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sábado, 16 de octubre del 2021

Los antiguos secretos del sexo: las 16 posiciones del manual renacentista

En el siglo XVI se publicó un librito que recogí­a 16 grabados eróticos copiados por un pupilo de Rafael y que supuso un escándalo en la Italia renacentista, papa incluido

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Cuando hablamos de un libro clásico que recopile posiciones sexuales, todos pensamos rápidamente en el Kamasutra. De esa manera, pasamos por alto que en la tradición europea más clásica ya existió un libro que, sin el nivel de detalle del texto indio, ya recogí­a 16 distintas posiciones sexuales. No hace falta irse al perí­odo Gupta; podemos bajarnos un poco antes, en la Italia renacentista del siglo XVI.

Hablamos del ‘I Modi’ (‘Las maneras’, ‘Los dieciséis placeres’ o, en latí­n, ‘De omnibus Veneris Schematibus’), que fue creado por Marcantonio Raimondi (1480-1534) ““grabador de Rafael Sanzio““ a partir de una serie de pinturas de Giulio Romano. Este volumen ha vuelto a la actualidad gracias a la exposición sobre la obra de Raimondi que aloja el Museo de Manchester, y que provocó que el autor terminase en la cárcel por su rompedora representación de la vida sexual a través de personajes mitológicos e históricos. En España, puede adquirirse la edición publicada por Siruela en 2008.

El papa Clemente VII sabí­a reconocer el porno cuando lo veí­a, y por eso Raimondi terminó siendo encarcelado

La historia es explicada en un reciente reportaje de ‘Salon‘. Las pinturas originales habí­an sido diseñadas por Giulio Romano (1499-1546), otro de los aprendices de Rafael, para el Palacio del Té de Mantua. Era un encargo de Federico II Gonzaga, por lo que tan solo sus invitados verí­an las pinturas. Como explica Noah Charney, era habitual en la época que los señores y prí­ncipes encargasen obras que, aunque de carácter aparentemente mitológico, tuviesen una intencionalidad erótica. Es algo que explica también John Berger en ‘Modos de ver’: gran parte del arte europeo renacentista apela al deseo de la mirada masculina.

Del carácter público del libro publicado por Raimondi se deriva la polémica que provocó que todos los ejemplares fuesen destruidos por la Iglesia católica y que el papa Clemente VII lo mandase a prisión. “Sabí­a reconocer el porno cuando lo veí­a”, asegura el periodista de ‘Salon’ del máximo pontí­fice. En realidad, se puede decir que Raimondi estaba pagando de manera indirecta su costumbre de adueñarse del trabajo de los demás, y que ya le habí­a llevado a enfrentarse con Durero.

A esta primera versión hay que añadir otra acompañada tres años después por otros 16 sonetos de Pietro Aretino,  que consiguió sacar a Raimondi de la cárcel y reeditar su polémico libro. Aretino era uno de los grandes personajes sociales de la época, un prí­ncipe que albergaba fiestas desenfrenadas en su palacio y que ejercí­a como diletante artí­stico, escribiendo obras de teatro, sonetos o  cartas. Según la leyenda, explica Charney, Aretino murió de un infarto por reí­r demasiado fuerte de un chiste verde sobre su hermana.  El papa también mando destruir la nueva tirada de libros, pero gracias al mercado negro, ha sobrevivido algún fragmento hasta nuestros dí­as que  ha permitido que otros artistas como Anibale Carracci realizasen sus propias interpretaciones sobre las mismas.

Las nuevas reglas del arte erótico

¿Por  qué es tan importante ‘I Modi’ en la historia del arte occidental, y por qué supone una ruptura respecto a la tradición medieval? Aquí­ hay un  puñado de caracterí­sticas identificadas por aquellos que, como los autores de un estudio editado en ‘Journal of History of Sexuality‘,  se han internado en su misterio: el gran tamaño de algunos miembros viriles masculinos (que se diferencian de la representación clásica, donde eran mucho más pequeños); la representación explí­cita de la vulva femenina (como se puede comprobar en el grabado de la Venus Genetrix); o la representación de sátiros femeninos.

En  los grabados aparecen también personajes históricos como Antonio y Cleopatra, a quien se descubre en una posición de misionero lateral

Pero  vamos a los que interesa (o, al menos, lo que le interesaba a Federico II de Gonzaga cuando encargó esta obra para los murales de su hogar): las posiciones sexuales  que aparecen representadas en estos cuadros se parecen sospechosamente a  muchas de las que conocemos hoy en dí­a, solo que con otros nombres. Es el caso de la conocida como “Julia la con un atleta” y que representa lo  que hoy conocerí­amos como ‘vaquera invertida’, en la que la mujer se siente encima del pene del hombre y lo cabalga.

No es la única postura que nos puede sonar de algo. Si echamos un vistazo al muy explí­cito grabado “Marte y Venus“,  veremos lo que popularmente se conoce como el misionario invertido, es decir, con la mujer encima del hombre (¿o se trata más bien de la postura ‘vaquera’, solo que con el personaje femenino, nada menos que Venus, inclinado sobre el varón?). También hay una representación del misionero tradicional (es decir, con el hombre encima) y lo encontramos en el grabado de Polienos y Crisis, que bien podrí­a formar parte de cualquier ví­deo pornográfico encontrado en páginas como Pornhub.

La  mirada masculina es satisfecha de manera evidente en cuadros como ‘Alcibí­ades y Glicera’, en el que el hombre se sitúa de espaldas al observador mientas que la mujer muestra su gesto de satisfacción. Como hemos dicho, también hay personajes “reales” en las figuras representadas, como si se tratase de una especie de ‘fan fiction’ erótica de los grandes personajes de la historia. Es lo que ocurre con Antonio y Cleopatra  y su misionario de lado, un grabado en el que puede identificarse claramente cómo el romano introduce su miembro en la vagina de la última  reina del Antiguo Egipto. ¿Excitarí­a esta visión a los nobles renacentistas, como hoy lo harí­a un juego de roles?

Hay una voluntad clara de excitar al espectador en ellas, al contrario de lo que ocurre con otras obras de la época

Como  ya hemos señalado, es una de esas contadas ocasiones en la tradición humanista en la que el miembro masculino es dibujado con un gran tamaño.  Como no puede ser de otra manera, a través de Priapo (o Pan), que da nombre a la enfermedad en la cual el varón no puede relajar su erección continua y dolorosa. Según la leyenda, este dios menor simbolizaba la fuerza fecundadora de la naturaleza y su figura solí­a colocarse en los jardines de los señores romanos. En el grabado que recoge ‘I Modi’, este  aparece como un sátiro que observa, con su pene inhiesto, una í­ntima relación amorosa.

Tan  solo el grabado de la Venus Genetrix no presenta el acto sexual, probablemente porque se mostraba en la portada (y no queremos que los censores se enfaden, ¿verdad?). Entre el resto de llamativas posiciones sexuales que pintaba Raimondi se encontraban también el misionario de pie (gracias a la inestimable ayuda de la fortaleza de Hércules, que sujeta con sus brazos a su tercera esposa, Deyanira); la masturbación del hombre a la mujer (Eneas se sirve de su í­ndice izquierdo para satisfacer sexualmente a su esposa Dido); o la siempre complicada posición de pie (cortesí­a de Aquiles y Briseida, que de esta manera, representan el que puede considerarse el arranque de la ‘Ilí­ada’ de Homero).

Estas  imágenes nos ayudan a entender a la perfección la diferencia entre el desnudo y lo pornográfico. Como recuerda Chesney, hay una voluntad clara  de excitar al espectador en ellas, al contrario de lo que ocurre con otras obras de la época (¿acaso tienen algo que ver con, por ejemplo, ‘El nacimiento de Venus‘ de Botticelli,  pintado en 1484)? El tema mitológico, y el hecho de que en la mayor parte de casos se trata de matrimonios (como ocurre con el grabado de Antonio y Cleopatra) no nos llevan a equivocación; no son más que la excusa para representar como muy pocas veces actos sexuales explí­citos.

Tomado de: El Confidencial.

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