spot_img
spot_img
martes, 26 de octubre del 2021

Once años

Once años. Como si nada pasaron once malditos años. Vivimos la cuarentena  en la Ciudad de México entre abril y mayo de 2009 cuando el virus H1N1 se convirtió en vergonzosa materia de exportación, la llamada influenza tipo A que causó la primera pandemia del milenio.

En once años, algunos nos perdimos en nuestras vidas cíclicas, nos encerramos bajo siete llaves y las tiramos al fondo de una fosa abisal. Todo cambió en once años. Nos volvimos silenciosos, solitarios y respetables, las redes sociales se convirtieron en mirillas por las que vimos a cualquiera y a ninguno, una masa difusa y gris digna de cualquier miopía. 

Ahora todos hablan y gritan, no se distinguen las voces falsas de las reales, surgieron influencers y opinadores por legiones, los principales comunicadores mintieron y se prostituyeron, tanto que sobrepasaron al desprestigio, algunos llegaron a ser presidentes y se exiliaron, hoy es la inundación de la idiotez.

Un tuit es esencia de verdad o estupidez llana, hay países grandes y chiquititos cuya gobernanza es a través de breves caracteres, por un tuit se cierran fronteras, por otro se declaran guerras comerciales y por el último se habla con Dios en clave Morse.       

Y hoy estamos en otra cuarentena, esta es global, eclipsada además por una crisis mayúscula de credibilidad, algunos creen en el arribo inmediato del apocalipsis, otros son expertos en conspiraciones y declaran la Tercera Guerra Mundial, los más son epidemiólogos y vaticinan que el coronavirus  se expandirá a cuenta gotas en el trópico.

Once años después, en México nos han invitado a guardar la sana distancia, bueno, un poquito, lo suficiente para tener 616 mil contagiados y más de 66 mil muertos. En la capital se han visto expresiones contradictorias: escapularios y efusividad presidenciales a prueba de todo virus hasta el miedo acaparador de papel higiénico, salsa para espagueti y chiles jalapeños.

Y personajes carismáticos exclaman: “detente virus del demonio porque tengo mi billetito de dos dólares en la cartera para protegerme de cualquier recesión” y el PIB cayó 11 puntos.     

Y no hay en quién confiar, todos los días hay conferencias de prensa con los expertos de la Secretaría de Salud que pregonan calma ante el tsunami de la pandemia.

Y aquí no pasa nada porque lo que no mata endurece.         

spot_img

Últimas entradas