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sábado, 04 de diciembre del 2021

La búsqueda

Un cuento que trata sobra la decisión que de que cada hombre y mujer debe tomar una vez en la vida, sin importar la edad

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Amigos, los mejores deseos.
Esta vez me atrevo ofrecerles algo diferente, una lectura para la simple distracción. Algo necesario en esta ajetreada vida.
Espero la disfruten:

Se acerca la madrugada y la fiesta llega a su fin, entre los alegres agasajados se encuentra Pablo que ha finalizado sus estudios de bachillerato; ya no quedan invitados y sentado ante la mesa vací­a que acomodo a doce comensales, toma un suspiro y su mente se enfoca en lo que está por venir: a sus diez y siete años aún no decide el rumbo que su vida debe seguir.

Sus padres lo exhortan a estudiar las carreras de medicina o abogací­a como su padre y su tí­o; pero a él no le atraen estas profesiones. Su maestro en cambio le aconseja que si su deseo es triunfar en la vida debe encontrar la vocación que le permita realizarse y ser feliz.

Las preferencias de Pablo son por las letras y la literatura, ocupación que sus padres le aseguran no tiene futuro económico en un paí­s en donde nadie lee; es así­ como su decisión se dilata y lo que menos Pablo desea es defraudar a quiénes les debe en gran parte lo que hasta hoy ha logrado.

Como regalo de graduación pide ir a visitar a sus abuelos quiénes viven a orillas del rí­o La Pasión en la selva de Petén, un bello lugar bastante alejado de la civilización en donde la cercaní­a con la naturaleza trae a la memoria de Pablo dí­as felices de su infancia”¦

En casa lo despide su padre y hasta la terminal de buses lo acompaña su madre. Las cuatro de la mañana marca el reloj cuando desde la ventana del bus Pablo se despide de ella en medio del tráfico, el polvo y el bullicio de las vendedoras en la terminal.

Al dí­a siguiente Pablo se despierta al escuchar el chisporroteo de la leña que se quema, calienta la marmita y los cómales de barro de los que se desprenden el olor de los plátanos, los frijoles negros que se cuecen, el de los huevos fritos y el del maí­z al dorarse las tortillas. Salta de la cama va a dar un beso a la abuela quien está preparando los alimentos y a su abuelo quien observa el paisaje sentado en la mecedora junto a la puerta.

Minutos después desayunan y el resto de la mañana acompaña a los abuelos ayudándolos en las labores propias del campo.

Al  medio dí­a bajo la sombra de la Ceiba centenaria al frente de la casa disfrutan del almuerzo, de entrada, una rica sopa de tortilla, luego gallina y elotes asados acompañados de vegetales recién cortados del huerto y de postre la abuela sirve ricas frutas de estación: bananos, piña, sandí­a y papaya.

La sobremesa se extiende poco más de media  hora y los abuelos le aconsejan que en decisiones sobre su futuro, siga  siempre su instinto, pues su vida solo él la va a vivir. Cerca de la una de la tarde los ancianos se retiran para hacer la siesta y Pablo como se los anunciara se encamina al rí­o en donde lo espera su sitio preferido.

Camina a lo largo de unos mil metros de vereda polvorienta, rodeado de la exuberante selva tropical humedad, cuya temperatura perla su frente y a medida que avanza; el calor le impulsa a  despojarse de la camisa con la que seca el sudor de la frente.

Continúa  avanzando hasta que delante de él en el rí­o y en medio del peñascal destaca su roca favorita la que parece estarle esperando. Se descalza y entre piedras, arena y agua camina hasta ella, sube al enorme peñasco y desde lo alto de pie rodeado de la naturaleza y sus sonidos; respira profundo y una sonrisa se dibuja en su rostro: el ancho rí­o, la agreste vegetación y las aves que surcan el cielo casi sin nubes son el marco de  aquella tarde que comienza.

Se sienta deja su camisa y zapatos a un lado y su respiración se acompasa con la magia de la naturaleza, la brisa enfrí­a el sudor que corre por su cuerpo; cierra los ojos y respira  cada vez más profundamente”¦ El canto y el aleteo de las aves, sumado al  de la música del rí­o que correr sobre el lecho rocoso, son las armoní­as  que lo envuelven.

Más tarde él se ve sentado en la cima de la roca y ve el rí­o ensancharse hasta casi perderse en el horizonte, el verde de la vegetación, las garzas blancas, los tucanes y el astro rey se suma a la escena que ve. Medita profundamente”¦ el tiempo trascurre, el sol desciende refrescando el ambiente.

De pronto”¦ abre los ojos  y frente a él está de pie una indí­gena de sonrisa cautivadora, de estatura media, cabello negro largo con una trenza entrelazada con listones rojos y blancos que cae a un costado de su pecho y que hace juego con el tocado que luce, viste blusa blanca sobre la que brilla la plata de llamativos “cháchales” pendientes de su agraciado cuello; viste  además una falda ricamente bordada con motivos en color rojo.

¡Pablo  no la escuchó llegar! Sintió la presencia de alguien y sus ojos se encontraron con los de ella, quién sin mediar palabra inclino su cabeza y  extendió hací­a él los brazos ofreciéndole el cofre de madera que en ellas lleva; sin dejar de verla a los ojos y en silencio como autómata Pablo extiende sus brazos y recibe el cofre”¦ baja la vista para mirarlo y  aprecia la fina madera y el tallado que muestra los sí­mbolos de los dí­as mayas o naguales cubriéndolo por completo; una ráfaga de viento en su rostro le hace levantar la vista de nuevo y la joven indí­gena ha desaparecido.

La respiración de Pablo se agita, no hay señales de la joven y él sostiene el cofre; el sol cae ya sobre la cresta de los árboles y sus rayos casi naranjas se reflejaban sobre el agua cristalina.

¿De dónde y cómo apareció y desapareció esa joven”¦ y qué significado tiene este cofre? Se pregunta sin atreverse a contestar.

Pablo  examina el cofre con detenimiento y encuentra que entre los naguales tallados algunos sobresalen de los otros, nota además que en el cofre no  se distingue una tapa como tal.

La Cruz Maya de AQ”™AB”™AL está en el cofre la de su fecha de nacimiento es la que dibuja en el cofre”¦

TZ”™IKIN

NO”™J AQ”™AB”™AL TOJ

B”™ATZ”™

¿Quizá  una combinación correcta al mover los naguales lo abrirá?, pero ¿Cómo? Volvió la vista al cielo en busca de una respuesta y ve al sol como una inmensa bola naranja que se oculta en el oriente. Vuelve los ojos al cofre y decide seguir lo que le parece lógico: dirige la cara principal hacia el este quedando las otras caras coincidiendo con los otros puntos  cardinales; observa detenidamente la tapa y en ella identifica a AK´BA´L su nagual de nacimiento el que sobresale en el centro y lo empuja hacia el interior, este se hunde quedando un tanto más bajo que el resto de los nahuales. Trata de hacer lo mismo con el glifo de TZ”™IKIN la cara que da al oeste, pero no se mueve, después de unos segundos lo corre a la derecha y suavemente y cede. Dirige la vista a la  cara este y en ella encuentra a B´AT ´S, no se mueve ni hacia dentro, ni hacia a fuera, pero al empujarlo hacia la izquierda este salta hacia delante. NO´J en la cara norte es girado a la derecha y salta, en la cara sur el glifo TOJ es girado hacia la izquierda saltando hacia el frente; al mismo tiempo, se escucha el sonido de una cerradura al abrirse CLACK y la tapa del cofre se levanta, sin abrirse.

Pablo esta tenso. Por un instante desea no estar solo, pero también está consciente de que la razón de estar allí­, él la buscó con el fin de conocer que camino debe seguir en su vida. Un escalofrí­o recorre su cuerpo.

Conocedor de las leyendas y tradiciones de su pueblo, confí­a en que lo que está viviendo le llevará a conocer la respuesta a sus dudas.

Respira profundo”¦ siente el latir de su corazón y se dice: “”Debo abrir el cofre”¦ y coloca su mano derecha sobre la tapa. Un inesperado revoloteo y trinar de aves sobre la copa de los árboles, lo obliga a volver la vista hacia lo alto. Sonrí­e al ver las bandadas de aves sobre el cielo naranja y gris del atardecer y esto lo calma, además, de parecerle bello el paisaje lo siente como un buen augurio, y sin esperar un instante más levanta la tapa y en su interior encuentra “una pluma de águila”

Es así­ como Pablo interpreta que la respuesta a su destino es la de seguir la vocación de ser escritor.

FIN.

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Ernesto Panamá
Columnista de ContraPunto, Escritor salvadoreño; Máster en Edición, con 13 obras publicadas
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