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sábado, 31 de julio del 2021

Minga le digo

Leyendo a Alvaro García Linera (exvicepresidente boliviano), su libro sobre Socialismo comunitario, un horizonte de época, me llamó la atención un mensaje que él compartió en un encuentro de partidos de izquierda europeos, luego de llamar la atención por la resignación de estos sujetos políticos frente al neoliberalismo en este continente, pasa a mencionar que la izquierda de este territorio debe contagiar de esperanza a la gente, despertar una nueva fe por el mundo alternativo expuesto en el discurso y alimentado en el corazón.

El autor dijo en aquel encuentro: “[…] necesitamos reconstruir la esperanza, que la izquierda tiene que ser la estructura organizativa, flexible, crecientemente unificada que sea capaz de revitalizar la esperanza en la gente, un nuevo sentido común, una nueva fe, no en el sentido religioso del término, sino una nueva creencia generalizada por la que las personas apuestan heroicamente su tiempo, esfuerzo, espacio y dedicación”.

Ahora que la Minga del suroccidente comenzó con una larga fila de chivas, transportando rebeldía y todo lo necesario para aguantar días y noches fuera de casa, vuelve a ponerse sobre los comedores y charlas cotidianas una llama de esperanza. En esta ocasión alrededor del pueblo indígena principalmente, junto al pueblo campesino, afro, los sectores juveniles, mujeres que se suman desde las ciudades a esta jornada de indignación popular.

Esta Minga arrancó el 12 de octubre, fecha de protestas y actos simbólicos en monumentos y redes sociales contra la invasión española, cuyos intercambios simbólicos anti-coloniales ayudan a reforzar el objetivo político de la Minga de este año, pues las masacres, asesinatos selectivos y guerra sucia contra las comunidades motivaron fuertemente esta jornada de protesta.

¿Qué soporta aquella esperanza de la que habla Linero? ¿Cuál es ese otro sentido común que despierte la creencia de la gente de a pie? Por lo menos, las denuncias por el terrorismo de Estado contra las comunidades no tiene la fuerza para hacer suspirar por un mundo nuevo, ya que despierta la indignación con sus mensajes. Ahora, los pueblos indígenas en su actuar resaltan al territorio y la vida, su derecho a defender el territorio y por su puesto sus logros organizativos e institucionales territorializados, pero tiene la limitante implícita de no recoger a aquellos sectores que no son indígenas, aunque si despiertan la admiración, respeto y apoyo de estos últimos, sin embargo, no se camina por un mismo sendero estratégico.

Consideraría que la exigencia de habitar y defender el territorio de las comunidades rurales, junto al resto de las banderas políticas que alimentan sus procesos organizativos, debe tener aquel elemento simbólico y material que vaya más allá de despertar apoyo de [email protected] citadinos y, logre demostrar la validez y legitimidad de aquel mundo aún escondido entre consignas y discursos reiterativos. Por ejemplo ¿cómo se traduce en los barrios eso de “habitar y defender el territorio? si la vida en el campo y la ciudad está subsumida por el capital, cuyo destino natural impuesto por ese modelo económico es la resignación a morir empobrecido ¿cuál es la propuesta que combata y aplaste ese destino natural impuesto? ¿bajo qué formas de juntanza y promoción de unidad se hablaría con otros sectores organizados y no organizados pero con capacidad de movilización?  

Son largas las respuestas a estas y otras preguntas que rodean a los protagonistas de la Minga 2020, quienes una vez más están en la primera línea de movilización. Espero que al igual que el riachuelo, se sumen más corrientes de agua para que se desborde en un momento de la historia, con un nuevo amanecer.

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