spot_img
spot_img
jueves, 06 de mayo del 2021

La atrevida

Advertencia: En la siguiente columna se habla de acoso/abuso sexual. El contenido puede ser detonante para personas sobrevivientes.

Lo hiciste de nuevo, Centro América. En una época en dónde el acoso sexual es altamente condenado, especialmente en redes sociales (no importa si eras un productor multi-millonario de Hollywood), una época donde el “Me Too” está en boca de todxs. Centro América, lo hiciste otra vez. Te quedaste en la prehistoria y en la vergüenza (para variar), de enseñarle al mundo que tus hombres y mujeres son vulgarmente machistas y proteccionistas de los abusadores.

Mientras aquí­ se crean memes, burlas, y una ola viral de bullying ataca a una chica que querí­a denunciar el acoso callejero (en lugares “seguros”); en otros paí­ses sí­ se están tomando en serio los relatos de las mujeres.

Y todo lo quieren atribuir al “contexto” del video. Pero retrocedamos un poco, y déjenme explicarles cómo funciona el acoso callejero (porque yo lo he vivido en carne propia y nadie me va a dar paja, Jorge).

El acoso callejero lo inicia una mirada. Una mirada lasciva y no solicitada. Una mirada, acompañada de un gesto con la boca, con las mejillas “Uuuhhmmmmm”, y algunas palabras “inocentes” utilizadas de manera asquerosa e intimidante “Adióooos (mi amor, ¿para dónde va? ¿Por qué tan solita?, ay que chulas esas piernotas, ¿cuándo hacemos un hijo?)” Ah no, pero la tipa estaba loca por no aceptar el saludo.

Y ustedes ven a un dulce y tierno vigilante alegando en el video, defendiéndose. Ven a una mujer siendo “maleducada”, porque la mayorí­a no ejercita la empatí­a y no se imagina lo que pudo pasar antes. El acoso es tan INSTANTíNEO e imprevisto, que una no puede andar grabando en la calle 24/7 esperando a que los tipos le digan asquerosidades, ¿verdad?, usemos el sentido común, este caso lo amerita.

Aquí­ está el contexto que YO he vivido, y por lo cual, me he tomado la libertad de escribir esta columna. Me estoy tomando la libertad de hablar por una mujer que no tuvo la capacidad comunicativa de defenderse de manera apropiada, porque quiero mostrar el lado de nuestra historia (de las que denunciamos/condenamos el acoso callejero en todas sus formas, colores y sabores).

El video es MUY claro: ella estaba sola, y era de noche. Ya esos dos factores determinan TODA la interacción, porque yo, ya he estado sola y de noche en el parqueo de algún lugar. Yo, ya he trotado con las llaves listas para entrar a mi carro y ponerle seguro. ¿Por qué?, porque recuerdo ví­vidamente las historias que me han contado. Una señora de 50 años violada por dos sujetos en el estacionamiento de un centro comercial. Una chica que fue secuestrada mientras se dirigí­a a su auto en otro centro comercial. Historias que no llegan a los periódicos, pero sí­ llegan a oí­dos de nosotras, las que tenemos la amiga de una amiga, la hermana de una amiga.

Imagí­nense salir de un lugar y dirigirte a tu carro, y que el tipo que se supone que está ahí­ para protegerte (porque no vivimos en Suiza, la delincuencia y el abuso en Nicaragua y El Salvador son LATENTES) te diga “adiós” de manera lasciva, buscando incomodarte. ¿Qué hacés? Apresurás el paso, te metés a tu carro, y le pones el pie al acelerador.

Pero ella no, ella se atrevió a denunciar. ¿Con lenguaje inapropiado? Sí­. ¿Pudo hacerlo mejor? Sí­. Pero nada justifica la tortura pública. ¿Es el contexto del video motivo suficiente para no creerle, humillarla y hacerle cyber-bullying internacional? ¿QUÉ? Ah, claro, es que hay que defender al pobre, inocente cristiano, que sólo estaba haciendo su trabajo.

Por favor no seamos ridí­culxs. Las mujeres no nos pasamos la vida pensando que todo es una telenovela, mintiendo por atención. Es absurdo que no nos permitan estar enojadas por ningún motivo, porque eso es lo que yo me llevo del video: la chica estaba enojada y su enojo es un reflejo de nosotras y la sociedad en que vivimos. Estamos enojadas y cansadas de tener miedo, de estar siempre listas para lo peor. Cansadas y hartas, y ya no vamos a callarnos.

Avatar
Nicole Membreño
Columnista / Femenista

Últimas columnas