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La cólera de los chilenos en los tiempos del corona virus

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Por Roberto Herrera

La última vez que pisé las calles de Santiago  fue precisamente en octubre de 2019, una semana antes que comenzara la erupción social de un pueblo que durante más de cuatro décadas venía sufriendo las consecuencias más negativas y antipopulares del modelo económico apadrinado por el economista norteamericano Milton Friedman, premio nobel de economía 1976 y apologeta del monetarismo, política económica que según él, constituye la base fundamental para la construcción de una economía estable que garantice el crecimiento sostenido y el desarrollo político-económico.

Según la teoría de Friedman el papel del estado a nivel económico estaría limitado a controlar la formación de monopolios, cuya existencia genera irremediablemente un desequilibrio en las relaciones de mercado, y en la promulgación de bajos impuestos y aranceles aduaneros. Teoría económica opuesta al keynesianismo, paradigma económico cuyas políticas-económicas fiscales requieren la intervención necesaria e indispensable del estado.

El monetarismo-neoliberal de la Escuela de Chicago fue aplicado tanto en los Estados Unidos como en el Reino Unido en la década de los setenta del siglo pasado, para posteriormente imponerse en toda Europa. Empero, es importante señalar, que los resultados económicos de la experiencia monetarista obtenidos durante esos años en ambos países demostraron la ineficacia de las políticas monetaristas neoliberales  para la reconducción eficaz y más justa de la economía nacional.

Sin embargo, fue en Chile, después de haberse perpetrado el golpe militar contra el gobierno de la Unidad Popular presidido por Salvador Allende Gossens que las teorías de Milton Friedman pudieron llevarse ─por fin─ a cabo a “raja tabla”. La dictadura militar garantizó manu militari, que el grupo de auto discípulos economistas chilenos de Milton Friedman conocidos como los “Chicago Boys”, tuvieran las manus libres para hacer y deshacer la economía chilena a destajo.

 Sí Michael Jordan, Scottie Pieppen, Dennis Rodman y  Artis Gilmore formaron parte de los gloriosos Chicago Bulls, el famoso equipo de baloncesto norteamericano de la década de los noventa del  pasado siglo, los economistas chilenos serviles a la dictadura militar Sergio de Castro, Jorge Cauas, Pablo Baraona und Roberto Kelly fueron los cuatro “Chicago Bulls Shit” más destacados en el gobierno militar durante el periodo de 1973 a 1990. 

El estrecho vínculo entre los “Chicago Bulls Shit” y la dictadura militar no fue casual ni fortuito, puesto que estos economistas se identificaban de lleno política e ideológicamente con la dictadura militar, y, por lo demás, el monetarismo neoliberal miltoniano estaba en auge en esos años.

Siguiendo las instrucciones de la escuela de Chicago la dictadura militar realizó cambios o reformas estructurales en la economía nacional que impactaron fuertemente a la clase trabajadora. Nombro aquí solamente dos: El Plan laboral de 1979 que afectó y limitó seriamente la capacidad de gestión de los  trabajadores con la patronal y el sistema de pensiones que perdió el carácter de “seguridad social” y se transformó en una “capitalización individual” administrado y gestionado por empresas privadas, las llamadas “Administradoras de Fondos de Pensiones” (AFP).

En resumidas cuentas, las políticas monetaristas aplicadas por la dictadura militar y continuadas por los diferentes gobiernos concertacionistas no tuvieron el éxito esperado por el señor Friedman, por el contrario, Chile sufrió a finales de la década de los ochenta dos de las crisis más grande de su historia, a tal punto que el Fondo Monetario Internacional (FMI) tuvo que intervenir en la economía política chilena.

Es decir, que el pueblo chileno, el “conejillo de indias” del laboratorio neoliberal monetarista, sufrió durante más de cuatro décadas (1973-2019) la parcialidad de la política monetarista y neoliberal capitalista. Sí bien es cierto que Chile ha generado grandes riquezas ─para unos pocos─, también ha producido una gran pobreza en la gran masa anónima. Ahora bien, no es mi interés ni mi intención descreditar en este ensayo las teoría económicas de Milton Friedman, sino más bien resaltar las consecuencias negativas que  dichas políticas tuvieron y tienen en la clase trabajadora chilena. Pues en definitiva, no fue el nobel economista  quien sangró al pueblo chileno, sino la dictadura militar y la recalcitrante oligarquía chilena.

Es en este marco político-económico que surgen los primeros brotes de resistencia popular (la “revolución pingüina”) reflejados en las grandes manifestaciones en los años 2006, 2007,2010 y 2011 de los estudiantes de secundaria, llamados “pingüinos” por el uniforme escolar azul marino-blanco.

Así llegamos al 2019, año en que explota el descontento del pueblo chileno y en Wuhan, China irrumpe con violencia y rapidez el corona virus SARS-CO-V2. Nuevamente el pueblo chileno se tomó las  Alamedas y las calles de aquel ensangrentado Santiago de los setenta del siglo pasado y no las abandonó hasta la fecha, a pesar de la presencia del invisible viral enemigo que también invadió el país de norte a sur.

Cientos de miles de chilenos y chilenas, codo a codo, han expresado diariamente desde entonces su rabia contenida durante décadas y su hartazgo político-social-económico ante  las políticas monetaristas neoliberales impulsadas y sostenidas por los diferentes gobiernos concertacionistas  y de derechas. La cólera histórica del pueblo chileno en los tiempos del corona virus  manifestada en la lucha político-social pese a la represión estatal y la amenaza de la COVID, ha sido el gestor  de este gran triunfo del candidato popular de la alianza política Apruebo Dignidad, Gabriel Boric. Victoria electoral, que podría tener una repercusión importante en América Latina y el mundo. No me sorprendería si Chile se convirtiera en la tumba del paradigma económico monetarista neoliberal.

La participación masiva de la juventud y de las mujeres fue determinante y decisiva en las recién pasadas elecciones presidenciales. Gabriel Boric con sus 35 años se convertirá el 11 de marzo del 2022 en el Presidente más joven de la historia de la República de Chile. Es decir, que serán los bisnietos y tataranietos del Presidente Salvador Allende los que tendrán la posibilidad de convertir las hermosas Alamedas en los caminos por donde transite el hombre libre. Pero para lograrlo, Gabriel Boric tiene la titánica tarea de garantizar que la gestación de la nueva constitución sea un proceso diáfano, directo y  sin compromisos politicastros, pues la nueva carta magna es la condición sin la cual no será posible cambiar el carácter y la estructura del estado chileno. Además, tiene el deber de crear las condiciones político-sociales y económicas para que la nación Mapuche y el pueblo chileno puedan vivir y convivir en bienestar y dignidad.

En fin, Gabriel Boric tiene la oportunidad de tomar a los “Chicago Bulls Shit” por los cuernos   y abolir las  “Administradoras de Fondos de Pensiones” (AFP), garantizar la educación pública y un sistema único de salud  y hacer de Chile un país mejor, más justo y más soberano.

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Roberto Herrera
Roberto Herrera
Columnista y analista de ContraPunto. Salvadoreño residente en Alemania. Ingeniero graduado en electrotecnia, terapeuta ocupacional independiente con especialidad en pediatría y neurología. Narrador y ensayista.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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