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domingo, 17 de octubre del 2021

Para el debate: Es posible rehacer el PT desde las bases

No hicimos ninguna reforma estructural, como la agraria, la tributaria y la de seguridad social. Hoy somos ví­ctimas de la omisión en lo que respecta a la reforma polí­tica

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En el fin de semana del 3 al 4 de diciembre me tocó vivir en las afueras de Belo Horizonte una experiencia portadora de esperanza: polí­ticos, en su mayorí­a de del PT, hicieron su 21ª reunión anual para discutir los caminos de la polí­tica a partir de las bases y de los movimientos populares de Minas Gerais. Allí­ estaban decenas de nuevos alcaldes y concejales. Algo les uní­a: la articulación entre fe y polí­tica. La fe da una especie de mí­stica de compromiso con los más pobres (proyecto de Jesús) y la polí­tica como el campo donde se lleva a cabo ese propósito. El representante estatal del PT y actual presidente de la Cámara estatal, Durval í‚ngelo de Andrade, lí­der agregador y carismático, ha organizado esta articulación que abarca todo el estado de Minas Gerais. Invita a buenos asesores, pero los participantes son los protagonistas en la discusión en grupos y en la toma de decisiones. Un aura de espiritualidad, tí­pica de los mineros activistas polí­ticos cristianos marcaba el ambiente. El ex arzobispo José Marí­a Pires (Dom Zumbi), de 97 años, celebró la eucaristí­a e hizo una excelente homilí­a sobre la importancia de comprometerse con el pueblo si queremos hacer una polí­tica liberadora.

Creo que aquí­ se muestra un ejemplo, que ll ya 21 años, de cómo el PT, inmerso en una crisis grave, puede regar sus raí­ces y reanudar su caminada. He ahí­ una mí­stica, hecha de ideas y valores sólidos que informan las prácticas, bien en el sentido secular o en el sentido cristiano, como expresión del Reino, el sueño de Jesús, construyéndose en la historia. En reuniones como estas no hay desaliento, sino alegrí­a de luchar junto con el pueblo. Lo que se hace en Minas deberí­a hacerse en todas las bases del PT en todo Brasil. Entonces sí­ que se producirí­a la reanudación de un proyecto de pueblo y de nación soberana con ética y pasión.

Añado a mi testimonio, la reflexión crí­tica y relevante de Frei Betto en "La hora de la autocrí­tica".

"Sigo haciendo coro con ‘Fuera Temer’ y denunciando la usurpación del vice de Dilma como un golpe parlamentario. Sin embargo, las fuerzas polí­ticas progresistas, que dieron la victoria al PT en cuatro elecciones presidenciales, deben hacer autocrí­tica.

No hay duda de que los 13 años de gobierno del PT fueron los mejores de nuestra historia republicana. No para el FMI y los grandes corruptores, golpeados por la autonomí­a del Ministerio Público y la Policí­a Federal, ni para los intereses estadounidenses, afectados por una polí­tica exterior independiente, ni para aquellos que están a favor de la financiación de las campañas electorales por parte de empresas y bancos, ni para los invasores de las tierras indí­genas y los quilombos.

Los últimos 13 años fueron mejores para 45 millones de brasileños que se beneficiaron de los programas sociales y salieron de la miseria; para aquellos que reciben el salario mí­nimo, ajustado anualmente por encima de la inflación; para los que han podido entrar en la universidad gracias al sistema de cuotas, al ProUni y al Fies; para el mercado nacional, fortalecido por la lucha contra la inflación; para millones de familias que se beneficiaron de Luz para Todos y del programa Mi Casa, Mi Vida; para todos los pacientes atendidos en el programa Más Médicos.

Sin embargo, cometimos errores. El golpe fue posible también por nuestros errores. En 13 años no promovimos la alfabetización polí­tica de la población. No organizamos las bases populares. No valoramos los medios de comunicación que apoyaron al gobierno ni tomamos iniciativas eficaces para la democratización de los medios de comunicación. No adoptamos una polí­tica económica orientada al mercado interno.

En los momentos de dificultades llamamos a los incendiarios para apagar el fuego, es decir, a los economistas neoliberales que piensan por la cabeza de los rentistas. No hicimos ninguna reforma estructural, como la agraria, la tributaria y la de seguridad social. Hoy somos ví­ctimas de la omisión en lo que respecta a la reforma polí­tica.

¿En qué baúl de la vergí¼enza guardamos a los autores que enseñan a analizar la realidad desde la perspectiva liberadora de los oprimidos? ¿Dónde están los núcleos de base, las comunidades populares, el sentido crí­tico en el arte y en la fe?

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