Tercera y última parte
Gabriel Otero
2016
Polvo es el elemento en el que uno se convertirá para conformar la tierra, y la tierra junto al agua son los constitutivos esenciales para crear vida. Mucho aprendí, en el transcurso de año y medio, en aquellas correrías serranas y de ver el mundo con estos ojos miopes que serán alimento de gusanos indeseables, pero nada importará cuando uno habite en otras dimensiones, o solo sea energía, y busque en qué reencarnarse y renacer, para eso está lo alto y ancho de la eternidad.
El que se dedica a cultivar la tierra es frágil, cualquiera pensaría que poseer hectáreas de terrenos es riqueza caída del cielo, concepción a años luz de lo real, el campo ocioso es una tumba de anhelos y en un mundo de industrias y corporaciones trabajar el agro es una de las peores maneras de sobrevivir, por estar a expensas de tantos factores externos: la lluvia, las heladas y las sequías, y en gran medida, del arbitrio y caprichos del intermediario, que compra barato y vende caro.
En un cerro frente a San Pedro Atocpan, durante una mañana de octubre me mostraron el proceso artesanal para elaborar el mole: chiles tostados, especias y chocolate son ingredientes de una salsa deliciosa que ocupa el lugar de privilegio en la gastronomía mexicana junto a la cochinita pibil, el chile en nogada y el taco al pastor.
En esa zona de la alcaldía Milpa Alta se produce buena parte del mole en pasta que se consume en la Ciudad de México, pero el reinventado por esta familia en ese momento revelador fue el peor de los que he comido, no sé si por las prisas o por la carencia de talento culinario de quienes lo cocinaron, sabía feo.
Fue difícil borrar el mal sabor de las papilas de aquella plastilina picante y de aspecto siniestro, cuyo único rasgo reconocible eran las semillas de ajonjolí de ornamento. Me porté decente y profesional, evite cualquier juicio y comenté que su producto se evaluaría para su inclusión en el mercado de trueque.
Y esa mañana fue la de los desengaños, porque entre los cultivadores y productores hay clases y estamentos sociales, no era lo mismo visitar los sembradíos de cempasúchil y nochebuena con hectáreas interminables de plantas listas para ser vendidas al mayoreo y manejadas por los hijos de los tenedores originales de la tierra, egresados como ingenieros agrónomos de la Universidad de Chapingo, que el grueso de los dueños de chinampas, o como los campesinos que intentaron preparar el mole, dueños de minifundios y semi analfabetos.
En el fondo me dio tristeza, era una injusticia que aquella gente teniendo algunas hectáreas cultivables careciera de servicios e hiciera patente su pobreza.
Y por la tierra luchó Zapata, el héroe morelense, y hoy esa tierra vale muy poco si no es propiedad de las corporaciones, tierra baldía, tierra llana, tierra pobre.



