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miércoles, 12 de mayo del 2021

Luis, el hondureño que huyó de la invasión salvadoreña de 1969

La "˜Guerra de las 100 horas"™ ha sido contada por los libros de historia salvadoreña desde una perspectiva; en Honduras esta versión es diferente

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Los húmedos dí­as de finales de junio y principios de julio de 1969,  se respiraba paz en la comunidad Guarita, departamento de Lempira en el suroccidente de Honduras.  Los niños iban a las escuelas y los vecinos salí­an por las mañanas a recoger  elotes a las milpas y sembradí­os de maí­z que cultivaban con la venia de las primeras lluvias invernales de este sector del trópico.

Allí­ no estaban tan al tanto de la convulsionada vida polí­tica de su vecino del sur, El Salvador. Su vecino más pequeño, que entonces planificaba invadir su territorio llevando pavor a los habitantes de comunidades limí­trofes como Guarita. Pero los rumores de guerra fueron cada vez más fuertes, hasta que dio inicio la guerra de las 100 horas entre Honduras y El Salvador de 1969.

Alrededor de una de las guerras más cortas de la historia rondan varias causales como las presuntas injusticias y difamaciones que sufrí­an los salvadoreños que buscaban oportunidades de trabajo en suelo catracho, o la inverosí­mil teorí­a de la “guerra del fútbol”, atribuyendo su explosión al partido que ganó El Salvador 3-2 a Honduras y que les dejó fuera del Mundial de México 1970, ocurrido el 26 de junio de 1969.

“”En Honduras nos ganaron con un gol de vacilón, pájaro picón picón””, cantan y recuerdan en Honduras la agria derrota que los dejó sin Mundial de Fútbol.

Luis Armando Hernández es músico, de alta estatura, delgado y de bigote. Él cursaba quinto grado de primaria en una de las escuelas de Guarita. ContraPunto habló con él. Cuenta que el Ejército hondureño habí­a llegado procedente de San Pedro Sula desde hací­a unos meses porque ya habí­a rumores de guerra con El Salvador, pero se gastaron las municiones y se retiraron dejando a Guarita sin seguridad.

“”Cuando entró el Ejército salvadoreño solo habí­a señoras y niños en el pueblo. Las muchachas estaban en otro lado porque las violaban””, recuerda Luis. Dice que en ese momento en la comunidad solo se hablaba de huir de la invasión salvadoreña.

Es 14 de julio de 1969 cerca de las seis de la tarde cuando aviones y tropas provenientes de El Salvador ingresaban a territorio hondureño por su frontera sur. Era una guerra, no un ejercicio ni una advertencia.

“”Anduvimos alrededor de dos semanas huyendo previo a la invasión salvadoreña. Llegamos a una molienda. Al escuchar los rumores la gente salió a esconderse. Al lugar donde yo estaba llegaron los salvadoreños y a un señor le preguntaban dónde estaban todos los varones. Lo golpearon y cayó el señor. Se fueron al ver que no habí­a nadie””, relata Luis.

Dice que lograron comunicarse con un alto oficial del ejército que estaba en San Pedro Sula y que era originario de Guarita. Él les propició un bus y un comando militar para sacar a toda la gente, llevando solo lo que tení­an puesto.

“”Salimos de madrugada. Nunca me habí­a subido a un carro ni habí­a visto a una persona de raza negra porque de ese lado de la frontera sabí­an que en El Salvador no los dejaban entrar porque era prohibido””, dice Luis. 

Se asustaron cuando los vieron. Los militares hondureños llevaban en sus tropas  a gente de raza negra para que les preparasen la comida y como asistentes.

Lograron llegar a donde una tí­a en San Pedro Sula que era dueña de un mesón. Los alojó y Luis logró terminar ahí­ su quinto grado de primaria. Guarita quedó desierta.

Luis y sus  10 hermanos huyeron con su madre. Su padre era músico de la Guardia de Honor Presidencial, y quizás de él heredó su pasión musical que hoy ejecuta siendo el trombonista de una orquesta llamada La Banda de los Supremos Poderes que ensayan en algún edificio de Tegucigalpa, lugar donde sucedió esta entrevista.

Se casó, estudió sin finalizar la licenciatura en música  y vive desde 1971 en Tegucigalpa, la capital hondureña, pero el drama y el pavor de huir de los salvadoreños hace 48 años aún están en su memoria.

La guerra finalizó el 18 de julio con un saldo de más cuatro mil muertos y más de 15 mil heridos, con secuelas de litigios limí­trofes entre ambos paí­ses que hoy viven en paz.

Video cortesí­a: Crónicas El Salvador

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