desaciertos, y no temo equivocarme cuando aseguro que los próximos cuatro serán los peores de los 35 años, a menos que exista una clara rectificación de todo lo que el presidente está haciendo. Claro que para entonces, la culpa de todo será de “los mismos de siempre”, de la Fiscalía, de la Asamblea Legislativa, de la Sala de lo Constitucional, de la PDDH, de Human Rights Watch, de la UCA, del Colegio Médico y posiblemente de Factum, El Faro, el NY Times, el Washington Post  y muchos otros. En último casa también culpará a la población. Lo que me temo es que este soberbio personaje será uno más de “los mismos de siempre” y tal vez el peor. Es una confrontación histórica: Nayib Bukele vrs Resto del Mundo.

Así las cosas y ante la realidad estadística y la realidad social en la que estamos inmersos, tomo la opción de pertenecer al grupo de los que, según LPG Datos, desapruebo mucho, lo que significa que apruebo algo de lo que el presidente ha hecho hasta ahora. Mi disyuntiva ahora es que no sé dónde estaría mi opinión: si entre el 16.6 por ciento de los que aprueban algo o dentro de. 2.9 % de los que desaprueba mucho porque ambas opciones no son incompatibles.  Esto es una pequeña duda que tampoco me quita el sueño. Lo importante es que estoy dentro de una minoría, considerando que casi el 80 por ciento aprueba la gestión del presidente, cosa que tampoco nos quitará el sueño a todos aquellos que, sin pertenecer a determinada orientación partidista, nos tomamos el trabajo de informarnos debidamente por nuestros medios, sin seguir tendencias de las redes sociales ni propaganda y desinformación del gobierno.

Si. Orgullosamente pertenezco al reducido grupo en riesgo de extinción, que nos tomamos el trabajo de obtener la información necesaria para tomar decisiones propias y no dejar que otros piensen y decidan por nosotros. También pertenezco al 10 % de personas que conocemos la historia del país y no queremos que se repitan los dolorosos acontecimientos del pasado reciente.

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