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domingo, 05 de diciembre del 2021

Reflexiones

La crisis del progresismo latinoamericano deriva de haber administrado el modelo que cuestiono: el neoliberalismo.

Desde inicios del siglo pasado, los distintos movimientos cívicos de oposición de excluidos y desheredados, intelectuales y académicos, construyeron en la izquierda, los valores e identidad que conformo la idiosincrasia de resistencia que la legitimara, a pesar de la persecución, represión y supresión consecuentes con la política de control aplicada desde EU, en la que los espacios de pensamiento eran también ilegales, como lo era la resistencia.

Es decir, los regímenes oligárquicos latinoamericanos se aplicaron a fondo en la eliminación de las izquierdas, no solo del escenario político, de donde eran excluidas, aplicando la discriminación, la eliminación física, la tortura y la desaparición del izquierdista, quién así encontró en los movimientos furtivos de resistencia, el nicho desde el cual mantuvo viva la oposición.

Esto porque tampoco era viable ninguna forma de oposición, sirviéndose de la represión armada y con el único interés de silenciar la disensión (Con matanzas contra la población latinoamericana, entre los 30´s y los 70´s).

En éste punto de la historia la inflexión se impone, imponiendo la lucha armada como única vía para superar a las oligarquías imperantes y ausentes de respaldos populares, más allá de las estructuras militares y paramilitares, que fueron su único sustento.

Las décadas de las luchas definitorias – 70´s, 80´s e inicios de los 90´s – vieron así la pérdida de grandes contingentes de civiles en los enfrentamientos habidos entre la resistencia armada popular, y los ejércitos entrenados y equipados por EU, cuyo propósito era eliminar a la primera, o en última instancia, avasallados por la decisión y empuje de aquella, contenerla.

Y es esta carta la que se impuso, pues en toda la región aquellas resistencias asumieron el poder por la vía electiva, dos o tres lustros atrás, sometiéndose entonces al marco legal que asegura al modelo, el mismo que combatieron, reduciéndose al papel de administradores del mismo, y alienándose de aquel, lo que garantizo las acusaciones y juicios mediáticos, que desde el conservadurismo, les han seguido, lo que ha dado como resultado que en el último quinquenio hemos apreciado como por la vía electiva, el soberano a reelegido al neoliberalismo en la región, básicamente por el cansancio que supuso la no resolución de las problemáticas históricas padecidas por la diversidad latinoamericana, que en cambio ha afrontado un neoliberalismo que no respeta el marco institucional vigente en su afán de consolidarse en el poder, alcanzando los extremos y cotas que hemos apreciado en el caso chileno, ecuatoriano, brasileño, argentino, y boliviano, donde su irrupción ha derivando en los estallidos sociales que ahora vemos.

Entonces las propuestas de izquierda se dislocan cuando gestionan el modelo económico neoliberal, agotado y viciado, que solo beneficia a las elites, profundizando las desigualdades y perpetuándolas, lo que es un contradicho.

Queda entonces recomponer la propuesta de las izquierdas, negándolas a continuar en este juego politiquero, construyendo una que supere al modelo, recuperando su identidad, y buscando el progreso en la unidad.

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