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jueves, 18 junio 2026

Julieta Venegas ilumina San Salvador. Una noche íntima y poderosa (Fotos y Videos)

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Por Zarko Pinkas-Ramírez. Fotos: Félix Meléndez.

Hay canciones que no vuelven para recordarnos el pasado, sino para mostrarnos que ya no somos quienes lo lloraron.Al escucharlas de nuevo, no regresa la herida: regresa lo que hemos aprendido a dejar ir.

Hay canciones que quedan atrapadas en la memoria como fotografías que nunca terminan de secarse. Para mí, “Andar conmigo” siempre fue una de ellas. La escuché por primera vez cuando era joven y se la dediqué a una novia que también se llamaba Julieta, allá por los años 2000 o 2001. Éramos dos muchachos enamorados frente al lago Atitlán, en Guatemala, donde esa canción sonaba como una promesa sencilla y luminosa. Pero la vida —que es más honesta que uno mismo— terminó por desgastar esa relación hasta dejarla en silencio.

Años después, recuerdo con exactitud el día en que dejé Santiago de Chile tras una ruptura dolorosa. Mientras esperaba el avión, esa misma canción volvió a sonar en el aeropuerto. Era como si la música sellara la despedida, como si la Julieta real —no la mía— pusiera el punto final a una historia que ya no daba más.

Han pasado casi veinticinco años desde entonces. Y hoy, escuché a plenitud a la cantautora mexicana en San Salvador, en un concierto íntimo en el Museo MARTE. Una especie de círculo que se cierra sin ruido, sin dramatismos, solo con la madurez que llega cuando el tiempo ha limado las heridas, y uno puede escuchar la misma canción sin que duela.

El espacio era pequeño —quizá demasiado pequeño para una artista de su estatura— pero perfecto para observar de cerca una forma de madurez musical que no necesita estridencias. Julieta ya no es la muchacha tímida del acordeón: hoy es una compositora que habita su voz con la serenidad de quien ha aprendido que la profundidad no necesita volumen.

Cambió de instrumentos con naturalidad, desplegó oficio y sensibilidad, y confirmó que su propuesta sigue siendo un territorio de calidad inquebrantable. No es posible compararla con Violeta Parra —lo incomparable no se mide—, pero sí se puede afirmar que Julieta Venegas posee algo que solo los artistas verdaderos sostienen: una coherencia estética que atraviesa generaciones.

El concierto, que inició con temas de su álbum del 2022 Tu historia —entre ellos “Dime la verdad” y “Caminar sola”—, asentó esa intimidad cálida que ella domina. En espacios así no hay trucos: todo depende de la voz y del gesto, y Julieta lo sabe.

Luego llegaron los temas que todos esperaban: “Nostalgia”, “Andar conmigo”, “Me voy” y “Limón y sal”. La audiencia cantó con una alegría imperfecta, casi infantil. La masa mezcla las voces, pero Julieta no canta para la masa. Ya no. Canta para el individuo, para la emoción personalísima que cada quien guarda de sus canciones. Aunque todos coreen, su interpretación apunta a otra cosa: a lo íntimo, a lo que uno lleva por dentro.

Ese feminismo luminoso, nada confrontativo, permite que cualquier persona —hombre, mujer, pareja, amante— entre sin fricciones. Sus canciones no expulsan, convocan. No son consignas; son refugios.

Entre canciones agradeció, mencionó al país y celebró el encuentro. Nada extraordinario y nada propagandístico como Bjork o Annie Lennox , como debía ser. A los artistas se les pide música, no diagnósticos, y esta noche era exclusivamente para eso.

El cierre llegó cuando aún se pedía otra canción, pero su despedida fue clara, cálida, como una firma de autógrafo: ya no más. Fue un momento casi suspendido, donde su voz pareció volver a mis veinte años, pero sin dolor, sin nostalgia incómoda. Solo con la sensación simple de que el tiempo reescribe todo. Julieta, más madura, demuestra que seguirá presente en muchas historias de amor y de decepción: como una canción que ya no hiere, pero que acompaña.

Julieta Venegas. Foto de Félix Meléndez.
Julieta Venegas. Foto de Félix Meléndez.
Julieta Venegas en concierto en El Salvador.
Julieta Venegas en concierto en El Salvador.

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Zarko Pinkas-Ramírez
Zarko Pinkas-Ramírez
Periodista y publicista chileno. Egresado de Magíster en Ciencias Políticas de la Universidad de Chile y licenciatura en Periodismo y Comunicaciones de la Universidad Centroamericana, José Simeón Cañas.

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