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domingo, 24 de octubre del 2021

Mujeres incidiendo en política

Todas queremos saber cómo generar cambios y transformaciones sociales. En la cultura de las naciones es donde nacen los ideales de lo bello, lo verdadero y lo bueno. Sin embargo, vivimos al interior de culturas de exportación que tienden a cosificarnos, usando nuestra cara, nuestro cuerpo, nuestras frases, con intenciones publicitarias que potencian el consumismo desmesurado y principios patriarcales de dominación.

Sabemos que la desigualdad entre mujeres y hombres, en lo que respecta a desarrollo personal y profesional, es una realidad innegable. ¿Cuántas no hemos vivido el atropello de hombres que deslegitiman nuestro accionar? Y, sin embargo, seguimos avanzando, poco a poco y sin perder el entusiasmo, hacia la construcción de una sociedad donde prime la equidad, la justicia, la libertad y el amor.

Y entonces surge la pregunta: ¿cómo incidir desde nuestra trinchera? Lo primero es influenciar con el ejemplo, mostrando que somos diferentes a lo que las pautas de conducta dictaminan para nosotras, atreviéndonos a hablar y a denunciar abusos e injusticias, fomentando la visibilidad de lo que para muchas personas es invisible y evitar a toda costa una visión sexista y propiciar, por otra parte, la unión, la sororidad y la colaboración.

Incidir implica también abrir espacios donde no los hay y apropiarnos de la participación política de la que hemos sido desde hace siglos expropiadas. Para ello, es indispensable definir cuál ha sido la condición femenina y luego establecer rangos de acción y un horizonte.

Hay quienes se molestan cuando una mujer expresa en voz alta su condición de exclusión y disminución. Pero no estamos aquí para congraciarnos con nadie. Estamos aquí para mostrar que es posible construir una sociedad distinta y romper esos moldes para siempre. Por eso debemos erradicar ciertas prácticas que en las relaciones e intercambio entre mujeres y hombres se dan con frecuencia.

A las mujeres se nos invisibiliza cuando hemos logrado algo que un hombre no fue capaz de hacer. Se violan nuestros derechos al ganar poder y relevancia o por el simple antojo de hacerlo. Se nos acusa de débiles, de inútiles, de incapaces, aunque por lo general hacemos más de lo que se nos reconoce. Se nos inferioriza justo en el momento en que demostramos ser gigantas de esta época. Las oportunidades son escasas y muchas veces nulas en lo que respecta a puestos altos de trabajo con buenos salarios. Por eso es que nos deslegitiman, para hacernos creer que no somos acreedoras de los mismos beneficios de una cultura falocrática. Se nos trata como estúpidas y con una inteligencia inferior. ¡¿Pueden creeeeeeeerlo?! Se nos subestima para cerrarnos espacios, se restringe nuestra voz, se nos humilla y cosifica y se abusa sexualmente de nosotras cuando decimos «no quiero».

Y luego vienen los feminicidios, de los que se habla mucho, pero es complicado llegar a una solución inmediata porque es un asunto que acarrea bastantes siglos encima. No es fácil generar una mutación cultural de la noche a la mañana, entonces las mujeres debemos unirnos y generar las condiciones, tender los puentes, señalar a los culpables y hacer que se cumpla la justicia en un país que ha estado durante décadas sumido en la impunidad. Y es que los feminicidios no son un síntoma, si no que el resultado, síntomas pueden encontrarse en la violencia verbal, simbólica, financiera, sexual, de exhibición social o intrafamiliar, y luego sucede lo peor.

El manto de la muerte se expande sobre los cuerpos de miles de mujeres al año en este país y eso es algo que no debe seguir sucediendo, sin embargo, primero, las mujeres debemos dejar de lado las condiciones de dominación, emanciparnos y empoderarnos para poder afrontar las adversidades y legar al futuro algo mejor.

Esa ha sido la condición femenina hasta ahora, pero la situación está cambiando, como las nubes que se suceden en el cielo y algunos volcanes que erupcionan. Y las mujeres debemos tener la determinación para cerrar brechas históricas y sanar después de tantas heridas, para poder asumir un rol protagónico en la adquisición de garantías sociales e incidencia en procesos políticos trascendentales. Pero antes, debemos enfrentar retos y superarlos.

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