martes, 18 junio 2024

Las malas intenciones de Mariela Córdova y su Trilogía del Color…

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"Algo inédito entre los pintores sudamericanos, es lo que está por terminar Mariela Córdova. En lugar de un proyecto o etapa pictórica, ella se ha lanzado a una trilogía de la pintura y la alquimia". Reportaje de Hans Alejandro Herrera

Por Hans Alejandro Herrera Núñez


El tiempo es un círculo plano. La artista plástica y quiromántica de la pintura, Mariela Córdova, ofrece el final de una exploración pictórica cargada de un extraño simbolismo. Entre la abstracción, el surrealismo, la geometría y la carne, Mariela termina un ciclo de toda una obra construida a lo largo de una década. Algo inédito entre los pintores sudamericanos, más sujetos a etapas que a proyectos continuos como una trilogía de la pintura.

El significado lo adivinaba, confusamente. Esta es una crónica de los ojos y el corazón más que otra aburrida columna de crítica pictórica. Si bien existen patrones para medir el lenguaje de un pintor (manejo de la luz, uso del blanco, punto de fuga, referencias a escuelas, etc.), el caso de Córdova es distinto, hay algo en su obra que no cuadra dentro del cuadro, que no es una pintura “normal” ni “domestica”. ¿Alguna vez han sentido que un cuadro les mira? Aquí paso algo que no alcanzo a entender y ese es el peligro, porque en efecto existen los cuadros peligrosos, unos que dicen más de lo que muestran.

“Honestamente no sé que estoy viendo”, es lo primero que pensé años atrás al ver algunos de sus cuadros, hace dos meses pude añadirle este otro pensamiento: “lo que estoy viendo tiene extrañas intenciones”. En el mundo de lo esotérico, lo oculto debe estar a la vista, el secreto es evidente, pero no sé alcanza a ‘ver’. La pintura no se trata precisamente de ver sino de sentir lo que las formas sugieren. La obra de Mariela es extraña por eso, primero porque hace algo que no recuerdo haga a consciencia un artista plástico, como es cada tantos años desarrollar una nueva fase de un proyecto más grande, y no me refiero a la etapa premenopausica de Picasso de su periodo azul, aquí hay otra cosa, aquí hay un plan de trabajo a largo plazo.

De su obra algunos periodistas han rescatado su valor de geometría descriptiva, que la pincelada orgánica, que lo simbólico… ¡Floro! Tienen ojos y no ven. Por separados sus cuadros son caprichos argumentales, perfectos para la oficina de una banquero que confunde a Monet con Manet, pero reunida la vista de la obra en una panorámica de una década, el sentido es más que un juego de formas. Cómo dicen en Galicia, “no creo en las brujas, pero de haberlas hay”.

Una manera de comprender esto un poco mejor es tomar el ejemplo de la carta tarot. El tarot esconde símbolos dentro de símbolos, el significado está a la vista, pero se engaña al ojo para que solo el iniciado entienda. La carta 10 de espadas de la baraja de tarot Rider-Waite es un ejemplo. A primera vista vemos un hombre muerto boca abajo con diez espadas atravesándole el cuerpo. Sin embargo, tras un examen más detallado de la carta uno puede percibir lo que está escondido: la mano con los dedos cruzados representa un signo que significa…

Con la pintura de Mariela pasa lo mismo. Se muestra algo, pero se esconde a la vista otro tanto. No es tanto lo que ves como lo que puede hacerte sentir cuando percibes lo que quiere decirte.

En su casa te recibe un cuadro cargado de simbolismo imposible de describir por las implicancias inherentes. Pero ese cuadro tiene un negativo en otro, lo cual es una radiografía de las formas una vez que descompuso lo figurativo a las bases geométricas. Algunos de esos cuadros siguen esa línea, que parecen constelaciones pero también podrían ser aglomeraciones de átomos o partículas. Otro cuadro parece una mirada endoscópica, incluso aún la vista del universo que envuelve a un feto girando dentro de la matriz materna, una carnosidad que te hace sentir estar allí un minuto antes de nacer. Quizá este cuadro sea una iniciación a los misterios que desvela pero se esconde en esta trilogía pronta a concluir.

Como un tratado alquímico su trilogía se ha compuesto de las siguientes etapas: NIGREDO (2016), ALBEDO (2019) y ahora RUBEDO (2026). Lo que parecen etapas es más bien algo orgánico. Más que un círculo que se cierra en 2026 (ningún pintor peruano habla de su próxima muestra para un año tan angustiosamente lejano) lo suyo parece más una sola obra que forma una espiral. Entre este último giro está lo más resaltante que me recuerda a William Blake: la pintura de Mariela tiene connotaciones, encierra otras intenciones. Porque definitivamente nadie en Sudamérica expone cada tres o siete años. Los números no cuadran, pero el tiempo si.

La chica es guapa, pero es peligrosa. Y su pintora es la piedra filosofal.

“…hoc Venus omnis habet, primò sua gaudia fundit, postmodo sed stimulis corda fruentis agit”.

“…esto conlleva todo placer, primero causa dicha, pero después aguijonea el corazón del que lo disfruta.”

Camerarius, 1617.

Voluptatis praemium.

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Hans Alejandro Herrera
Hans Alejandro Herrera
Consultor editorial y periodista cultural, enfocado a autoras latinoamericanas, Chesterton y Bolaño. Colaborador de ContraPunto
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