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domingo, 17 de octubre del 2021

La dictadura de la carita feliz

El paso del tiempo perdió su narrativa; ya sólo es un presente sin sentido

 

Haciendo eco de algunas ideas de Byung-Chul Han, digamos que la hegemoní­a de la lógica del mercado es absoluta porque, como él dice, la explotación del trabajo se ha convertido en auto-explotación, ya que el trabajador no necesita de un amo que lo obligue a someterse a la deshumanización del sobre-trabajo, sino que gustoso la asume envuelta en religiosidades, autoayudas y otras conductas socialmente aceptadas por la patronal e impulsadas por la lógica del mercado.

También, que como la monotoní­a de lo uniforme ha anulado el sentido del otro, las otredades se han uniformizado en compartimientos estancos, inventados por la corrección polí­tica, la identity politics, la affirmative action y toda suerte de extravagancias teóricas posmodernas, algunas de las cuales parten de bases cognitivamente firmes pero se banalizan en el hí­per-moralismo polí­ticamente correcto. Esto ha hecho que no tengamos idea de lo que son las otredades en el mundo de lo concreto y que cierta subalternidad subsidiada haga de la industria de la victimización su divisa moral, degradada y pedestre.

Dentro de esta hegemoní­a, la represión militar ha sido sustituida, dice Byung, por el exceso de información y de placeres. Y la necesidad (adictiva) que tenemos de entretenernos ha destruido nuestra capacidad de discernir y reflexionar. En otras palabras, nos auto-controlamos al reprimir nuestra conciencia de clase sustituyéndola por la entretención compulsiva y los paliativos del culturalismo neoliberal oenegista. Tanto así­, que incluso la protesta se ha vuelto una forma de entretención, como lo prueban las revoluciones de colores y el tragicómico 2015 guatemalteco.

La entretención se ha tornado obligada, forzada, angustiosa. El deber de divertirnos nos lleva a trabajar más, a hacer del tiempo libre otra obligación laboral al tratarse de actividades consumistas. La banalidad del ocio lo ha vuelto triste, desesperante, por lo que llenamos ese vací­o con compulsiones forzadamente divertidas. Y al uní­sono, el mercado nos manda superarnos, ser mejores obreros, optimizarnos, dándonos con ello una visión esquizoide del tiempo que, como Byung dice, ya no es narrativo, pues no tiene secuencia ni sentido, sino es una mera sucesión de presentes inconexos, yuxtapuestos y des-jerarquizados: un simple pasar el tiempo.

¿Los medios digitales? Simulacro de libertad, manipulación vestida de albedrí­o, dominación total de la mente y triunfo de las guerras de quinta generación: una humanidad de autómatas. Por eso, las protestas no tienen visión ni estrategia, organización ni liderazgos, finalidad ni filosofí­a. Atacan los sí­ntomas del sistema pero no al sistema. De ahí­ que la cooperación internacional las financie prostituyendo así­ a la sociedad civil.

Es la feroz dictadura de la carita feliz.

www.mariorobertomorales.info

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