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martes, 11 de mayo del 2021

No a la Guardia Nacional militarizada

El presidente electo Andrés Manuel López Obrador por años sostuvo, incluida la última campaña, que las Fuerzas Armadas no debí­an cumplir funciones de seguridad pública. Decí­a también que la militarización de la lucha contra el crimen organizado implementada por los presidentes Calderón y Peña Nieto no habí­a dado resultados y era necesario cambiarla.

Ahora, en sentido contrario de lo que siempre ha dicho, propone la creación de una Guardia Nacional bajo control militar. No es una novedad que el ahora presidente un dí­a diga una cosa y al otro sostenga exactamente lo contrario. No sorprende. Lo ha hecho por más de 20 años de participar en la vida polí­tica del paí­s. Esa ha sido una de sus caracterí­sticas, que ahora es común a polí­ticos de diversas latitudes.

Lo grave y distinto es que ahora no está en campaña por la búsqueda de la presidencia de la República, que por fin, a la tercera ocasión obtuvo y con un amplio margen. Las contradicciones o los cambios de opinión como candidato eran irrelevantes para el paí­s. En todo caso tení­an repercusión entre los suyos, pero no más. Ahora contradecirse tiene altos costos, para el paí­s y sus habitantes.

Su decisión va en contra del sistema republicano y democrático que el paí­s ha construido, con mucho esfuerzo e incluso sangre, en los últimos cien años, que exige, así­ está en la Constitución, expresión del pacto común, que siempre predomine la esfera civil sobre la esfera militar. El otorgar a las Fuerzas Armadas la totalidad del mando operativo de la Guardia Nacional contradice la letra y el espí­ritu de la Constitución de 1917.

Nadie ignora el evidente y muy grave problema de seguridad pública en todo el paí­s, que tiene su origen, en muy buena medida, en la decisión del presidente Calderón cuando declarara la “guerra” al narcotráfico y manda al Ejército, en su condición de comandante en jefe, a que la enfrente. A partir de entonces, ya son 12 años, los militares han estado en la calle. Nunca debieron dejar sus cuarteles.

El presidente López Obrador no propone nada nuevo sino que radicaliza la estrategia implementada por el presidente Calderón que después siguió el presidente Peña Nieto. Ahora las Fuerzas Armadas, bajo el nombre de Guardia Nacional, no tendrá contrapesos reales y podrán hacer lo que quieran. La militarización del paí­s decidida por el presidente López Obrador no es algo menor. Es un retroceso en la construcción de la democracia de dimensiones históricas.

Ahora las contradicciones del presidente López Obrador, ya no del candidato, tienen consecuencias, para la vida toda del paí­s. La militarización convierte a los militares, como ha ocurrido en paí­ses de Centroamérica y el Cono Sur, en actores polí­ticos de primer orden con presencia armada en todo el territorio. Esta decisión, se quiera o no, rompe los equilibrios polí­ticos entre civiles y militares, y les da a éstos la primací­a. Todas las tareas de seguridad pública en manos del Ejército van a traer más inseguridad y más muerte. No a la Guardia Nacional militarizada.

Rubén Aguilar Valenzuela
Rubén Aguilar Valenzuela
Columnista y analista de ContraPunto. Doctor en Ciencias Sociales, con una Licenciatura y Maestría en Sociología y Estudios de Desarrollo Institucional; exfuncionario del gobierno mexicano.

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