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jueves, 05 de agosto del 2021

¿Nayib es un cambio?

Las buenas respuestas dependen también de las buenas preguntas. ¿Acertamos al preguntar si Nayib es un cambio? ¿No nos extraví­a ya de inicio la forma de esta interrogación? ¿No da pie a un fácil sí­ o a un fácil no? Hace falta mente frí­a, distanciarse del personaje y el momento. Tanto la admiración como el rechazo son obstáculos que impiden ver.

Ahora está claro que, en lo que a este personaje se refiere, sus adversarios polí­ticos se plantearon muy mal la pregunta de si Nayib representa un cambio. Su aplastante derrota electoral lo confirma. No supieron ver en qué se habí­a convertido, ni qué factores lo elevaban a esa transformación. Ahora bien, esto no significa que aquellos y aquellas votantes que le han dado el triunfo hayan dado una respuesta lúcida a la pregunta de si Nayib representa un cambio. Es un hecho que los triunfos electorales también obnubilan la vista.

Lo aviso: no pretendo dar una respuesta, prefiero estimularlos a que ustedes la busquen saltando la valla de los tópicos amigos o enemigos del personaje.

Hay numerosos detalles que señalan continuidad, numerosos detalles que sumados son como un bloque de cemento en los pies de un Nayib lanzado al mar, pero en estos bolados el juego consiste en descubrir el par de detalles que le dan singularidad a lo que parece idéntico.

Y en las actuales circunstancias, sin que haga falta darle un contenido hiperbólico a la palabra cambio, hay ciertos detalles que nos llevan lejos de la vulgar repetición. La situación no es la misma. Algo ha pasado y debemos buscar las palabras que den cuenta de las alteraciones.

Si un hombre es él y su circunstancia. Podrí­amos acercarnos a una respuesta que no sea la previsible, preguntándonos si nuestro personaje ha alterado la circunstancia. Y claro que la ha alterado, no seamos ciegos: Arena y el FMLN, los partidos que han dominado nuestra escena polí­tica, se han precipitado en una profunda crisis después del triunfo electoral de Nayib. Ya esto nos coloca en una situación inédita, en una situación plagada de interrogantes, riesgos e incertidumbres. Este es el momento en que nos movemos sin saber con absoluta certeza hacia qué puerto vamos.

Las crisis tienen mala prensa y ahora estamos en una crisis de nuestro sistema polí­tico. Bukele ha pulsado el botón de la tormenta, pero él mismo es una criatura nacida de esa tormenta.

Ya dije que sus adversarios polí­ticos se equivocaron rotundamente al calibrar las implicaciones de fondo, los factores estructurales, las hondas alteraciones en las corrientes de opinión que subyací­an en la emergencia de Bukele. Pero no solo ellos erraron dando unas respuestas que les han costado una derrota inapelable. También los analistas nos hemos equivocado y nos seguimos equivocando al intentar responder la pregunta de si Nayib es un cambio.

Si nuestro sistema polí­tico está en crisis, serí­a lógico esperar que tal crisis dejara una huella en los marcos interpretativos de los analistas y sus cómodas y estáticas taxonomí­as. Creo que la mayor parte de los comentaristas de nuestra cosa pública aun están desconcertados como Lorena Peña en la noche del domingo 3 de febrero y que por eso no aciertan con las preguntas y mucho menos con las respuestas. Sea como sea, se abre un tiempo apasionante.

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