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martes, 19 de octubre del 2021

Las barricadas catalanas como retórica

Los automóviles incendiados, los jóvenes tirando piedras a unos policías armados que recuerdan a robocop, las calles llenas de humo, contenedores en llamas y cristales rotos son elementos iconográficos fácilmente asociables a esas gestas liberadoras en las que un pueblo se enfrenta con escasos medios a un ejército ocupante. Estas son las apariencias, las que reinan en las pantallas y los periódicos de la prensa globalizada.

Ante estas apariencias, conviene recordar y hacer análisis. Conviene recordar que un sector nada despreciable de las elites que lideran el nacionalismo catalán es neoliberal y corrupto. La gran familia patricia de dicho sector –los Pujol, esa familia Kennedy catalana que en ciertos aspectos recuerda a la familia Corleone– va a sentarse en pleno frente al juez acusada de corrupción. Si Catalunya lograra independizarse, los Pujol en vez de ir a la cárcel, se irían directo al recinto donde se hospeda a los padres fundadores de la nación. El nacionalismo es maravilloso, lo lava todo, hasta los antecedentes de corrupción.

Conviene recordar, ahí está la red como depósito de la memoria, que tras la última crisis financiera (y sus despidos masivos, desahucios bancarios, recortes estatales, caídas en la peor miseria) y ante la emergencia de una ciudadanía indignada en las calles, un sector de esa derecha ilustrada del nacionalismo catalán fue de los primeros que promovió un endurecimiento de las leyes en contra de los manifestantes. La derecha nacionalista catalana fue uno de los agentes promotores de la ley mordaza en el estado español. Así que puede afirmarse que un sector del catalanismo es tan neoliberal, corrupto y represivo como ese otro sector del nacionalismo español que representa el Partido Popular.

Los muchachos embozados y con las llamas al fondo tan solo son piezas en un tablero donde quienes gobiernan la partida no son precisamente figuras heroicas. Así que conviene dejar las retóricas al margen e intentar el análisis.

De momento, y gracias al nacionalismo de unos y de otros, en España ha pasado a segundo plano el futuro de las pensiones, la precariedad laboral, el desempleo, los empleos basura, la ley mordaza etcétera, etcétera. A la derecha española ese relativo olvido de la cuestión social le resulta enormemente rentable en términos políticos. El nacionalismo catalán con sus torpezas mesiánicas le ha venido como anillo al dedo a esas derechas y ultraderechas españolas que extraen muchísima agua del pozo del miedo a la fragmentación de España.

Esos jóvenes que durante los últimos días han tomado las calles de Barcelona será difícil que obtengan algún tipo de rentabilidad política. Dado que las elecciones generales para la presidencia están cerca, el gobierno del PSOE no se va a sentar a negociar con los dirigentes nacionalistas catalanes, porque hacerlo le garantizaría una derrota electoral. Esos jóvenes que durante los últimos días han tomado las calles de Barcelona será difícil que obtengan algún tipo de rentabilidad política para Catalunya, lo que sí logren quizás sea que el próximo gobierno de España lo gane electoralmente la derecha y, aún más, lo que tal vez consigan es asegurarle más diputados a la ultraderecha española en el parlamento que surja de las próximas elecciones. Tal vez eso quiera un sector del nacionalismo catalán: que el futuro gobierno de España sea ultraconservador y más inclinado a exacerbar el enfrentamiento con Catalunya. Cuanto peor sea este escenario, quizás sea más rentable en términos de polarización para unos nacionalistas que anteponen sus intereses al debate sobre la dura cuestión social.

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