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lunes, 20 de septiembre del 2021

No tinc por

“No tinc por” – no tengo miedo – ha sido el grito unánime que en Barcelona ha resonado en repudio al terrorismo, que el jueves pasado se cobró la vida de más de una docena de transeúntes y ocasionó más de un centenar de heridos. Siendo Barcelona – y Cataluña en general – lugar de mucho atractivo para el turismo, se cuentan ví­ctimas de hasta 35 nacionalidades diferentes. Las concentraciones ciudadanas de repudio reflejan este carácter cosmopolita. Gentes de diferente color, de distintas etnias y diversidad de lenguas, fundidas en un solo clamor, contra la brutalidad de los asesinos.

Éstos atacaron una ciudad portuaria de las más emblemáticas del Mediterráneo, que puede servir como “un puente de mar azul”, tal como canta el poeta y compositor Lluis Llach. De hecho el actual gobierno municipal, dirigido por la que fue activista del movimiento anti-desahucios, la alcaldesa Ada Colau, ha impulsado el hermanamiento con el municipio de Lesbos, la isla griega que ha recibido mayor cantidad de refugiados sirios, gestionando la acogida de miles de ellos en la llamada Ciudad Condal. Gestos de generosidad y solidaridad que nada parecen importar al terrorismo irracional.

Frente a él, las fuerzas polí­ticas han demostrado unidad y madurez. Por lo menos, a nivel de imagen. En el acto central de repulsa pudo verse al rey Felipe junto a la alcaldesa de orientación republicana, al presidente Rajoy a la par de Puigdemont (el separatista presidente del Parlament catalán), a jefes de la derecha con lí­deres izquierdistas. Pero las muestras más claras de madurez polí­tica las dio la población congregada: “¡nada de banderas!” Fue la voz que hizo guardarlas a quienes, españolistas o catalanistas, insinuaron querer sacar ventaja polí­tica del dolor ciudadano. Una veintena de falangistas y neo-nazis quiso llevar agua a su molino gritando la consigna islamofóbica “¡España cristiana y no musulmana!”. Fueron rápidamente acallados por la multitud y la policí­a tuvo que protegerlos.

Decenas de comunidades musulmanas se han manifestado asimismo contra el terrorismo: “¡No en nuestro nombre!” También los “mossos” (policí­a autonómica de Cataluña) han insistido en que el Islam no es el enemigo y recordado que las mezquitas “son lugares para rezar” y deben ser respetadas. Van a ser también, seguro que así­ será, vigiladas más de cerca. Sobre todo si se confirma que ha sido un imán, un pastor encargado de dirigir los rezos, quien indoctrinó y arrastró al fanatismo homicida del odio a una docena de jóvenes, de origen marroquí­, aparentemente integrados en sus vecindarios.

Poco a poco las Ramblas van recobrando la normalidad. Costará que vuelvan a mostrar la vitalidad que tení­an antes del atentado. Entre el histórico barrio gótico y el Raval bohemio (el antes famoso “barrio chino” de marineros y juerguistas), desde la fuente de Canaletas hasta la estatua de Colón, asomada al puerto, el paseo peatonal preferido por los barceloneses y por once millones de turistas anuales, ha de dar testimonio de que el amor es más fuerte que el miedo.

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