Por Alonso Rosales
El aumento de las muertes de motociclistas se ha convertido en una de las principales alertas de seguridad vial en El Salvador. Las estadísticas oficiales muestran que este sector de usuarios de las carreteras continúa siendo el grupo vulnerable con mayor número de víctimas mortales, mientras las autoridades endurecen las exigencias para quienes conducen motocicletas.
el incremento de la mortalidad de motociclistas y recuerda a los conductores las nuevas obligaciones establecidas después de las reformas a la legislación vial.
Los datos disponibles revelan la dimensión del problema. Entre el 1 de enero y el 21 de julio de 2026 se contabilizaron 364 motociclistas fallecidos, frente a los 250 registrados durante el mismo período de 2025. El incremento es de 114 muertes, equivalente al 46 %. En ese mismo período se reportaron 3,107 siniestros relacionados con motocicletas y 3,044 personas lesionadas.
La motocicleta, por sus características, deja al conductor mucho más expuesto que un automóvil ante una colisión. Por ello, la velocidad, la distracción, las maniobras indebidas y la ausencia de equipo de protección pueden convertir un accidente aparentemente menor en una tragedia.
De hecho, la distracción del conductor aparece como la principal causa de los siniestros de motocicleta, con 696 casos; le siguen invadir el carril, con 424; la velocidad excesiva, con 381; no guardar la distancia reglamentaria, con 337; y no respetar las señales de tránsito, con 327.
Las nuevas reglas para los motociclistas
Las reformas a la Ley de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial modificaron algunas de las condiciones bajo las cuales pueden circular los motociclistas.
Una de las novedades es la regulación del denominado “tercer carril”, que permite a las motocicletas desplazarse entre las líneas divisorias de los carriles únicamente bajo determinadas condiciones. La velocidad durante esta maniobra no debe superar los 25 kilómetros por hora y está prohibido rebasar por el lado derecho.
La normativa también mantiene prohibiciones importantes: los motociclistas no pueden circular por hombros de carretera, ciclovías, aceras ni sobre la línea amarilla. Tampoco pueden utilizar el espacio entre carriles para realizar maniobras peligrosas en intersecciones con doble línea amarilla.
Casco certificado y equipo obligatorio
Uno de los cambios de mayor relevancia es la obligación de utilizar casco certificado, tanto para el conductor como para el acompañante. La normativa también contempla el uso de anteojos especiales y chaleco reflejante en las condiciones establecidas para determinadas maniobras.
El incumplimiento de estos requisitos puede ser considerado una infracción muy grave, con una multa de $150.
La legislación también establece que una motocicleta puede transportar como máximo a dos personas, es decir, el conductor y un acompañante.
A estas obligaciones se suman otras disposiciones relacionadas con las condiciones mecánicas y modificaciones de las motocicletas. Cambios no autorizados, como determinados sistemas de iluminación, escapes ruidosos o modificaciones que alteren las características registradas del vehículo, pueden generar sanciones de hasta $150, según la infracción.
Una reforma que llega en medio de más muertes
El problema central es que las nuevas normas aparecen en un momento en que la mortalidad de motociclistas está creciendo con mayor rapidez que otros indicadores de siniestralidad.
Hasta el 21 de julio, El Salvador acumulaba 811 fallecidos por siniestros viales. Los motociclistas representaban el grupo vulnerable con mayor número de víctimas, por encima de los peatones, que contabilizaban 280 fallecidos, y los ciclistas, con 20.
El panorama general tampoco es alentador. Entre enero y junio de 2026 se registraron 11,509 siniestros viales, 7,880 personas lesionadas y 734 fallecidos, cifras superiores a las del mismo período de 2025.
La discusión, por tanto, no debería limitarse a cuánto cuesta una multa. El verdadero desafío es evitar que las sanciones se conviertan únicamente en un mecanismo de castigo después de una infracción y conseguir que las nuevas reglas produzcan un cambio real en la conducta de los conductores.
Las cifras muestran que no basta con tener una motocicleta, licencia y documentos en regla. Conducirla implica asumir una responsabilidad adicional debido a la exposición física del motociclista.
La combinación de velocidad, distracción, invasión de carril, maniobras indebidas y falta de protección está dejando una factura demasiado alta para las familias salvadoreñas.
El aumento de 46 % en las muertes de motociclistas debe servir como una señal de alarma. Las nuevas normas ya están sobre la mesa; ahora corresponde a conductores, autoridades y demás usuarios de las carreteras cumplirlas y hacerlas cumplir.
Porque detrás de cada cifra hay una persona que no regresó a casa.


