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viernes, 03 de diciembre del 2021

Oficio tarifado

Hay palabras y conceptos que, de tanto ser repetidos, van adquiriendo poco a poco cierta carta de ciudadaní­a en el contexto del discurso polí­tico cotidiano. Se vuelven categorí­as comunes, infaltables en el lenguaje de los diferentes actores polí­ticos y sociales; nociones indispensables para calificar o descalificar,  muletillas inevitables a veces.

Es lo que, a mi juicio, ha sucedido con la expresión “prensa tarifada”. De tanto uso y abuso se volvió concepto clave, categorí­a con existencia propia en el lenguaje polí­tico. No estoy muy seguro de su origen, pero intuyo que fue el Foro Ciudadano, en el texto de sus diferentes comunicados, la primera organización que utilizó esa expresión para referirse a cierta prensa que ha hecho del silencio, la desinformación y la mentira, una especie de caricatura repudiable del fascinante oficio del periodismo.

En un Comunicado bajo el tí­tulo “El Foro Ciudadano denuncia intolerancia del gobierno”, divulgado a través de dos campos pagados los dí­as 25 y 30 de marzo del año 1999, la conocida organización de sociedad civil escribió lo siguiente al describir los métodos oficiales de intolerancia: “La utilización de la prensa tarifada como jaurí­a de ataque, usando argumentos  envilecidos, denigrantes y retorcidos, congruentes con el estilo antidemocrático del ejercicio del poder”.  En una Carta Pública al Colegio de periodistas, inserta en campo pagado el dí­a 29 de marzo de 1999, el Foro amplí­a el concepto de “prensa tarifada” y desmenuza minuciosamente sus formas y contenido.

Desconozco si existe alguna alusión anterior a la “prensa tarifada”, llamándole de esa forma especí­fica, pero creo que fue esta la primera vez que se utilizó el concepto que hoy es fórmula común al hacer referencia a la prensa que desnaturaliza su esencia de contrapoder y se pone al servicio del régimen de turno, previo pago de la tarifa acostumbrada.

Para ser justos, vale decir que en la Carta Pública el Foro hací­a una clasificación simple de la prensa local, dividiendo a sus actores en tres grupos especí­ficos: a) “Los que conservan un ápice de dignidad y se avergüenzan de su condición ante una mirada crí­tica o un comentario oportuno; b) los que disfrutan su deterioro ético y se ganan muy bien el dinero que les pagan, y c) los que quieren conservar la imagen de otros tiempos y de vez en cuando hacen concesiones para tranquilizar su conciencia”.

Como suele decirse, lo triste es así­. El periodismo, bien ejercido y profesionalmente respetado, resulta ser un oficio estupendo. León Trotsky, que guardaba un elegante respeto por el periodismo serio y la buena escritura, definió alguna vez a este oficio como “la musa plebeya de la literatura”. Enrique de la Osa, periodista cubano del siglo XX, fue más preciso en su definición: un buen periodista, dijo, debe tener olfato, sagacidad y audacia. Olfato para saber en dónde está la noticia; sagacidad para obtenerla y audacia para publicarla.

La prensa tarifada está lejos, muy lejos, de ser periodismo real. Medra en el silencio y negocia la verdad. Miente por encargo, deforma los hechos y los acomoda a la complaciente visión de quien le paga, es una caricatura repugnante del quehacer de informar. Alguien le ha definido con cierta benevolencia como “periodismo del silencio”, haciendo alusión a su envilecida capacidad de negociar la denuncia, ejercer el chantaje, ocultar la información, maquillarla cuando es necesario y deformarla siempre. El periodista tarifado no informa, mal informa o desinforma. Generalmente opina al momento de relatar los hechos, confundiendo las páginas de opinión con las de noticias y crónicas. La prensa tarifada no sólo es un obstáculo para la conformación de la cultura polí­tica democrática, es en verdad una seria amenaza a todo el proceso de construcción democrática en su conjunto. El periodista tarifado hace tanto daño como el policí­a corrupto, el juez venal o el soldado cobarde. Deshonra la profesión y contamina el ambiente polí­tico.

Estas reflexiones resultan oportunas justo en este mes de mayo, cuando se conmemora el dí­a del periodista hondureño. Vale la pena meditar un poco sobre el grave daño que la prensa tarifada le hace a la convivencia ciudadana y al necesario clima de transparencia que debe prevalecer en una sociedad que aspira a ser moderna, pluralista y democrática.

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