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jueves, 13 de mayo del 2021

Rompamos el círculo vicioso de la COVID en EE. UU.

LAGUNA BEACH – Más allá de la comprensible emoción que nos trae la llegada de las primeras vacunas contra la COVID-19, el futuro inmediato sigue siendo traicionero. Estados Unidos, en particular, podría estar al borde de un espantoso escenario en el cual los problemas actuales en cada una de cuatro áreas —salud pública, economía, política y comportamiento de los hogares— podrían empeorar la situación en las otras tres. El riesgo es que en las próximas semanas desencadenen un círculo vicioso que, de materializarse, podría devastar las vidas y el sustento de muchas más personas, incluso ahora que las vacunas están cerca.

Afortunadamente, a través de acciones individuales y colectivas, EE. UU. no solo tiene los medios para detener esas dinámicas sino para transformarlas en un círculo virtuoso. Para eso será necesario un conjunto de esfuerzos sostenidos, más que la simple repetición de medidas individuales.

Más allá de las restricciones que están implementando un estado tras otro, es poco probable que la actual ola de internaciones y muertes por la COVID-19 se reduzca de manera duradera. Sin embargo, en vez de considerar estas medidas como necesarias, pero insuficientes, serán demasiados los estadounidenses que creerán, incorrectamente, que las restricciones son ineficaces (excepto en términos muy limitados, para interrumpir temporalmente los contagios).

Además, EE. UU. no logra solucionar los desafíos de salud pública en un momento en que la economía ya se está debilitando. La reciente secuencia de aumentos en las solicitudes semanales de asistencia por desempleo confirma que la recuperación, tanto en el mercado de trabajo como en la economía en general, está decayendo. Los indicadores diarios más desagregados de actividad económica (como la movilidad, las reservas en restaurantes y las actividades de búsqueda) sustentan esta percepción.

Cada vez más economistas creen que el informe mensual sobre el empleo de diciembre, que se publica principios de enero, puede señalar una caída de la cantidad de empleos. Es solo cuestión de tiempo hasta que empecemos a preocuparnos por la amenaza de una recaída en la recesión en EE. UU., similar a la que Europa tal vez ya esté sufriendo.

La tercera área de preocupación es la política general con la que EE. UU. está haciendo frente a la crisis económica, que sigue siendo desequilibrada e inadecuada. Sí, la política monetaria continúa «a fondo» (se prevé que la Reserva Federal de EE. UU. intensificará su accionar para apoyar la recuperación económica en su reunión del 15-16 de diciembre). Desafortunadamente, el banco central más poderoso del mundo básicamente está usando medidas ineficaces (en la jerga de los economistas, empujando una cuerda) en sus intentos por lograr el bienestar económico en el largo plazo.

Poco de lo que hace la Fed en estos días está relacionado con las limitaciones estructurales al crecimiento inclusivo y sostenible en el corto y largo plazo. Mientras tanto, sus amplias y predecibles inyecciones de liquidez siguen desconectando a la economía financiera de la real, empeoran la desigualdad en términos de riqueza y fomentan una toma de riesgos excesiva que amenaza la estabilidad financiera futura.

Falta una respuesta de políticas que pueda tener impacto: un paquete fiscal integral que fomente reformas estructurales favorables al crecimiento. Las medidas económicas de rescate que pueda aprobar el Congreso después de una negociación dolorosamente prolongada probablemente serán insuficientes, tendrán un diseño limitado y resultarán poco oportunas para detener las secuelas que pueden asfixiar el dinamismo de la economía estadounidense.

Esta triple preocupación —salud pública, economía y políticas económicas— a su vez alienta comportamientos problemáticos por parte de los hogares. No hay dudas de que la incapacidad del gobierno estadounidense para controlar una nueva ola de COVID-19 perjudicará aún más la confianza del público y socavará la adopción de las pautas de comportamiento saludable. Las mayores restricciones inevitablemente se suman a las presiones económicas en el corto plazo sobre muchos hogares; probablemente empeorarán el ánimo de los consumidores y privarán a la economía de un importante motor de crecimiento. Las demoras en las transferencias fiscales aumentan los riesgos para el consumo y la inversión en EE. UU., en un momento en que la economía mundial no está en condiciones de proporcionar soluciones.

Es fácil ver que esta combinación de factores puede disparar un mecanismo de retroalimentación negativa, en el cual prácticamente cualquier desilusión en una de las cuatro áreas llevará a que las otras tres muestran resultados aún peores. Los economistas llaman a esto un equilibrio múltiple desfavorable, lo que significa que un conjunto de malos resultados lleva a que resulte extremadamente probable que los resultados siguientes sean peores. La buena noticia es que esta dinámica se puede detener y convertir en un equilibrio múltiple favorable.

Para ello, Estados Unidos tendrá que esforzarse simultáneamente en las cuatro áreas: en primer lugar, necesita mejores análisis de detección por lotes para el virus SARS-CoV-2, rastreos oportunos y el aislamiento selectivo de las personas contagiadas de COVID-19. El país también necesita una economía que mejore la confianza de los consumidores e inversores, y limite su desconexión de los mercados financieros inflados y cada vez más especulativos.

El tercer elemento clave es un enfoque más equilibrado para las políticas, que complemente las medidas de alivio tan necesarias con pasos para contrarrestar las crecientes presiones a la baja tanto sobre las dinámicas de oferta como de demanda. Esas medidas debieran incluir iniciativas para modernizar y aumentar la infraestructura, intensificar la adquisición de habilidades en la fuerza de trabajo, contrarrestar la concentración de empresas no competitivas, mejorar las redes de seguridad y ampliar otros mecanismos eficientes de redistribución. Finalmente, un comportamiento más responsable de los hogares —en especial, la adhesión estricta al distanciamiento social, el lavado de manos y uso de tapabocas— puede ayudar a limitar la transmisión de la COVID-19.

Mientras contamos los días que faltan para la adopción generalizada de las vacunas eficaces contra la COVID-19, no podemos perder de vista el difícil camino que nos aguarda. Sin esfuerzos significativos y sostenidos para convertir un círculo vicioso en uno virtuoso, EE. UU. corre el riesgo sustancial —e innecesario— de más muertes y una recuperación parcial, lenta y poco inclusiva.

Traducción al español por Ant-Translation

Mohamed A. El-Erian, asesor económico en jefe de Allianz y presidente del Queens’ College de la Universidad de Cambridge, fue presidente del Consejo para el Desarrollo Mundial del presidente estadounidense Barack Obama. Su libro más reciente es The Only Game in Town: Central Banks, Instability, and Avoiding the Next Collapse [Lo único importante: Cómo evitar el próximo, e inminente, colapso financiero].

Copyright: Project Syndicate, 2020. www.project-syndicate.org

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Mohamed A. El-Erian
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