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domingo, 16 de mayo del 2021

La autoridad

La verdadera autoridad no suele necesitar de nada más. Cuando se tiene, se proyecta por sí­ sola en nuestra cercaní­a con los hijos

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Al plantear así­ este aspecto de la relación padres ““ hijos, se tiende a observar el mismo desde los ojos de la sociedad, en general, para quien los conceptos de autoridad y poder en el ejercicio de la paternidad están muy relacionados entre sí­, de tal modo que suelen confundirse. Nada más lejos de la realidad; los padres deben ser las figuras de autoridad en el hogar, pero entendiendo por autoridad como la suma de una serie de conceptos que siempre infunden respeto, y a la vez confianza y seguridad; nunca temor. Autoridad es conocimiento, es sabidurí­a; autoridad es experiencia, es serenidad, es equilibrio; autoridad es, sobre todo, razón. Poder es simplemente la capacidad de mando que se tiene en función de una JERARQUíA, o de unos intereses creados; no de una autoridad. Cuando se mezcla el poder con la autoridad, ésta se convierte en autoritarismo, y tiende a desvirtuarse, a disolverse, a perder el contenido racional que por sí­ sola tení­a.

Por ejemplo, la expresión tan frecuente de “porque lo digo yo”, o: “porque soy tu padre”, serí­an innecesarias cuando se tiene verdadera autoridad, y lo único que se consigue con ello es sembrar la duda de si realmente tenemos razón, o simplemente estamos aplicando el poder jerárquico. Cuando se aplica el poder que da la jerarquí­a, sin ni siquiera tener razón (autoridad), se cae en el despotismo, y la verdadera relación familiar desaparece, quedando como único ví­nculo, precisamente el temor que se infunde con ello, ví­nculo que, lógicamente, tiende a romperse a partir de la adolescencia, cuando los hijos se empiezan a sentir con suficiente capacidad para ello.

La verdadera autoridad no suele necesitar de nada más. Cuando se tiene, se proyecta por sí­ sola en nuestra cercaní­a con los hijos, y ellos siempre saben reconocerla en el fondo, aunque, debido a su inmadurez, a veces tengan conductas irracionales que tiendan a no respetar esa autoridad. En esos casos puede ser válida alguna acción impactante de mando, siempre que sea puntual, proporcionada, y muy ocasional, quedando claro que la intención que se tiene con ello es marcarles los lí­mites del camino a seguir, y que se aplica únicamente por su negativa a entender la razón. Ellos sentirán seguridad, sentirán una referencia clara en nosotros, sentirán”¦ autoridad.

A veces, incluso, retan nuestra autoridad no necesariamente porque la cuestionen, sino que inconscientemente están poniendo a prueba la seguridad que tenemos en nuestros criterios. Aunque parezca que tratan de desestabilizarnos, en el fondo es al contrario; subconscientemente tratan de que mostremos firmeza en nuestra autoridad, por lo mismo que mencionaba antes; ello les da estabilidad, confianza, seguridad de que somos una fuerte referencia para ellos.

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