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martes, 9 junio 2026
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Líderes del mundo libre

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Por Gabriel Otero

2026 se perfila como un annus horribilis, el peor en lustros, sin resquicio para la esperanza, no hay sombras para apaciguar los rayos del sol, ni escudos para protegerse de bombas y balazos.

Los líderes del autodenominado mundo libre son hoy una mezcla de desmedida ambición empresarial y mesianismo, tienen una desfachatez planetaria y ausencia absoluta de escrúpulos. Las apariencias ya no importan, las máscaras ya no sirven para nada, ya no pueden reprimirse las ganas de aniquilar a otra raza, a otro país, o a otro continente.

Son corifeos carismáticos de las malas nuevas, tienen millones de seguidores alelados y embrutecidos por el encanto de las palabras, todo se justifica en favor de la ideología, la libertad, la democracia y la religión, el actual fentanilo de los pueblos.

Los líderes buscan a peleles y comparsas que quieran salir en la foto al lado de ellos, dirigentes de países lejanos o sin importancia estratégica que empeñan sus tierras para demostrar que son dignos y favoritos de recibir menores aranceles, o guiños a largo plazo que impliquen préstamos blandos. 

Dice Sean Penn, el rebelde y multipremiado actor, que la admiración es la droga más barata y adictiva, el ego se alimenta del aplauso, y las masas sacan a relucir su peor cara y sus espantosas intenciones, su egoísmo es reflejo de los que eligen. Los líderes y salvadores no surgirían sin la adoración, sin esa certeza meridiana de que están predestinados a violentar la historia.

Y siempre quieren cobrar viejas afrentas, sean de cualquier clase, tienen una espléndida memoria para recordar ofensas y son muy afectos a la reinvención y la mitomanía, todo se adecúa a su visión de mundo, nada se sale de su esquema, cueste lo que cueste, todos deben estar a su servicio.

El culto a la personalidad es fundamental para los líderes del mundo libre, sus caprichos son políticas de Estado, la segregación racial es solo un proceso de selección para escoger a sus sirvientes por su color de piel, estos jamás serán considerados ciudadanos de primera, por mucho que sean los cancerberos de sus fronteras o sus principales electores y se apelliden Martínez, Rodríguez o López.

El único consuelo es que los líderes son finitos, por más daño causado por ellos siempre se podrá rectificar el camino, aunque las visiones del apocalipsis sean ahora más frecuentes.

Que concluya este annus horribilis.

Gabriel Otero
Gabriel Otero
Escritor, editor y gestor cultural salvadoreño-mexicano, columnista y analista de ContraPunto, con amplia experiencia en administración cultural.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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