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martes, 18 de mayo del 2021

Salarrué: un genio injustamente desconocido

Un déficit evidente de los Acuerdos de Paz fue, entre otras omisiones, la falta de un verdadero plan, coordinado y sostenido, de promoción de la cultura nacional. Y dentro de ellas, lamentable omisión fue la falta de promoción -a nivel nacional e internacional- del ser y quehacer de los intelectuales salvadoreños, especialmente de los grandes fallecidos.

Un ejemplo, entre otras muchas, es la omisión de la extraordinaria vida y obra de Salarrué, injustamente desconocida -es decir, no conocida como debiera- aun ahí nomás al otro  lado de las fronteras patrias, no se diga en otros países del mundo intelectual. Esto se confirma fácilmente, cuando se viaja en plan cultural.

Entre el 16 y el 20 de octubre de 2006, participé como Jurado Internacional en el certamen “Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró 2006” del Instituto Nacional de Cultura (INAC) de Panamá, en las ramas de  Poesía, Cuento, Novela, Teatro y Ensayo, en el marco de una Semana Cultural.

Como Jurado Internacional en la rama Cuento, me correspondió disertar sobre la rama, con tema alusivo y de preferencia sobre mi país.  Mi conferencia “El personal estilo narrativo y la profundidad psicológica de los personajes en la obra de Salarrué”,  me sirvió para medir el nivel de conocimiento que sobre él se tiene, a nivel continental.    

Lamentable e injustamente, Salarrué no es tan conocido a nivel continental, pese a su especial condición de narrador que, con versatilidad especial, es autor de abundante obra, en la que palpitan entremezclados el verdadero sentimiento y la manera de ser que caracteriza a la población salvadoreña y centroamericana. Con su canto descubre y redescubre a El Salvador, al legitimar con singulares expresiones y vocablos su natal ambiente, el ardiente paisaje cuscatleco, captado magistralmente por la sensibilidad de alguien dotado de un vasto poder de comunicación.

Como inaceptable salvedad, quizás el desconocimiento podría deberse, en parte, a la  complejidad y exclusivismo de algunos vocablos salvadoreños, que no han facilitado la traducción de la abundante obra de Salarrué (ej: Siacabuche, puesiesque, culuazul, sesteyo, clareyos, pereguetiado, guayspiras.., y tantos más)… pero, en todo caso, la obligación cultural es dar a conocer su abundante obra.

Con excepción de la participante en la rama Ensayo, Amalia Chaverri, de Costa Rica, para los Jurados de los otros países (Cuba, Colombia, Argentina, Venezuela y de Panamá mismo), la personalidad de Salarrué resultó “extraordinaria y profundamente maravillosa, pero “lamentablemente desconocida”.  Amalia me comentó que si algo sabía de Salarrué era porque, hacía varios años, fue titular de Educación en su país. Desde luego, los compatriotas asistentes, además de confirmar su conocimiento, ratificaron su orgullo y admiración por el intelectual salvadoreño.

Además de amplios detalle en mi conferencia sobre Salarrué,  pude entregar al Instituto Nacional de Cultura (INAC) apenas 2 (únicos existentes que encontré aquí en El Salvador) de los 3 tomos de “Narrativa Completa” de Salarrué, de la Dirección de Publicaciones de Concultura.

Lamentablemente, de la edición “Salarrué. Obras Escogidas”, Editorial Universitaria (UES, 1969), prologada por Hugo Lindo, ni señas…y así, el resto de reconocidos escritores salvadoreños Arturo Ambrogi, Francisco Gavidia, Claudia Lars, Hugo Lindo, Oswaldo Escobar Velado, Alberto Guerra Trigueros, Pedro Geoffroy Rivas, José María Méndez, Roque Dalton… para entonces no se conocían o “apenas sonaban” en otros países.

Ojalá nunca más aquellas grandes comitivas oficiales para “atraer inversiones” -inútiles a veces y con viáticos excesivos- que pudieron promover la realidad cultural del país y no lo hicieron. Y ¿qué hicieron los funcionarios, reconocidos “paseantes” individuales y con familia, sin logros ni beneficios para el país? ¿Y qué han hecho o hacen los embajadores y los cónsules en este campo?

Quizás los MCS puedan retornar a la sensibilidad  -humano-cultural- de aquellas ricas páginas literarias de antaño, para promover internacionalmente la riqueza cultural del país. Y los demás. ¿qué hacemos o haremos? Enaltecer los valores intelectuales, es una hermosa manera de hacer Patria. Si está a nuestro alcance y no lo hacemos, de manera indirecta seguiremos contribuyendo a la negación de nuestra cultura.

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