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lunes, 06 de diciembre del 2021

Neoliberalismo de izquierdas

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A un año de las próximas elecciones presidenciales, una fracción del FMLN liderada por el vicepresidente de la república, Oscar Ortiz, ha propuesto como punta de lanza de su estrategia económica la Ley de Zonas Económicas Especiales (LZEE), que no dista mucho de las estrategias neoliberales que fueron implementadas durante los veinte años de gobiernos de derecha y que tuvieron por objetivo la atracción de grandes inversiones a través de comprometer los derechos de la población y la soberaní­a del paí­s.

Alguien podrá decir ““como lo hacen ya los voceros oficiales- que caracterizar la LZEE como una nueva forma de neoliberalismo no es más que una ceguera ultraizquierdista. Pero no es ultraizquierdismo caracterizar como neoliberal una ley que echa mano de las exenciones fiscales, de la desregulación de las inversiones, del rebajamiento de los estándares laborales y ambientales o de la cesión a las empresas de la soberaní­a de los territorios para atraer grandes inversionistas.

Una iniciativa como esa no tiene nada que envidiarle a las polí­ticas noventeras que, bajo el apadrinamiento del BID o del FMI, propiciaron una “reacumulación primaria” [1] como mecanismo de recuperación de las ganancias del capital o para ampliar sus ámbitos de valorización. Por otro lado los costos de esos beneficios dados al capital recaen sobre la clase trabajadora: se mantiene la estructura tributaria regresiva, se ponen en riesgo los recursos naturales de los territorios así­ como los derechos laborales, se propicia la subsunción de iniciativas de producción alternativas a la lógica de la gran empresa, entre otros aspectos.

Resulta también preocupante el hecho de que en diez años de gobierno, el Frente no haya hecho un solo viraje en materia de polí­tica económica en relación con la lógica de las polí­ticas que la derecha impulsara bajo sus gobiernos. De ahí­ que la LZEE se sume a la lista de medidas que han beneficiado a los grandes inversionistas nacionales o extranjeros y no a los pequeños productos, a las mypimes o a la clase trabajadora: tratados de libre comercio, acuerdos de asociación, ley de titularización de activos, asocios público-privados, ampliación de los beneficios de las zonas francas, y un etcétera que lastimosamente se queda corto.

Desde todo punto de vista es inmoral que un gobierno que se enmascara tras un discurso de izquierdas, cuyos voceros en este mismo momento participan en el foro de Sao Paulo con un discurso anticapitalista, antineoliberal, un discurso que habla de los derechos y las conquistas de la clase trabajadora, sea gestor de una polí­tica que atenta directamente contra los derechos de las mayorí­as populares y contra la soberaní­a del paí­s mientras beneficia a los intereses del gran capital.

Las mayorí­as populares no pueden permitir que avance una nueva manifestación de esa polí­tica neoliberal que tanto ha socavado a nuestro pueblo. Incluso si esta viene revestida de un discurso cercano a la tradición de izquierda, el trasfondo es un claro intento por viabilizar la acumulación capitalista; ésta no es una polí­tica para el desarrollo, es una negación y un despojo, es un capitalismo territorial sin rostro humano, es un neoliberalismo de izquierdas, “un servidor de pasado en copa nueva”, un motivo más de resistencia.

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Notas:
[1] El término es utilizado por Montoya, precisamente al calor de las reformas neoliberales de posguerra en El Salvador. Ver: Montoya, A. “¿Reacumulación primaria del capital en El Salvador?”. En: Estudios Centroamericanos. ECA. No 515. San Salvador. El Salvador. 1991.
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Alberto Quiñónez
Colaborador de ContraPunto
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