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domingo, 01 de agosto del 2021

No habrá paz con impunidad, sin justicia y sin verdad

La transición es una oportunidad para derribar los diques de la impunidad y migrar hacia una sociedad donde impera realmente el Estado de Derecho y la Justicia

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El Salvador vive un momento crucial en la Historia. El sistema de partidos políticos que hizo la guerra y llegó a un acuerdo político de paz, se ha desbarrancado y está por nacer un nuevo andamiaje alejado de los amarres que negociaron los bandos en conflicto para procurarse la evasión de la justicia en cuanto a las graves violaciones a los derechos humanos que ambos bandos: Ejército y Guerrilla, cometieron antes y durante la guerra civil (1980-1992).

En la nueva situación la sociedad salvadoreña y sus organizaciones tienen la responsabilidad de promover, de actuar y de gestionar todo lo que esté a su alcance para lograr en El Salvador una verdadera paz, reconciliación y armonía, buscando que se erradique de raíz y de fondo la impunidad que ha estado vigente hasta nuestros días productos de pactos no transparentes en el sistema de partidos que estuvo actuando en el pasado y que en la actualidad de niega a morir, aunque moribundo está.

La transición es una oportunidad para derribar los diques de la impunidad y migrar hacia una sociedad donde impera realmente el Estado de Derecho y la Justicia.

Durante el siglo pasado y  a comienzos del presente hubo luchas heroicas: en 1932; la lucha contra el derrocamiento del dictador Maximiliano Hernández Martínez; las constantes batallas contra las dictaduras militares; la guerra civil. Todas esas gestas tuvieron contenidos de luchas en pro de la democracia, por el bienestar social y por la inclusión de toda la sociedad en los debates por lograr un mejor país.

Después de la firma de la paz, si bien se acabó la guerra civil -se legalizó a la exguerrilla; se depuró, se achicó  la Fuerza Armada y se colocó bajo el mando civil-, la impunidad de los graves hechos de violencia y de irrespeto a los derechos humanos, no se erradicaron, sino todo lo contrario, se profundizaron y se cayó en el abismo de la corrupción contra la que lucharon y murieron miles de personas antes y durante el último conflicto armado.

Hoy la sociedad está más madura, la juventud intenta buscar más protagonismo para definir el mundo en el que quiere vivir. El régimen arcaico, arbitrario, corrupto e impune puede perder definitivamente y ser sepultado si la sociedad así lo decide.

Hoy una de la tarea es ahondar la democracia política, llevando a los puestos de decisión a personas ejemplares y haciendo de los partidos verdaderos institutos apartados de las triquiñuelas en las que siempre han participado a espaldas de la sociedad y en beneficio propio o de sectores interesados.

En ese sentido, la sociedad tiene que luchar en contra de leyes que vengan a otorgar más impunidad a los impunes, como la ley de amnistía disfrazada que se quiere establecer en contra de las víctimas y de sus familiares por parte de la actual legislatura, y en contra de los anhelos de justicia de la sociedad y de la comunidad internacional.

No hay tarea fácil en la lucha por la democracia. Pero su verdadera causa vale la pena y sin derramar la sangre que nos hizo sufrir en el pasado y las consecuencias que estamos sufriendo por no haber hecho lo que en la actualidad tenemos enfrente.

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Redacción ContraPunto
Nota de la Redacción de Diario Digital ContraPunto
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