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viernes, 24 de septiembre del 2021

Óscar y Angie recordaron el ciclo interminable de amenazas que viven los migrantes

Quienes logran llegar vivos a territorio estadounidense pueden enfrentar otro peligro. En los centros de detención reportaron al menos 200 niños migrantes que viven en condiciones precarias: sin sus familias, sin higiene, sin colchones para dormir.

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Los migrantes que huyen de la violencia y la pobreza en sus paí­ses enfrentan, desde el primer dí­a, un ciclo de amenazas  por etapas. Para muchos, el ciclo no termina.  El domingo 23 de junio, Óscar Martí­nez (25 años) y su hija Angie Valeria (1 año) murieron ahogados en el Rí­o Bravo, que separa a Estados Unidos de México. Su caso recorrió el planeta en medios y en redes sociales.

La foto de Martí­nez y Angie resultó en especial conmovedora porque, hasta donde se puede ver, padre e hija murieron abrazados. Esta imagen incluso movió algo de los sentimientos de Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos. “(Esa foto) la odio. Y creo que esto podrí­a terminar de inmediato si los demócratas cambiaran la ley. Tienen que cambiar las leyes”, criticó Trump, durante una conferencia que dio antes de partir a una gira por Asia y Oriente Medio.

Aunque Trump suele hablar con desprecio de los migrantes, modificó un poco su discurso al  hablar del joven migrante salvadoreño: “Y este padre, que de seguro era un tipo maravilloso, con su hija”¦ Cosas como esta no ocurrirí­an (murieron ahogados), porque la travesí­a en ese rí­o es muy peligrosa”, insistió Trump.

En esencia, Trump y su equipo quieren reducir al mí­nimo la cantidad de extranjeros que llegan a Estados Unidos por motivos económicos o de protección. Para eso es necesario modificar las leyes migratorias, de manera que las deportaciones sean más ágiles, y las posibilidades de quedarse (refugiados o con asilo), más complicadas.  

Mientras Trump repite sus fórmulas electoreras de 2016, El Salvador anota otra familia destrozada. Otro sueño que no se cumplió. Una vida de pobreza y abandono que vuelve a comenzar con una madre que perdió todo y una abuela devastada. Una tragedia entre las millones que se han escrito en la ruta del migrante hacia el norte, desde los albores de la guerra civil.

El papa Francisco, a través de un comunicado que publicó el Vaticano, expresó su solidaridad con los migrantes salvadoreños fallecidos. “Con inmensa tristeza, el santo padre ha visto las fotos de un padre y su hija bebé que se ahogaron en el Rí­o Grande mientras trataban de cruzar la frontera”, aunque como murieron del lado mexicano, ahí­ se llama Rí­o Bravo. Cambia su nombre al pasar a la frontera de Estados Unidos: Rí­o Grande.

“El papa está profundamente entristecido por su muerte y está orando por ellos y por todos los migrantes que han perdido sus vidas mientras buscan escapar de la guerra y de la miseria”, consignó el comunicado.

Según relatan medios como Mundo Hispánico,  Reuters, El Paí­s, Efe y también medios salvadoreños, esta familia buscaba tener un hogar propio y mejores ingresos. Tania Ávalos, madre y esposa, dejó su trabajo como cajera para poder cuidar a su hija.  Los dos estaban empleados en el sector servicios, uno de los que tiene los salarios más bajos y la mayor inestabilidad.

Foto: Redes sociales

Pudieron entrar a México y recibir una visa humanitaria. Tal como relata el periodista Mario Guevara, de Mundo Hispánico, tení­an toda la intención de completar su travesí­a en regla con las leyes.

Los tres se quedaron en un albergue, en México. Luego de dos meses esperando, agobiados por la precariedad y una lista de espera que ronda las 4,000 personas (según El Reforma), decidieron arriesgarse y cruzar. El Paí­s destacó que no los condujo ningún coyote o pollero. Llegaron al rí­o y ahí­ fue que ocurrió la desgracia que ya se conoce.

Pero en caso que hubieran llegado, la pesadilla no iba a terminar ahí­. Medios internacionales destacaron que el plan de Óscar y Tania era entregarse a las autoridades migratorias de Estados Unidos, para que desde ahí­ pudieran comenzar el trámite de asilo.

Con esta decisión, se exponí­an a que los agentes los separaran. Todaví­a corrí­an con mayor riesgo porque iban a entrar del lado de Texas. De esta manera, mientras los padres se encargaban del trámite, Angie habrí­a terminado en los centros de detención en los que están miles de niños, de manera simultánea, en Estados Unidos. La congresista neoyorquina Alexandra Ocasio los llamó “campos de concentración”.

Organizaciones humanitarias estadounidenses denunciaron que las condiciones de los menores de edad en los centros supuestamente temporales de detención eran denigrantes. En Clint (Texas), por ejemplo, encontraron entre 200 y 350 niños que viví­an hacinados. No tení­an cepillos de dientes, no tení­an jabón ni champú, los mayores cuidaban a los bebés (aunque no fueran familia) y algunos no tení­an ni siquiera un colchón para dormir. Todo eso, sin tomar en cuenta los abusos que puedan cometer los agentes al maltratarlos fí­sica o psicológicamente, pero esto aún está bajo investigación.

Las agencias responsables del trato a los menores de edad migrantes son el Departamento de Aduanas y Protección de Fronteras (CBP, en inglés); el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés, o “la Migra” para la comunidad latina); los Servicios Humanitarios y de Salud (HHS, en inglés) y la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR, en inglés). En todos estos casos se reportan niños que han muerto bajo custodia de las autoridades, niños a quienes les perdieron el rastro, abusos sexuales, maltrato psicológico, deportaciones.

La CBP, por ejemplo, apoyada por las palabras de Trump, han pedido ayuda humanitaria para poder enfrentar la crisis. Muchos estadounidenses se acercaron por su cuenta con bienes como pañales, jabón, cepillos de dientes y ropa, pero las autoridades no los dejaron donar: solo las organizaciones establecidas pueden hacerlo.

En realidad, para Angie, Tania y Óscar habí­a opciones poco halagadoras: quedarse en el paí­s que no les dio la oportunidad de prosperar, o exponerse al infierno de la separación familiar al cruzar la frontera hacia Estados Unidos.

El resto de familias que todaví­a está pensando en irse tiene ahora dificultades mayores. En junio, Trump y el gobierno mexicano de Andrés Manuel López Obrador llegaron a un acuerdo. Si México lograba contener el flujo de migrantes antes de que lleguen a la frontera estadounidense, entonces, Trump no le subirí­a el costo a las exportaciones mexicanas. La administración de López aceptó el trato, y envió militares a la frontera con Guatemala. Pero Trump no se quedó ahí­. Ahora están buscando que Guatemala se convierta en tercer paí­s seguro (como México o Canadá). De esta manera, los que quieran llegar hasta las tierras estadounidenses por refugio o por asilo, tendrán que esperar en terreno guatemalteco. Ya sea que acepten la solicitud, o no.

Mientras tanto, los cuerpos de Angie y su papá regresan al paí­s. Tania también. Esta vez sí­ los apoyará el Estado, gracias al llamado que hizo un familiar en Twitter. La canciller Alexandra Hill pidió a los salvadoreños desesperados por irse que le den “una oportunidad” al gobierno de Nayib Bukele. Dí­as atrás, en una entrevista con Vice News, Bukele dijo que así­ como Trump no quiere que lleguen, él no quiere que se vayan.

Aunque Óscar se sacrificó hasta el último minuto por su familia, no pudo salvarlos. Ni del rí­o, ni de la pobreza, ni de regresar al paí­s donde no querí­an estar. Pero su muerte sirvió para que nadie olvide la travesí­a del migrante ni la lentitud de los gobiernos para reaccionar ante esta crisis.

Foto: Cortesí­a

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Redacción ContraPunto
Nota de la Redacción de Diario Digital ContraPunto
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