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lunes, 29 de noviembre del 2021

Más que los 100 días de Bukele, Importa más el Millón que lo Eligieron

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La  victoria electoral de Trump, Bolsonaro, AMLO, Macri y Bukele ha establecido como se va hacer campaña de ahora en adelante, querámoslo o no. Es más, sino fuera por el inminente retorno de los peronistas al poder en Argentina, pareciera que la nueva forma de hacer política, les aseguraría una reelección a los recién ungidos en este continente. Al igual que otrora, el tren, la radio y la televisión le sirvieran a los Roosevelt y a Kennedy, para hacer campaña y gobernar, ahora el teléfono “inteligente” ha venido facilita el trabajo a los líderes “populistas” elegidos en el último lustro.  Lo sorprendente de la derrota electoral de los partidos tradicionales sugiere una implosión de la clase política en casi todos los países. A falta de una ideología clara entre las dirigencias políticas, la proliferación de partidos-empresa y la atomización de los partidos tradicionales, amenaza la estabilidad del Estado en estos países, y El Salvador no es una excepción.

El documental de Netflix, Nada es Privado, (The Great Huck en inglés), ofrece en detalle cómo el equipo de campaña de Trump le comió el mandado a Hillary Clinton, para quien la presidencia estaba asegurada. A pesar de que los demócratas que alegan la intervención de los rusos en la contienda electoral, el “qué pasó” no es tan relevante como el “cómo pasó”.  Los estadounidenses no pueden alegar intervención extranjera en comicios electorales, porque ellos han intervenido en elecciones abierta y encubiertamente en muchos países del mundo, por más de un siglo. Tal como el documental lo explica, la campaña de Trump obtuvo y analizó información de los votantes de estados claves, a través de sus perfiles de Facebook, y focalizó su propaganda en los indecisos. Mientras su contrincante demócrata buscaba endoses de republicanos liberales contra Trump a nivel nacional, la campaña del ahora presidente se dedicaba a estados que definirían el resultado.  Hillary Clinton publicó 66,000 anuncios visuales en Facebook, mientras la campaña de Trump desplegó 5,9 millones de estos, dirigidos a votantes indecisos, mayoritariamente desprestigiando a su adversaria.

En El Salvador a Nayib Bukele el uso de las redes sociales le permitió una victoria aún más contundente en las elecciones, y le ha granjeado popularidad en sus primeros cien días de gobierno mientras que la de la oposición se erosiona. La participación de los salvadoreños en el exterior, que hasta la fecha infunde pánico en muchos diputados, se constituyó a partir de septiembre 22 del 2017 en una caja de resonancia de Bukele que causó impacto al interior del país. Ese nodo que se creó entre los salvadoreños desencantados  con el FMLN y ARENA en las principales metrópolis de Estados Unidos, le ha servido al presidente para ejercer presión popular a la asamblea legislativa en los primeros meses de su gobierno.

Muchos han sido los análisis de los primeros cien días del gobierno de Nayib Bukele, como los parámetros mismos que se han usado para evaluarle.  Al igual que otros políticos, el presidente prometió en campaña muchas cosas para los primeros días de su gobierno, que han sido munición para sus detractores, las cuales sin el apoyo que ha mantenido en las redes sociales, hubieran impactado negativamente su popularidad. Lamentablemente la situación precaria en que se encuentran los partidos de oposición no les permite actuar ni en defensa propia.  Si lo sorprendente del resultado de las elecciones fue un presagio de la implosión de la clase política, el pobre protagonismo  de ARENA/FMLN y la rendición del resto de partidos, en los primeros cien días de Bukele, son una clara muestra que están a la deriva o a merced del apoyo del mandatario para su participación en las próximas elecciones de alcaldes y diputados.

Si bien su campaña de “control territorial” ha logrado establecer confianza en bastante de la población sobre su capacidad de reducir la violencia, su inusual estilo autoritario, la improvisación y turbulento despegue de algunos ministerios, han dejado flancos que una oposición seria hubiera podido aprovechar. Sin embargo esta brilla por su ausencia o limita su accionar a ofensas que sólo divierten a sus bases, sin opinar ni proponer políticas públicas como las relaciones exteriores.  

Por su parte, los grandes partidos de oposición demostraron no tener más de 21 mil miembros cada uno, en sus recientes elecciones internas, ARENA está perdiendo cuadros como las ratas que huyen de un barco y el FMLN no acaba de entender su propia existencia maniatado en la duda si el último que se quede apaga la luz o se lleva el foco. Ninguno de los dos partidos tiene un análisis de la realidad del país, ni mucho menos como ser una oposición decente, en términos políticos, no morales.

Más que hacer una evaluación de lo que ha hecho Bukele en sus 100 días, debería evaluarse qué está pasando con el más de un millón de votantes que le dieron el gane a la presidencia.  Cien días no alcanzan ni para terminar las obras que dejó a medio andar el gobierno de Sánchez Cerén, que no son pocas.  Este 1,106,526 votantes críticos que castigaron al FMLN — ¿en verdad piensan que los dos gobiernos anteriores hicieron todo malo?  ¿Creerán también que el FMLN no promovió el neoliberalismo y el militarismo durante la semana cívica?  ¿Será que creen que Funes y Sánchez Cerén no trabajaron de la mano con Estados Unidos y que la dirigencia que hoy manda a despotricar contra el imperialismo Yankee, no recibió millones de dólares “yankees” para implementar muchas de sus obras infraestructurales?

La recién desempolvada retórica de guerra fría optada tanto por el FMLN como por ARENA al invocar al mayor Roberto D’aubuisson, a Farabundo Martí, Dimas Rodríguez y otros, es ingenua y peligrosa. En momentos que la población se preocupa por su seguridad muchos areneros viejos favorecen la represión, mientras entre los cuadros del FMLN se habla de retomar las formas de lucha de los ochentas. Este tipo de retórica ya está cobrando víctimas de violencia política, como la que se ha denunciado en el ISSS. Ojala que la inteligencia del estado salvadoreño no vaya optar por retornar a la guerra fría, y capitalice más en la simpatía del presidente entre el pueblo y no en la venganza política salpicada de pólvora extranjera.

Tanto el presidente como la oposición necesitan darse un respiro en su guerra mediática y analizar lo que le va ser posible al país en los próximos cinco años. Si bien Nayib Bukele ha declarado su intención de colaborar con EEUU en asuntos migratorios y geopolíticos, no habrá otro FOMILENIO como el que gozaron los dos gobiernos del FMLN.  Es más, el giro que está tomando la política exterior de Trump, la posible recesión y el aumento al precio del petróleo, no son muy promisorios de ayuda económica.  Una mayor apertura a la inversión extranjera manufacturera implica más desregulación laboral, la cual aumenta los conflictos laborales. La oposición que va a tener más espacio son las organizaciones sociales. Los partidos deberían de estimular o por lo menos permitir la independencia de los movimientos laborales para que puedan ser efectivos en la reivindicación de sus derechos y solución de sus necesidades más sentidas.

Una oposición responsable con partidos fuertes es necesaria para la democracia en El  Salvador. Pero un movimiento social, es imprescindible para una dinámica de desarrollo social humano.  Sin ayuda extranjera y sin una oposición constructiva ni los planes infraestructurales de Bukele, ni la recuperación del prestigio de la Asamblea Legislativa son viables en el país. No debe dejarse que el temor ciego de las fuerzas políticas propias y detractoras incinere la cohesión social alrededor del proyecto Plan Cuzcatlan que ha prometido resolver las necesidades de transporte, salud y seguridad del país.  Ni la inactividad legislativa ni el atrincheramiento partidario reportaran buenos resultados en las elecciones del 2021.  Tanto los partidos de oposición como los que por hoy participan del poder deben hacer lo suyo para ganarse el voto de los salvadoreños.

Debido a lo ecléctico de la composición de Nuevas Ideas, no es claro el rumbo que tomara la su membresía en la próxima contienda electoral.  A pesar de que la simpatía y apoyo al presidente Bukele es un factor común en la mayoría de miembros y simpatizantes de Nuevas Ideas, al menos cuatro tendencias cobran expresión en muchas municipalidades. Además de los miembros de GANA que buscan candidatura bajo el color turquesa, simpatizantes de Cambio Democrático y Movimiento Nuevo País se disputan la representatividad en los próximos comicios. No obstante su pretensión de ser un movimiento horizontal, muchos de sus miembros esperan orientación vertical del presidente. Este juego orgánico deja espacio para la migración partidaria, especialmente de individuos que ya probaron las mieles del poder.   

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Mauricio Alarcón
Columnista Contrapunto
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