Por Alonso Rosales
Cientos de personas se manifestaron este sábado en la capital danesa para rechazar las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la posibilidad de adquirir Groenlandia. Bajo consignas como “Groenlandia no está en venta” y “Manos fuera de Groenlandia”, organizaciones groenlandesas, junto a ciudadanos daneses y europeos, marcharon desde la Plaza del Ayuntamiento hasta la embajada estadounidense.
Las protestas reflejan el amplio rechazo político y social que existe tanto en Groenlandia como en Dinamarca frente a los planteamientos de Trump, quien ha insistido en que la isla es clave para la seguridad nacional de EE. UU. por su ubicación estratégica en el Ártico y sus recursos naturales. El mandatario incluso ha evitado descartar el uso de la fuerza militar, lo que desató una crisis diplomática entre dos aliados históricos y miembros de la OTAN.
Julie Rademacher, presidenta de la organización Uagut —que agrupa a groenlandeses residentes en Dinamarca—, agradeció el respaldo recibido y afirmó que Groenlandia se ha convertido “involuntariamente en un frente de la lucha por la democracia y los derechos humanos”. En paralelo, se anunciaron movilizaciones en Nuuk, capital groenlandesa, en defensa del derecho de autodeterminación del territorio.
La tensión ha provocado también una reacción europea. Países como Francia, Alemania, Suecia y Noruega expresaron su apoyo a Dinamarca y anunciaron coordinación militar dentro del marco de la OTAN, subrayando que cualquier discusión sobre seguridad en el Ártico debe darse entre aliados y no mediante presiones unilaterales.
Mientras tanto, Trump volvió a endurecer su discurso al amenazar con imponer aranceles a los países que no respalden sus planes sobre Groenlandia. Estas declaraciones contrastan con los intentos de distensión desde el Congreso estadounidense, donde legisladores de ambos partidos han reiterado su respeto a Dinamarca y descartado amenazas inmediatas a la seguridad de la isla.
Las manifestaciones en Copenhague dejan en claro que, más allá de los debates geopolíticos, una parte significativa de la sociedad europea considera inaceptable cualquier intento de compra o anexión de Groenlandia y defiende que su futuro debe decidirse exclusivamente por el pueblo groenlandés.


