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jueves, 05 de agosto del 2021

La revolución del futuro

Cuento de Mario Chávez, escritor y periodista salvadoreño, residente en Canadá

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A los traidores del presente, constructores del porvenir

Es el año 2097 en Centroamérica. Mucho tiempo ha pasado ya desde las guerras del siglo pasado entre gobiernos de derecha, apoyados por los Estados Unidos y grupos guerrilleros, respaldados por la Unión Soviética y Cuba. Ahora, la realidad parece una novela distópica. La Corporación Centroamericana, dirigida por los oligarcas de la región, mantiene al 95% de la población en la extrema pobreza. El otro 4% lo constituye “la clase media”, es decir, los profesionales al servicio de esta nueva dictadura y ustedes ya saben muy bien quiénes son el 1%.

Califico la actual situación de dictadura porque a pesar de que existen elecciones cada cierto tiempo, la izquierda, en realidad, ya no existe. No hay oposición, pues. Los que al final del siglo XX se llamaban izquierdistas se corrompieron después del fin de las guerras de El Salvador y Nicaragua, fueron comprados por el enemigo, traicionaron la causa…

Luego vinieron décadas de payasos en el poder, algunos se autodenominaban izquierdistas, pero eran pura pantalla: lo único que hicieron fue robar cuando ganaban las elecciones. Con el neoliberalismo feliz, contento y campante en todo el mundo, la brecha entre ricos y pobres se extendió hasta ya no poder y así nos encontramos ahora.

Por mucho tiempo, las grandes masas estuvieron adormecidas con las nuevas tecnologías, la falta de educación y las supuestas libertades políticas que se pregonaban por doquier. Como es bien sabido, la gente no hace la revolución por hambre, por muy miserable que sea su situación, sino que la sublevación surge cuando, entre las clases medias, y en especial entre el estudiantado universitario, se llega a un estado de indignación tan grande que hace “estallar la situación revolucionaria”, como dirían los marxistas de antaño.

Disculpen por la larga introducción, pero era necesaria para entender los hechos que han conmovido a la región centroamericana en estos últimos años del siglo XXI: Carlos Gómez es el personaje principal de estos hechos. Hijo de una familia acomodada, que trabajaba para la Corporación desde hacía varias generaciones, el muchacho transformó su pensamiento liberal al entrar en contacto con los clásicos de la literatura revolucionaria: Marx, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Gramsci, etc. Tuvo mucha suerte: es difícil en estos tiempos encontrar libros de tales autores, pero en la Universidad de Guatemala se hizo muy amigo de un viejo doctor en medicina, la carrera que estudiaba, que había dedicado su vida, en secreto, a localizar y acumular esa literatura “maldita”.

De tal modo pues, que el joven Carlos, encandilado por esas ideas, se convirtió, primero, en dirigente estudiantil universitario y poco después, en cabecilla de un “grupo terrorista”, como lo llamaron desde un inicio los periódicos. Y la historia que siguió es muy parecida a lo que sucedió al final del siglo XX: Desde la clandestinidad, Carlos y sus compañeros crearon una guerrilla, altamente compartimentada y con una estructura piramidal bien definida, para que las órdenes de la cúpula se respetaran a sangre y fuego.

Esta guerrilla, que se dio por llamar el Frente de Liberación de Centroamérica, o sea FLC, tuvo un enorme éxito desde el inicio. Sus acciones de recuperación de armamento, asaltos a bancos, eliminación de espías y ataques a las tropas del enemigo fueron espectaculares. Lo único que no lograron hacer, a pesar de muchos intentos fallidos, fue el secuestro de un gran oligarca, pero es que estaban demasiado bien protegidos.

Una vez más, Centroamérica ardió y se bañó de sangre. Pero después de muchos años de lucha, y de cientos de miles de muertos, finalmente la revolución fracasó este año 2097. Recientemente, Carlos fue capturado, ejecutado y sepultado en un lugar secreto, para evitar peregrinaciones de seguidores. Lo interesante del caso es el manuscrito de un libro que ha estado circulando clandestinamente y que es firmado por un tal James Johnson, ex agente de la agencia de inteligencia de los Estados Unidos, la gran aliada de la Corporación en su lucha contra el FLC.

En esencia, lo que cuenta el libro es que, desde un inicio, el gran caudillo Carlos Gómez trabajaba para los gringos. Así lo expone el autor: “Con la gran experiencia de lucha contrainsurgente que contábamos, llegamos a la conclusión, lógica, de que las revoluciones son inevitables en sociedades injustas. Se pueden retrasar, manteniendo a la población dormida por mucho tiempo, pero no eliminar del todo. Y por lo tanto decidimos que, cuando las condiciones estuvieran dadas, en vez de luchar contra los levantamientos político-militares, lo mejor era estimularlos y controlarlos desde un inicio, para mantener el estatus quo”.

El libro relata cómo Gómez fue trabajado desde sus años en la Universidad hasta el “final de sus días”. La agencia lo conectó con la gente adecuada, es decir, “los elementos más avanzados del proceso revolucionario”. Los gringos, incluso, le pasaban la información sobre las acciones guerrilleras que debía emprender. Así se explica su gran éxito y el hecho de que nunca un oligarca fue secuestrado de verdad.

“Nuestra intención era sofocar ese impulso revolucionario que había surgido entre la población Centroamericana, causándole al mismo tiempo cientos de miles de muertos. De esa manera, nos asegurábamos de que todos los revoltosos fueran eliminados, decreciera el poder de la oposición y la gente, nuevamente, entrara en otro estado de sonambulismo como el que estamos viviendo ahora en este rincón del mundo. ¿Cuánto tiempo va a durar esta clama? Esperamos que al menos otro siglo más”, termina diciendo Jonhson, quien en la última línea del libro sugiere que Carlos Gómez aún vive en un hermoso paraíso tropical al otro lado del mundo. 

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