viernes, 17 mayo 2024

La batalla cultural de López Aliaga: Miraflores, de distrito cultural a distrito político

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«“Basta con estos museos de la memoria” fuerte y alto lo dijo Aliaga en la Huaca Pucllana. Si alguien en la derecha de Perú ha leído “Batalla Cultural” de Agustín Laje, parece que ese es Aliaga»: Hans Herrera - LEA: https://www.contrapunto.com.sv/la-batalla-cultural-de-lopez-aliaga-miraflores-de-distrito-cultural-a-distrito-politico/

Por Hans Alejandro Herrera Núñez


“Basta con estos museos de la memoria (…) No más ojos que lloran” fueron algunas de las palabras del nuevo alcalde de Lima, López Aliaga en la ceremonia de juramentación del alcalde de la comuna de Miraflores. Sus palabras abren un nuevo frente, está vez por el lado más importante para la izquierda peruana: el del control de la narrativa de la memoria e historia del Perú.

“Lograr que un empresario de éxito [como es Carlos Canales] se involucre en un trabajo que no tiene fin, que es la política, es un orgullo” fueron las palabras del alcalde del ayuntamiento de Lima, Rafael López Aliaga, en la jura del cargo al alcalde del distrito limeño de Miraflores, Carlos Canales, el pasado viernes. En lo que pudo ser otra ceremonia aburrida de jura de cargos, López Aliaga dejó claro que su gestión sería todo menos aburrida desde una perspectiva política.

El político de derecha y actual alcalde de una de las ciudades más pobladas e importantes de Latinoamérica, López Aliaga, marca en las arenas de Lima una línea en un país cada vez más marcado por las diferencias políticas, en esta oportunidad, referente a la cultura y su relación con la política.

Miraflores es el distrito turístico por excelencia de Lima, gran parte del sector turístico se encuentra en este pequeño distrito que mira al mar. Pero también es el distrito con mayor oferta cultural de todo el Perú, desde librerías, teatros, galerías de arte y demás espacios. Miraflores es el espacio donde se mueve la cultura peruana.

“Si tengo a Carlos Canales en Canatur no necesito ministro de cultura” dijo López Aliaga, quien es uno de los más voceados presidenciables. En las elecciones de 2021 quedó tercero y a solo unos miles de votos de ir a la segunda vuelta con Pedro Castillo.

Estuve en la Huaca Pucllana, un centro arqueológico piramidal en plena ciudad. Un pésimo lugar para ir con zapatos lustrados. Frente a la pirámide escalonada unas mil personas se reunían a la luz de la luna para la jura del nuevo alcalde distrital de la comuna de Miraflores, Carlos Canales, ex directivo del poderoso gremio turístico peruano, CANATUR, la industria más importante después de la minería en Perú. Era un viernes en la noche y el lugar estaba lleno de hombres con traje de diseñador y señoras de collar de perlas.

Lo que parecía un evento aburrido del cual no pensaba escribir nada, se volvió interesante cuando empezó a hablar el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga. Si hay alguien que sabe comunicar, aunque sea inconscientemente en la derecha peruana, ese es López Aliaga. Habló de los 18 meses de pesadilla que fue el gobierno de Castillo, la cual calificó de “Naúsea”, mientras denunciaba ese discurso de odio que traía ríos de sangre. “Es en base al amor que se sale adelante” mencionó Aliaga en contraposición al discurso de conflicto que se vive en el país.

Aliaga tampoco olvidó mencionar su slogan que le dió la victoria como alcalde de Lima, el de “Lima potencia mundial”. No negaré que es un slogan que me genera cuando menos gracia. Pero visto con mayor profundidad, eso que parece una exageración no es tan ridículo como se pensaría. Leonardo Polo decía que para pensar hay que pararse a pensar. Y ahora que me paro a pensar, ese slogan ofrece algo más en el inconsciente de los limeños, algo que prácticamente no tienen más allá de su comida, y es el orgullo. Lo que suena jactancioso en realidad es una puesta en valor de la ciudad de Lima, pero también es el orgullo y el hambre propia de las clases medias emergentes de ser alguien. Ese es un acierto de comunicación novedoso en la política peruana.

Pero vayamos a lo polémico de la noche.

Basta con estos museos de la memoria” fuerte y alto lo dijo Aliaga en la Huaca Pucllana. Si alguien en la derecha de Perú ha leído “Batalla Cultural” de Agustín Laje, parece que ese es Aliaga. “No más ojos que lloran”, continuó diciendo entre aplausos. “Coordinemos con el Ministerio de Cultura para que esto [el Museo de la Memoria] sea administrado por el Ejército del Perú y la embajada de Alemania”.

Para aclarar, el Museo de la Memoria es un museo que se encuentra en la comuna de Miraflores y que está enfocado a los hechos acontecidos durante la época del terrorismo en Perú (1980-1997). Se acusa, y no sin razón, que dicho museo que es del Estado muestra los hechos de ese periodo con un sesgo ideológico. Es cierto que dicho museo exhibe muestras de arte que denuncian los abusos del Estado en dicho periodo, pero es innegable que existe una narrativa más inclinada a proponer una imagen crítica a las fuerzas armadas de Perú antes que darles un espacio desde el arte de réplica a dichas instituciones, que por otra parte también murieron en defensa de la República y los derechos humanos. El papel del Ejército peruano es muy controversial y no se puede reducir a una perspectiva unidimensional de culpabilidad. Cabe resaltar que ya se ha mostrado el sesgo de parte de los mismos guías en alguna oportunidad, de modo que lo que propone Aliaga es factible. A diferencia del resto de la derecha peruana que busca más el cierre del museo, el alcalde de Lima propone que el Museo de la Memoria siga existiendo pero de manera menos ideológica y más histórica. Sin embargo no se puede ni se debe poner a militares en la gestión de dicho museo pues politizaría aún más la situación del museo, cuando el propósito debería ser despolitizarla, pues la Historia es eso: Historia, y no política. Más bien los militares podrían ofrecerse en papel consultivo en cuanto a fuentes históricas antes que en comisarios culturales, porque insisto, ofrecerles la dirección y curaduría de un museo tan estigmatizado cómo este solo problematizaría más el asunto y colocaría a los militares, quieran o no, bajo el papel de censores, y eso afectaría a la institución. Y para los militares por encima de museos escandalosos que nadie visita estará siempre la institución.

Por otra parte, la propuesta de Aliaga es buena, porque da un papel de importancia a la vida cultural limeña que desde hace veinte años está monopolizada por la izquierda liberal. Esto podría significar llevar la dialéctica a una batalla cultural en medio de un país que se rompe (esta semana continúan las protestas en el sur del Perú). Ahora dependerá del alcalde de Miraflores las coordinaciones para hacerlo efectivo. Como estrategia, llevar la dialéctica política al campo cultural podría ser el mayor acierto de la miope derecha peruana hasta ahora, porque como postula el argentino Laje, es en el campo cultural, ganado desde hace años por la izquierda, dónde se forman las consciencias de los jóvenes que desarrollan la legitimidad de las narrativas que las tiranías de turno ofrecen.

Si la memoria histórica del Perú es bastante convulsa, la memoria política es una conveniente amnesia de silencios. Aliaga recordó a uno de esos políticos que formaron parte de la historia reciente de Lima, me refiero al ex alcalde de Lima Castañeda Lossio. Aliaga tuvo una estrecha relación política con el ex alcalde de Lima, a quien el pasado viernes recordó de manera muy afectuosa. “No te acostumbres a que la pobreza sea parte del paisaje” mencionó Aliaga recordando una conversación que tuvo con Castañeda cuando este, a pesar de estar enfermo de cáncer de los huesos, se encontraba caído en desgracia y en prisión. Aliaga no ha querido nunca desligarse de una figura políticamente cuestionada cómo fue la de Castañeda, fallecido hace poco y olvidado políticamente antes de morir. Esa actitud de traerlo de vuelta a la vida con un recuerdo de gratitud y estima habla muy bien del polémico Aliaga. En una casta política como la peruana que recuerda más a una jauría de hienas, la actitud de Aliaga es algo extraña, será porque tiene algo que pocos políticos en la derecha e izquierda peruana tienen ya: humanidad.

“Lo fui a visitar a prisión. Estaba solo. La soledad del poder un 28 de julio”. Mencionó.

Si algo es clásico en la historia política peruana, es que rápidamente se olvidan unos a otros. Cómo diría el poeta romano Petronio: “la amistad dura lo que conviene”. Por eso oír qué se recuerde a alguien que políticamente ya no es útil, eso es algo que me conmovió porque no lo esperaba de un político. Tal vez podamos esperar nuevas sorpresas de Aliaga, solo el tiempo nos dirá qué.

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Hans Alejandro Herrera
Hans Alejandro Herrera
Consultor editorial y periodista cultural, enfocado a autoras latinoamericanas, Chesterton y Bolaño. Colaborador de ContraPunto
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