Esta tarde de miércoles no vi llover, pero el cielo estaba gris a manera de presagio por la repentina muerte del amigo y colega René Alvarenga. No importa cuando tiempo vivió, su paso fue fugaz por este mundo –siempre lo es-, aunque dejó huellas en su familia y en el periodismo
René ejerció el oficio, que es tan peculiar e interesante, pero marginado; y él fue un ejemplo de los excluidos. Durante más de dos décadas trabajó en radio Sonora de la cual fue despedido 11 días antes de su fallecimiento, según su familia, a causa del “rompimiento de un vaso laríngeo y murió desangrándose”, pues era hipertenso.
En las redes sociales denunció el atropello del que fue víctima, pero rechazó que la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) lo hiciera público.
"Oficialmente despedido de canal 12, que es la Sonora también, sin causa justificada, solo le dicen a uno ya no queremos tus servicios , lo siento, salú. Creo que no es ético. Tienen que explicar por qué, pero bueno a buscar trabajo después de 22 años de laborar en radio. El director de noticias del 12 es quien me notificó no el gerente de la radio, que conste", dijo en Facebook dolido por la decisión de la empresa de comunicación.
El presidente de APES, Serafín Valencia, me dijo que conversó con René: “yo hablé con él el día de su despido y le ofrecí apoyo legal y jurídico, además denunciar públicamente su caso. Pero me dijo que no quería proceder de esa manera, sólo quería que supiéramos que no le gustó la forma en que lo despidieron”.
Y nadie habló mal de René, siempre es así. Hubo una lluvia de mensajes en las redes sociales, lamentos por su partida y pésames a su familia, principalmente para su hija, producto de la unión con la también colega querida Maribel Montenegro, a quien conozco desde sus tiempos de estudiante de la carrera u oficio como le llamamos.
También se publicaron esquelas en esas mismas redes y en periódicos, pero René estaba muerto. Lo encontraron en su casa desmayado y no llegó a tiempo al hospital. Alguien dijo que su despido injustificado del sitio en que laboraba le impactó y no se recuperó.
Cuando le pregunté a Serafín sobre el caso de René y de su negativa a que se denunciara la separación de su cargo de jefe de prensa de la estación, que es parte de la corporación recientemente fundada Red Salvadoreña de Medios (RSM) que también conforman los canales de televisión 11 y 12 me dijo que era cierto. “Él era así, muy humilde”.
Luego me explicó que “APES está preparando un documento llamado ´Estatuto del Periodista´, con el cual pretendemos ir a las empresas periodísticas a procurar el respeto al periodista y cumplimiento de sus derechos laborales”.
Y es cierto, como muchos salvadoreños, los periodistas no tenemos garantías de que las empresas van a respetar nuestra labor profesional, trayectoria o ejercicio ético del trabajo, tan vinculado a la realidad del país. El día menos pensado –para nosotros- somos despedidos y las razones sobran; con el agravante que casi nunca se sabe, nadie o casi nadie dice nada, afortunadamente hoy tenemos las redes sociales en las que a veces descargamos rabia o frustración.
Pero los medios, especialmente, los más influyentes y que cuentan con la factura publicitaria más importante de las empresas comerciales y, pese a todo, de las estatales, son solidarios y no publican ese tipo de noticias, mientras que en el gremio nos hace falta eso, entender que unidos somos más fuertes y con ello fortalecer nuestras organizaciones.
Valencia sostuvo que el Estatuto que analizan “ayudaría a que no se cometan esos sorpresivos despidos que terminan afectando la salud emocional e integral de los periodistas, sobre todo de los veteranos cuando nos sorprenden, como le pasó a René”.