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viernes, 15 de octubre del 2021

“Todo lo que se diga o no se diga, tendrá un costo político”: Cañas

¿Un panorama sombrío para 2020 en materia económica? No es descartable pensar en eso. La inversión pública y las remesas están creciendo menos, tal como lo señala ICEFI. Pero hay un componente más; entramos a un año preelectoral que puede comprimir más la economía local.

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Las elecciones legislativas y municipales están casi a la vuelta de la esquina; al menos los partidos políticos ya comenzaron a mover sus piezas. El 28 de febrero de 2021 se celebrarán los comicios para alcaldes y diputados y otros actores políticos. Nuevas Ideas (NI), el movimiento del presidente Nayib Bukele, aparentemente parte como favorito, al menos por el momento. También se mete en el juego Nuestro Tiempo, que en junio del año pasado, recibió la aprobación del Tribunal Supremo Electoral (TSE), para constituirse en partido político. Liderado por Johnny Wright, exdiputado de Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), busca desplazar como una nueva opción a los tricolores.

Frente a este escenario, el analista político, Roberto Cañas, considera que se está llegando a la ruptura de un marco político tradicional, que permitía que ARENA y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), se turnaran en el Ejecutivo. Pero además, se ha quebrado la dinámica de cómo se toman las decisiones más importantes en la Asamblea Legislativa.

¿Cuál es la tendencia o la dinámica ahora?

Generalmente y en la época de Mauricio Funes (2009-2014), fue arte y elocuente que el presidente convocaba a Casa Presidencial no a los jefes de fracción; convocaba al presidente del COENA y al secretario general del FMLN y en una sala de Casa Presidencial se resolvía lo que después se iba a votar en el pleno de la Asamblea. Hay que saber diferenciar estos conceptos; se elige fuera de la Asamblea Legislativa y se vota en la plenaria, esa era la forma en que se hacía la política parlamentaria.

En síntesis, otros tomaban las decisiones

Exacto, las dirigencias, las cúpulas de los partidos y grupos de poderes fácticos que también decidían. Hacían cuentas en la Asamblea y luego aparecía alguien que le decía a los diputados ¡Miren, ya no va a ser así!

La Constitución es clara al establecer que dos meses antes comienza la campaña dos meses antes de la elección y para alcaldes un mes, pero eso está fuera de la realidad. Y veamos que desde ya se están comiendo unos a otros dentro de los partidos políticos para ver quién será el candidato a diputado y quién para alcalde. Eso está a flor de piel y que no ha terminado 2019, cuando comience 2020 se alborotarán las células electorales en función de las candidaturas.

¿Cuáles son las señales en el campo político que se comenzarán a percibir este año?

Bueno, todo lo que se diga, o todo lo que no se diga; o todo lo que se haga o no se haga tendrá un costo político, porque en la memoria de la gente estará fresco; porque en un año a la gente no se le va a olvidar, aunque lamentablemente aquí hay un síndrome de pérdida de memoria de corto plazo y eso es real.

En un año preelectoral, los que aspiren a una candidatura, saben que lo que hagan o lo que no hagan tendrá sus consecuencias, por eso creo que serán muy cautelosos en todo el año, de no hacer nada que provoque un voto de castigo; eso es lo que va a dominar en el 2020 la esfera política en el país.

¿Se están cuidando los partidos políticos? Aunque hay decisiones que hacen pensar lo contrario, como por ejemplo el tema de subsidio, pensiones, agua.

Es que en un año político, los que aspiran a un cargo, saben que si dicen algo y no lo cumplen o hacen algo y no lo cumplen, pagarán con creces las consecuencias.

Interiormente en los partidos percibo que ya hay hervor en torno a las candidaturas y en lo externo, los partidos están ante la opinión pública, tratando de tener el menor costo político y a la vez, tratando de ganar el mayor capital político; esa será como una de las señales importantes.

Pero hay realidades que no se pueden pasar por alto. El tema de la seguridad pública y, no me estoy refiriendo solo a la disminución de los homicidios, quiero saber también si han bajado las extorsiones, los feminicidios, robos, hurtos, trata de personas y otras formas de violencia.

Yo creo que las personas si bien es cierto van a estar más atentas a su intención de voto un mes antes o quince días, todo abona a que esa decisión o intención de voto se consolide días antes de las elecciones. Insisto, el año político estará dominado por esa tendencia, a cometer errores lo menos posible para no tener costos políticos que les pasen la factura.

¿Mediáticamente, el Ejecutivo ha sabido sacar provecho, le puede servir cuando se avecinen las elecciones?

Todavía está por verse. En El Salvador, el paréntesis de Fin de Año es como un  borra todo; es decir, la realidad del país en el imaginario de la gente comienza a correr desde el primer día del año y que con gran dificultad comienza a despabilarse y darse cuenta que vuelve a la misma rutina. Ahora, el salvadoreño ve que es un Año Nuevo y las cosas siguen igual. Además, la física en un Gobierno funciona a la perfección: todo lo que sube tiene que bajar y eso significa que hay un desgaste desde que el Ejecutivo toma posesión del cargo; así que no es posible pensar que se mantenga ese nivel altísimo de aceptación o aprobación. Nadie es infalible y por tanto, es muy probable por ejemplo, si la delincuencia sigue golpeando con lo cotidiano, con los robos, asaltos, asesinatos y violencia en general y llegamos a medio año; no crece el empleo porque la matriz económica no da para que se abran espacios, entonces las personas a partir de su propia percepción van a interpretar la realidad y se preguntarán ¿En cuánto ha contribuido la gestión gubernamental en mi mejoría cotidiana, tengo mejor empleo, más ingresos, seguridad, todo está más barato? Si esos elementos son el telón de fondo y no varían posiblemente la tendencia de popularidad sea a la baja, porque la gente a caer en la cuenta que después de un año y medio y a las puertas de las elecciones en febrero de 2021, su realidad no ha cambiado fundamentalmente.

Las variables económicas del país obviamente influyen en el tema electoral

Esas variables macroeconómicas no pueden modificarse a corto plazo. Las estimaciones que se tienen es que la economía crecerá un “.3% con respecto al Producto Interno Bruto (PIB); el empleo informal es casi del 75% y eso no va a variar a corto plazo. Y el endeudamiento del país que ya alcanza casi el 75% del PIB, o sea realmente eso es impagable y a mi manera de ver, este Gobierno está obligado a ver cómo sale de ese problema y dejar de estarse endeudando más.

No sé si se piensa en renegociar la deuda en el 2020 o 2021 o que alguien la compre. Esa capacidad que ha tenido Nayib Bukele de ser un interlocutor, a lo mejor le sirva para explorar la posibilidad de buscar ayuda con China o Catar y que le ayuden a solventar el problema de la deuda pública; porque así como está actualmente, sencillamente es impagable.

¿Puede ocurrir una crisis social?

Hay que ver los disparadores. Qué es lo que puede gatillar una explosión social. Es de ver hasta donde se puede estirar el pago de la deuda.

Pero lo económico no se puede conectar con lo social. En este último tema se está creando un profundo malestar social. La gente está molesta porque no tiene empleo, está incómoda por los que se van a pensionar con montos miserables, los jóvenes tienen miedo y prefieren mejor buscar oportunidades en otros países y la migración que ha sido la gran válvula de escape y que está en veremos porque, si efectivamente se cierra esa válvula, pensemos ¿Cómo sería El Salvador con esos tres millones de compatriotas que vengan de regreso?

Yo estoy convencido de que la migración continuará, porque no tienen opción. Es más beneficioso irse del país que quedarse, a pesar del riesgo de morir en el intento, que lo atropelle la “bestia” (tren de mercancías que recorre miles de kilómetros desde el sur de México hasta la frontera estadounidense).

¿Es muy atrevido calcular cómo podría quedar la composición en la Asamblea?

Veamos el caso de ARENA y el FMLN. Son maquinarias electorales que han construido por años. No son institutos políticos, son partidos y ambos tienen un trabajo territorial con un nivel de organización más o menos sólido y que funcionan con base a coyunturas políticas. Pero alguien dirá ¿Pero eso no funcionó las elecciones presidenciales? Es que una elección presidencial no es igual a una de alcaldes y diputados; son totalmente diferentes y sería un error de apreciación pensar que hay similitud, porque el comportamiento político de los votantes es diferente.

El comportamiento del votante, en términos de alcaldes depende del candidato, el dinero y el caudal. Hay factores que no se pueden pasar por alto. Ahora, en el caso de Nuevas Ideas es difícil adelantar un juicio de lo que pueda obtener; es muy temprano. Yo lo plantearía de esta manera; Nuevas Ideas tiene que hacer un esfuerzo extraordinario para convertir su capital político en la campaña presidencial, en capital político para alcaldes y diputados y, depende de muchos factores. En lo local, en lo territorial pesa la figura de la persona y eso pasa porque el candidato en su localidad sea conocido, apreciado por la gente.

Las personas votan por el farmaceútico, o la señora que ha sido por siempre la directora de la escuela o por don fulano que presta pisto y después no lo cobra; esos son. Solo vea ese caso icónico con Will Salgado en San Miguel que corrió con todas las banderas, menos el FMLN y siempre ganó.

Repito, no es lo mismo correr en las elecciones para alcaldes y diputados 2021 con ese caudal que tuvo Nuevas Ideas en las presidenciales que en estos comicios. ¿Cuánto va a durar ese capital político acumulado de Nuevas Ideas en las elecciones de 2019 y que ganó en “vaca” a ARENA y al FMLN? Eso no se sabe.

¿No descartaría un pacto entre ARENA y el FMLN para impedir que Nuevas Ideas tenga al menos la mayoría simple (43 diputados) en la Asamblea?

Yo diría que todas las opciones en política están abiertas. En política nunca hay que decir nunca con una restricción: los principios. Pero cuando se hace sin principios, entonces se vale todo. Yo diría que un político considera todas las posibilidades; tiene un freno de mano que son sus valores y principios, ideologías; pero si se trata de elegir más diputados y tener más alcaldes, caer en un pragmatismo sin principios es una tentación a la que no se podrán resistir muchos y es una realidad que no la descartaría.

Te pueden sorprender y creo que ya se ha dado en la práctica, no firmada en papel, pero en aspectos coyunturales concretos han coincidido. Por eso no hay que descartar cualquier posibilidad y que no se pierda la capacidad de asombro, pues puede ocurrir que la ideología sea el pragmatismo sin principios la que domine y lo que pese más sea ganar curules.

Sin embargo, no hay que olvidar que si se pretende sacar al país adelante, significa tomar acuerdos de nación y este estira y encoge, va a dificultar los acuerdos básicos de país que tanto necesita El Salvador, como los indicadores económicos.

Cuántos salvadoreños toman en cuenta en su día a día la gravedad del estancamiento del crecimiento económico, falta de inversión que genera empleo de calidad.

Al final, lo que debería de primar es un acuerdo básico de país, insisto, que solucione los problemas de educación, salud, medio ambiente, entre otros.

Creo que esto será muy difícil porque los acuerdos absolutos en política son casi imposibles. Percibo un 2020 muy alborotado y es por el mismo desencanto de la población que no tiene empleo, pobreza y que hay un poco más de dos millones de salvadoreños en esa condición y el único programa social que se tienen son las remesas familiares, que es un poco menos que el Presupuesto General de la Nación.

¿Cuál será el elemento que generará una explosión social? Recordemos que la gente está incómoda con lo de las pensiones, el agua, falta de empleo; hay tantos elementos desencadenantes y que nadie desea en el país. ¿Puede ocurrir en el país? Sí, ¿Queremos que ocurra? No.

En el país hay un letargo de lucha social, cosa que no ocurre por ejemplo en Chile, en donde se desató un estallido social en donde los manifestantes pedían entre otros puntos un alza en las jubilaciones del 60% de los más pobres que supere el límite de la pobreza, que en Chile es de $217. Además exigían más viviendas sociales y un ingreso mínimo superior al ofrecido.

Al final, el presidente Sebastián Piñera, tuvo que ceder a varios de los reclamos de los manifestantes. Y es esa posibilidad, que el analista Roberto Cañas, no la desecha en su totalidad.

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Carlos Ramos
Periodista salvadoreño
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