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sábado, 08 de mayo del 2021

“Soy policí­a por necesidad, no por vocación”

Además de enfrentar a diario la violencia, los agentes policiales deben lidiar con la seguridad de sus familias y responder a sus responsabilidades económicas

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“Trabajo seis dí­as a la semana desde las 5:00 de la mañana hasta las 11:00 de la noche, si en la madrugada hay una emergencia debo de asistirla. Es un trabajo pesado, duermo mal, me alimento mal y siempre temo por mi familia”, contó Orlando, nombre ficticio de un policí­a de quién por seguridad se reserva su identidad real, al referirse sobre su faena diaria como agente del orden.

Orlando, es joven. Tiene 25 años y está destacado en la Policí­a Rural en el departamento de La Libertad. Hace dos años tomó la decisión de integrarse a las filas de la Policí­a Nacional Civil (PNC) debido a sus compromisos como esposo, futuro padre y la esperanza de algún dí­a poder estudiar para convertirse en enfermero.

“Mi trabajo es pesado, realmente soy policí­a por necesidad, no por vocación, creo que lo mismo manifiesta el 90 por ciento de policí­as. Necesitamos el salario y la estabilidad laboral. Cuesta mucho encontrar un empleo en este paí­s. Este es delicado; yo y mi familia corremos riesgo pero hay que encomendarse a Dios”, expuso el agente.

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En El Salvador, el paí­s más violento de Centroamérica, se ha desarrollado paulatinamente una guerra sin cuartel entre policí­as y miembros de pandillas, lo que dí­a a dí­a provoca que el oficio sea gravemente riesgoso, pues el miedo a ser torturado y asesinado se ha apoderado de la tranquilidad de los agentes.

De acuerdo a estadí­sticas oficiales, durante el 2015 fueron asesinados 64 policí­as; en 2016 murieron violentamente 47; y en lo que va de 2017 se ha reportado cinco policí­as asesinados. La mayorí­a fueron atacados mientras gozaban de licencia, en operativos y emboscadas.

Pese a esto, Orlando continúa amenazando su vida por un salario de $425 menos prestaciones al mes. Él afirma que lo que recibe no es justo, pero le ayuda a sostener a su familia y vivir con un poco de tranquilidad.

Lea: Asesinatos de policí­as y soldados ¿venganzas?

“Es un salario muy mí­nimo para lo que uno desempeña; en las zonas rurales hay mosquitos, no hay agua. Uno de policí­a se arriesga todos los dí­as, se arriesga la familia; bastantes compañeros han perdido la vida. Organizando bien el dinero se logra llevar la vida con un poco de tranquilidad aunque haya limitaciones”, dijo.

Orlando contó a ContraPunto que con su salario debe financiar las municiones para poder usar su arma de equipo y defenderse contra ataques en su contra. Las 50 municiones para armas cortas tienen un precio de $40 la caja; cada munición de arma larga vale $1.

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“Solamente nos dan el arma pero no municiones, las tenemos que costear de nuestro bolsillo, y a uno le duran depende de las situaciones peligrosas en que nos encontremos. Cuando uno se juramenta le dan como 30 cartuchos y eso fue todo”, detalló.

El director de la Academia Nacional de Seguridad Pública (ANSP), Jaime Martí­nez, aseguró recientemente que El Salvador posee el mayor número de policí­as a nivel centroamericano; a un elemento policial le corresponde brindar seguridad a aproximadamente 250 personas, pues existen cuatro agentes por cada mil habitantes.

Lea: Policí­as se pronuncian ante amenazas de muerte.

El joven y visionario Orlando afirma que en uno cuantos años ya no quiere seguir siendo policí­a, quiere irse con su familia a vivir en un lugar más seguro, estudiar para ser enfermero y poderse ganar el sustento tranquilamente.

“Es bien arriesgado andar trabajando así­; yo ni sé si de un momento a otro ya no voy a regresar a mi casa, esto es bien delicado; ya no quiero pero ni modo, tengo que hacerlo por ahorita”, finalizó el agente.

La PNC es parte de las instituciones surgidas a partir de los Acuerdos de Paz que pusieron fin a una guerra civil de más de 12 años. Esta sustituyó a la Policí­a Nacional, a la Policí­a de Hacienda y a la Guardia Nacional. Nació como una entidad civil para tiempos de paz. Una que todaví­a no llega y a cuya esperanza se abrazan a diario los miles de agentes que deben garantizar la seguridad del pueblo salvadoreño.

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