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jueves, 2 julio 2026

Roque Dalton en la cárcel de las etiquetas

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Por Álvaro Rivera Larios

La etiqueta “Generación comprometida” permitió dar cohesión e identidad a un grupo de jóvenes escritores salvadoreños cuya obra eclosionó en los años sesenta del siglo pasado. Clasificados como portadores de un cambio estético, estos escritores sirvieron para dividir la historia reciente de nuestra literatura en un antes y un después. Pero lo que en apariencia dio claridad, generó un gran malentendido que ha distorsionado nuestra comprensión de los procesos literarios durante el último siglo.

El grupo de Roque Dalton se presentó como antítesis sin tesis previa. Su negación, sin embargo, había sido precedida por una gran afirmación. Sin el gran trabajo político y cultural de Alberto Masferrer y sus seguidores, Roque Dalton sería inexplicable. Su poética prolonga y reconfigura una herencia intelectual que ya contenía, de manera entrelazada, ética, estética y voluntad de cambio social. El concepto de “generación comprometida”, al simplificar esta genealogía, no solo empobreció la lectura histórica, sino que también terminó aprisionando al propio Dalton en una cárcel simbólica.

En efecto, hasta Roque fue víctima de la etiqueta que lo identificaba y promocionaba. El énfasis en el compromiso político eclipsó otra dimensión decisiva de su obra: la poética vanguardista. Y esta es una equivocación de fondo, pues deja en segundo plano un hecho esencial: Dalton fue uno de los grandes poetas vanguardistas latinoamericanos de la segunda mitad del siglo XX. No se trata aquí de la vanguardia política que lo atraviesa, sino de la vanguardia literaria que lo define como creador.

Sí, Dalton fue un poeta revolucionario; pero un revolucionario que sufría de “crónicos dolores de cabeza estilísticos”. Su obra testimonia la voluntad persistente de unir la comunicación con la experimentación formal. Y en esa página interna se revela como uno de los poetas más autoconscientes, desde el punto de vista formal, de toda nuestra literatura. Dalton no escribía desde la espontaneidad ingenua del militante, sino desde una autocrítica estilística permanente, que lo llevó a explorar registros irónicos, coloquiales, experimentales y líricos sin renunciar nunca al horizonte político.

Así, la etiqueta de “comprometido” operó con un doble filo: exaltó a Dalton como símbolo de lucha, pero al mismo tiempo redujo su obra al plano político, dejando en sombra la radicalidad estética de su proyecto. Lo que parecía un reconocimiento fue, en realidad, una reducción.

De ahí la urgencia de liberarlo de esa cárcel crítica. Porque solo cuando lo leamos más allá de la etiqueta podremos reconocer plenamente que Dalton fue no solo un poeta revolucionario, sino un poeta vanguardista que revolucionó la forma, y que en esa doble condición reside la fuerza singular de su legado.

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Álvaro Rivera Larios
Álvaro Rivera Larios
Escritor, crítico literario y académico salvadoreño residente en Madrid. Columnista y analista de ContraPunto

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